Otra vez la pesadilla de los cortes



Análisis

La presidenta Cristina Fernández, en su discurso del pasado 25 de mayo, hizo un extraño y sorprendente reconocimiento: “Somos un gobierno que nos hemos hecho cargo del costo político de no reprimir a un solo argentino porque corta la calle”. De esta manera anunciaba a los cuatro vientos que todo aquel que cortara rutas o puentes podía ejercer esta forma de protesta con toda tranquilidad, puesto que el Gobierno no pensaba llevar a cabo ninguna actuación disuasoria. Un modo inequívoco de alentar este tipo de comportamientos. No debe existir un solo precedente en la historia mundial de un presidente que hace una convocatoria pública a que los ciudadanos incumplan con la ley y cometan delitos. Generalmente, las autoridades públicas son las primeras en exhortar al cumplimiento de las normas y evitar que los ciudadanos se tomen la justicia por mano propia. Pero como Argentina se ufana de ser “un país en serio”, hacemos las cosas justamente al revés. Tal vez un modo entretenido de hacerle difícil el trabajo a los investigadores sociales extranjeros que luego se rompen la cabeza tratando de entender comportamientos tan esquizofrénicos. Las irritantes consecuencias que se derivan de la metodología extorsiva del corte de rutas y puentes no es necesario explicarla porque las conocen de sobre quienes la sufren a diario. Lo que resta por explicar es a qué se debe que mientras el senador Pichetto llama a terminar con la cultura de la acción directa, la presidenta de su partido invita a seguir transitando por este camino. Toda una muestra de la ensalada ideológica que contiene el Frente para la Victoria.

aleardo f. larÍa aleardolaria@rionegro.com.ar


Comentarios


Otra vez la pesadilla de los cortes