Otro pilar que se deteriora



Néstor O. Scibona

El superávit comercial del 2013 será el más bajo de toda la era kirchnerista. Según coinciden las últimas estimaciones privadas, la balanza entre exportaciones e importaciones estará bien lejos del saldo favorable de 13.000 millones de dólares que calculaba originariamente el presupuesto nacional de este año. Ahora no se descarta que se ubique por debajo de los 10.000 millones. El primero en dar la voz de alerta fue el economista Miguel Ángel Broda, quien en su último informe mensual calculó para este año un superávit comercial de 8500 millones de dólares. Otro economista, Eduardo Fracchia, director del Instituto de Altos Estudios (IAE) de la Universidad Austral, prevé una caída del 30% con respecto a los casi 12.700 millones de 2012, que ubicaría ese saldo positivo en una cifra similar (u$s 8900 millones). Y Marcelo Elizondo (ex presidente de la Fundación Export-Ar y actual titular de la consultora DNI) también lo sitúa entre 8000 y 9000 millones. El deterioro del saldo comercial se veía venir en los últimos meses, a raíz del efecto combinado de una significativa desaceleración en el crecimiento de las exportaciones totales (subieron sólo 5% en el primer semestre) y el aumento de las importaciones (11%), especialmente de gas y combustibles a expensas de restricciones en otros rubros. Sin estas trabas oficiales, la suba de compras externas podría haber sido mayor, a la inversa de lo que ocurre con el estancamiento que muestran las exportaciones de manufacturas industriales (excluyendo automotores) y de economías regionales. En este comportamiento se incluye además el déficit de la balanza de servicios, donde pesa fuertemente el menor ingreso de turistas extranjeros y el notorio incremento de los viajes de argentinos al exterior. En este caso, porque el “dólar turista” (equivalente a $6,85) resulta casi 30% más barato que el dólar paralelo. De esta manera, comienza a aflojarse otra de las patas del “modelo” económico K tras la desaparición de los famosos superávits “gemelos” (fiscal y externo). En otras palabras, el gobierno de Cristina Kirchner gasta hoy más pesos que los que recauda y debe girar al exterior más dólares que los que ingresan. En rigor, el saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos (que, además de la balanza comercial, incluye el ingreso de divisas por inversiones externas y el egreso por transferencias o cambio de pesos al dólares), ya se había transformado en deficitario desde 2011, a raíz de la fuerte fuga de capitales que luego buscó ser frenada con el cepo cambiario. Pero si bien estos controles cerraron la puerta de salida de dólares para atesorar (en el país o el exterior), también hicieron lo propio con la puerta de entrada. Nadie se arriesga a ingresar divisas a un país que no le otorga la certeza de retirarlas. Así, el superávit comercial se convirtió en la única fuente genuina de ingreso de dólares, y ahora se está debilitando por varias causas. La más importante es del deterioro acumulado del tipo de cambio real frente al alza de costos internos provocado por la inflación. Pese a que el Banco Central aceleró en los últimos meses el ritmo de devaluación (a 25% anualizado en agosto), a lo sumo frenó ese deterioro sin lograr contrarrestarlo. De hecho, el dólar oficial en términos reales (descontado el efecto inflacionario) se ubica hoy prácticamente en el mismo nivel de 2001, previo al estallido de la convertibilidad. A ello se suma la persistencia de una brecha cambiaria del orden del 65% entre el dólar oficial y el paralelo, que alienta maniobras de subfacturación de exportaciones o sobrefacturación de importaciones. La diferencia queda en cuentas bancarias en el exterior. Como el BCRA también debe cursar pagos por deuda pública y privada, sus reservas ya cayeron 6600 millones de dólares en lo que va de 2013 (de 43.300 a 36.700 millones). Y la paupérrima adhesión al blanqueo, que en principio vence a fin de este mes, no permite prever ninguna recuperación significativa, contra lo que esperaba el gobierno de CFK. . Otro dato que revela el debilitamiento del superávit comercial argentino es su declinación con relación al Producto Bruto Interno medido en dólares. Un trabajo realizado por Elizondo (de DNI) revela que en 2013 equivaldrá a apenas al 1,84% del PBI, frente al 3,14% de 2010 (un año de alto crecimiento); al 5,44% de 2009 (un año recesivo) y al 12,4% de 2003 (cuando la economía comenzaba a salir de la crisis de 2001/2002 con un tipo de cambio real excepcionalmente alto). Además, el especialista destaca que sería la primera vez desde 2001 que el saldo comercial se ubica por debajo de los 10.000 millones de dólares. Desde otro ángulo, el informe de Broda resalta que el superávit comercial de 2013 “terminaría siendo similar al déficit de la cuenta turismo, que a su vez sería de una magnitud aproximada al déficit energético”. Como correlato de este diagnóstico, coincide con otros economistas en que después de las elecciones de octubre es muy probable un aumento sustancial del “impuesto al turismo” (que la semana pasada fue negado por el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray) o bien un desdoblamiento del mercado cambiario oficial que encarezca implícitamente la cotización para viajes y gastos en el exterior. Perspectivas poco favorables Para 2014 las perspectivas del superávit comercial no son mejores, ya que las estimaciones privadas muestran un descenso adicional. Aun con una mejor cosecha agrícola (si bien los altibajos de precios y el clima condicionan la próxima siembra de soja y maíz), Broda estima que el saldo sería de 4150 millones de dólares, pese a que el tipo de cambio oficial se ubicaría entre 6,10/6,30 pesos en diciembre de este año (con una devaluación de casi 25%) y alrededor de 7,65/7.75 pesos a fin del próximo (23% adicional). De ahí que vaticine controles cambiarios y restricciones a las importaciones para rato, a menos que surja un incierto plan económico para corregir distorsiones. Fraccia es aún más pesimista, al calcular un saldo comercial cercano a cero por estancamiento de exportaciones. Ambos coinciden en que el stock de reservas del BCRA podría ubicarse en torno de 25/26.000 millones de dólares a fin de 2014 y caer unos 10.000 millones adicionales a fin de 2015. Nadie prevé en este marco una apertura del cepo cambiario, por la sencilla razón de que sin un plan económico consistente podría disparar una corrida que deje sin reservas al BCRA. Probablemente, la estrategia oficial consista en “administrar” a cuentagotas el drenaje de reservas (en 2014 el gobierno debería pagar unos 3000 millones de dólares por el Cupón PBI) con el propósito de llegar a fin de 2015 con un stock del orden de los 15.000 millones, aunque en descenso. Con este escenario hipotético, la perspectiva no sería “explosiva”, pero sí preocupante: dejará al gobierno que suceda a CFK la pesada herencia de resolver las restricciones externas, un factor que históricamente ha condicionado el crecimiento económico de la Argentina.

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