País delirante



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MIGUEL áNGEL ROUCO (*) DyN

De un lado, un grupo de trabajadores de izquierda pugna por establecer una relación laboral fija y, al no conseguirlo, decide pasar a la acción directa. Del otro, un grupo de sindicalistas de derecha sale a respaldar al patrón –el Estado–, se encolumna en defensa de sus intereses y decide pasar también a la acción directa. El resultado: una refriega que provocó un muerto y varios heridos en un episodio en que el gobierno se mostró ausente aunque era parte interesada y prefirió quedarse en las sombras. Si este relato hubiera surgido de una crónica de la Alemania de los años 30 nada hubiera parecido extraño. Sin embargo, surge de la Argentina del 2010, un país que funciona a merced del corporativismo y desnuda diariamente los vicios del régimen. El esfuerzo de la administración Kirchner está logrando sus frutos y alcanzando la meta. Los tristes episodios acaecidos no son otra cosa que el resultado de la política de dividir para reinar, el núcleo de la liturgia K. En su esquema fascista, el gobierno ha logrado enfrentar a pobres contra pobres. La única diferencia entre ambos sectores es la lealtad al régimen de emergencia que les permitirá gozar de las prebendas y los subsidios. El reclamo de un grupo de trabajadores tercerizados para ser incorporados como personal permanente en una empresa del Estado chocó con los intereses corporativistas, permitiendo que el propio gobierno que dice luchar contra el empleo en negro mantenga en la informalidad a los peticionantes. Ésta no es más que otra muestra de la irracionalidad con que se maneja la administración Kirchner con tal de mantener los resortes del poder. Con igual irracionalidad empuja y acompaña el delirio cegetista de entrometerse en las ganancias de las empresas privadas, envalentonando al sindicalista camionero con tal que le sirva de dique de contención en la interna partidaria. Mientras Kirchner construye poder de cara al 2011, las reservas del Banco Central siguen comprometiéndose y el gobierno continúa endeudándose en el mercado interno a tasas superiores a las que puede conseguir en el hiperlíquido mercado internacional. Con todo, la inflación sigue su marcha y no para de perforar el bolsillo de las familias argentinas a pesar del esfuerzo oficial por mitigar las escandalosas cifras del costo de vida, alimentadas por un gasto público exorbitante que crece a un ritmo cercano al 40% anual. Por caso, el Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó sus perspectivas económicas para el 2010 y el 2011 y volvió a reiterar sus observaciones sobre las cifras oficiales. A pesar de la grosera manipulación de las cuentas públicas, mostrando sólo un saldo parcial, el sector público bajo la administración Kirchner presenta un profundo desequilibrio y de no haber sido por los giros del Banco Central y de la Anses el saldo fiscal sería escandaloso. De acuerdo con el FMI, el déficit de la Argentina se moverá entre el 3,5 y el 4% del PBI. Esto equivale a decir que el gobierno tendrá que conseguir unos 30.000 millones de dólares hasta finales del 2011. Pero estos aspectos al gobierno no le importan y sigue gastando recursos en tonterías cuando hay vastos sectores de la población con necesidades básicas insatisfechas. El reciente anuncio de invertir 2.000 millones de dólares en tevé digital para producir películas en remotos lugares del interior en los cuales se carece de agua potable, cloacas, escuelas y servicios sanitarios es un cachetazo en la cara de millones de poblaciones que ven postergadas sus necesidades más urgentes. No hay dinero para los jubilados pero sí para montar al Estado como proveedor de contenidos digitales cuando existen recursos ociosos en el sector privado. ¿Quién para esta locura? Mientras se gasta en tecnología que en pocos años estará en desuso, en la Argentina mueren más de 10.000 personas en accidentes de tránsito por falta de inversiones. Mientras se queman recursos, el país se va convirtiendo en un terreno dominado por pandillas criminales que se cobran víctimas diariamente por falta de seguridad. ¿Dónde está llevando este gobierno al país? Este proyecto faraónico de la digitalización representa para el matrimonio regente lo que el Mundial 78 fue para el régimen militar: una cortina de humo para ocultar los reales problemas estructurales que tiene la Argentina. ¿De qué le sirve el WI-FI a un chico que no alcanza a cubrir sus mínimas necesidades? ¿De qué les sirve la tevé digital a poblaciones que se encuentran azotadas por sequías, por inundaciones o por pandemias como el dengue o el ya crónico mal de Chagas, que se cobra 1.000 vidas por año en el noroeste argentino? Son los últimos latidos de un régimen que languidece. Sólo en un país delirante pueden ocurrir semejantes fracturas en el tejido social que llevará años volver a recomponer. No es la Alemania de los 30 pero se le asemeja. Es la Argentina del 2010, donde todo es posible menos la racionalidad. (*) Analista económico


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