¿Paga alguien?



El yerro presidencial que llevó a la comunidad judía local e internacional a evaluar erróneamente que con la aparición de 45 o 46 casetes – tarde, aclaró Néstor Kirchner que él sólo habló de “certificados de ruta” – se avanzaría en el esclarecimiento del atentado a la AMIA, puso al desnudo el desbarajuste en materia de seguridad que existe en áreas sensibles del Estado: la Policía, la SIDE y la vía federal de la justicia.

¿Quién paga? La pregunta martilleaba ayer en diversas oficinas gubernamentales, en el entendimiento de que el Presidente “se fue de boca” ante una información equivocada que le habría acercado un colaborador. Descartado el ministro Gustavo Beliz – a la misma hora en que Kirchner hacía el anuncio a Abraham Kaul y otras 34 personas, él estaba reunido con otras autoridades del Congreso Judío Mundial y nada les dijo de la sorprendente novedad -, las miradas apuntaron a “pingüinos”. Entre ellos, al secretario general de la Presidencia Oscar Parrilli (quien en la conferencia de prensa convalidó el testimonio del titular de la AMIA), a su segundo, Carlos Kunkel, de estrechos vínculos con José Campagnoli y al jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga.

La gafe que afecta la credibilidad de la máxima autoridad del país responde a la feroz interna entre la SIDE y la Federal. Los síntomas de desconfianza mutua son fácilmente detectados también en los graves episodios registrados el viernes pasado frente a la Legislatura porteña, que abrieron una crisis entre dos aliados: el jefe de gabinete Alberto Fernández y el intendente Aníbal Ibarra.

Entre los flamantes “enemigos” de Kirchner y su esposa, la senadora Cristina Fernández (verdadera conocedora de la causa AMIA), se encuentra el ex comisario Jorge “Fino” Palacios, echado en abril por sus vínculos con el reducidor de autos robados, Jorge Sagorsky, quien vendió uno a los asesinos de Axel Blumberg.

No es casualidad que Kirchner afirme que Palacios fue un firmante de los recibos donde consta que retiró los casetes con grabaciones de la primera etapa de la investigación por el ataque contra la mundial israelita. Pero este dato no era una noticia nueva para la comunidad judía. Palacios, por su parte, se quejó de la inquina en su contra de la SIDE y recordó que el contenido de esos casetes, antes de su pérdida, fue volcado en textos que están en poder de la Mosad y la CIA.

Ante la poca reacción de Parrilli para desmentir lo que decía Kaul, Alberto Fernández apenas balbuceó: “Se le habrá pasado”.

No faltarán, por otro lado, los mal pensados que digan que, efectivamente, los casetes están detectados en alguna parte, pero se resolvió no sacarlos a la luz, por las implicancias que pudieran tener para algunos dirigentes del peronismo de Buenos Aires. En tanto, los policías de la supuesta “conexión local” con el terrorismo internacional, con Juan José Ribelli a la cabeza, esperan recuperar la libertad en los próximos meses y demandar al Estado por diez años de encierro. Pero esa será otra historia insólita (ABA).

Arnaldo Paganetti

Nota asociada:

Afirman que Kirchner dijo “casetes” y no recibos

Nota asociada: Afirman que Kirchner dijo “casetes” y no recibos


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