¿Otra vaca lechera?

NEUQUÉN

HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

En el gobierno parecen haber recuperado el optimismo. Después del bajón que significó el prolongado paro docente de comienzos de año y el consecuente malhumor de la sociedad, y luego de la accidentada interna del MPN, en la que Sapag le sacó el cuerpo al enfrentamiento facilitando de hecho la reinstalación de Sobisch, las perspectivas parecen ir mejorando. Para avalar esta lectura, en las esferas oficiales esgrimen los siguientes argumentos: en los sondeos oficiales la imagen y la intención de voto del gobernador se mantienen en niveles aceptables; el acuerdo de refinanciación de deudas con Nación, algo que permitirá diferir en el tiempo los vencimientos de la deuda, estaría próximo a sellarse, y el precio del gas, esa variable fundamental para la economía local, tiene buenas perspectivas de mejorar a través de un acuerdo que fije para el fluido no convencional un valor “cercano al internacional”. Por las dudas, el gobierno encara su propia refinanciación de deudas con la emisión de 200 millones de dólares en Ticap (Títulos de Cancelación de Pasivos), unos bonos destinados a dilatar los plazos de vencimiento de la deuda. Una emisión que, se supo esta semana, el gobierno intentará incrementar en 50 millones de dólares para hacer obras. Por si acaso, Sapag prepara también un proyecto de ley para flexibilizar los plazos del acceso al crédito previstos en el presupuesto. Como se ve, el gobernador se cubre las espaldas al asegurarse de que en el peor de los casos contará con recursos suficientes como para encarar, desde una posición de relativa fortaleza, el año electoral que se avecina. En este esquema, el gas no es un aspecto más sino que es el eje del proyecto sapagista para el año que viene y –si la fortuna lo acompaña–, para otro período de gobierno. No por nada Sapag anda pregonando en cuanto acto le toca presidir que la provincia está en vísperas de un nuevo, trascendental descubrimiento en materia de gas, equivalente a “varios Loma de La Lata”. Por lo que trasciende del entorno de Sapag –y confirman fuentes empresarias–, los yacimientos de gas no convencionales de arenas o arcillas compactas ocuparían buena parte del subsuelo de la meseta, y serían de una magnitud “superior a la de los yacimientos marinos, recientemente denunciados por Brasil, en aguas profundas”, sencillamente porque su costo de extracción, aunque mayor que el del gas convencional, “sería sensiblemente más bajo”. Este yacimiento, al que se califica de “el primero de nivel internacional en muchos años” y que según se dice permitiría elevar el horizonte de las reservas a “50 ó 60 años”, sería anunciado antes de fin de año por las empresas involucradas: Apache, YPF, Pluspetrol y, una vez instalada en la provincia, la número uno del mundo, la estadounidense Exxon. Si algo le faltaba al gobierno en este plano era cerrar el acuerdo con Nación por el precio de ese gas –de otra forma las empresas no invertirían los 1.500 millones de dólares que anunció Sapag–, pero por lo visto eso también está: el viernes pasado, en el aniversario de Cutral Co, el gobernador le puso fecha a la firma del acuerdo con el gobierno nacional. De todas formas, como para que nadie gaste demasiado a cuenta, Sapag aclaró que este vuelco en los ingresos será gradual, tomará una década, pero igual admitió que las regalías comenzarán a incrementarse en lo inmediato. De confirmarse tanto vaticinio optimista, se podrá corroborar una vez más que, por suerte o por desgracia, ésta es una provincia rica: cuando parece que se acaba todo, surge una nueva vaca lechera. De la misma manera, se podrá ver que este gobierno no difiere mucho de sus antecesores: todos ellos emitieron bonos para patear la pelota hacia delante; todos vivieron de los hidrocarburos y no se preocuparon demasiado por crear otra matriz productiva con los recursos no renovables; y todos ellos tuvieron, qué duda cabe, buena suerte. Si el petróleo, la suerte y cierta estrechez de escrúpulos han sido tres ingredientes necesarios de la “pax emepenista”, el cuarto es una oposición dividida y funcional a las necesidades del partido hegemónico. Por lo pronto en el radicalismo, cuyo candidato lidera la experiencia frentista opositora al MPN en el principal municipio de la provincia, no todas son rosas. El sector de la UCR, que encabeza el candidato electo, Martín Farizano, entiende que el triunfo de su referente frente a Quiroga introduce un nuevo perfil partidario, y que consecuentemente deben establecerse los programas y las alianzas. En ese contexto, exige renovar en término el mandato de las autoridades actuales, que vence en diciembre próximo. Pero como el otro sector, mayoritariamente quiroguista que controla el comité provincia, resiste esta lectura, los farizanistas reunieron el sábado 16 a la Convención y la facultaron para que convocara ella misma a internas en plazo perentorio. Por ahora, tal llamado no se materializó, y el sector afín a Quiroga salió a decir que el comité se reunirá el 30 para fijar fecha de elecciones, posiblemente para febrero. Tal hipótesis dilataría la posibilidad de que Farizano establezca acuerdos con el PJ, Une y las restantes fuerzas de la coalición capitalina. Es que los quiroguistas, que impulsan a su jefe para la intendencia de Neuquén, han puesto en un cono de sombra al candidato a gobernador de su partido y sugieren que su política de alianzas se da de narices con la de la UCR a nivel nacional. Pero para la gente de Farizano, Neuquén es un caso específico, y el camino para torcer el brazo al MPN pasa por una alianza amplia que Quiroga fue y es incapaz de plantear. Como además desde las huestes del ex intendente se agita la posibilidad de que éste vaya por afuera del partido si no le dan lo que quiere, los farizanistas dan por descontado que Quiroga no confía en sus posibilidades de ganar la interna y por eso subordina el destino de la UCR a su “ambición personal”. Insinúan que el diputado nacional se ofrece ante el MPN como “cuña para dividir a la oposición”.


HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

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