“PAMI: más que estresante, vergonzante”




Si la capacidad de asombro tiene límites, la mía está agotada tanto como mi paciencia. Como decía el gran maestro Enrique Santos Discépolo, “en el mismo lodo, todos manoseados, qué falta de respeto, qué atropello a la razón”... es ésta la sensación que me producen algunas situaciones que el diario vivir nos impone. Quiero resaltar una experiencia que tuve en la delegación General Roca del PAMI al concurrir por quinta vez a presentar un pedido de reintegro (tres veces me encontré con paros). Como decía, en esta quinta oportunidad observé con asombro y preocupación que de los ocho boxes existentes para la atención al público sólo tres y medio funcionaban, razón por la cual –y luego de una espera considerable– me dirigí al encargado del sector a efectos de pedirle que me explicara el porqué de tal situación. La respuesta fue de antología: “El personal de PAMI no quiere atender al público porque es estresante”. Sí, Sr. lector, leyó bien. Me pregunto: la espera y la peregrinación que sufrimos los jubilados, ¿qué concepto les merecerían? Como lo dejé expresado en el libro de quejas de la delegación, considero que, más que estresante, es vergonzante. Debo aclarar que para un reintegro de 120 pesos debo esperar como mínimo 90 días; además, no atienden algunos especialistas como dermatólogos, otorrinos, kinesiólogos y por allí alguna especialidad más. Me pregunto: estos señores, ¿son conscientes de que ellos están allí detrás de un escritorio porque de este lado estamos nosotros los jubilados, que con nuestro aporte contribuimos a pagar sus sueldos? Esto vale también para otros estamentos de la administración pública; es lamentable que no valoren esta situación. Si no les resulta satisfactorio su empleo, quizá deberían cambiar de ocupación... podrían dedicarse, por ejemplo, a la jardinería, que les puede resultar más gratificante, además de estar al aire libre y no sufrir el encierro de una oficina En fin, ellos y su conciencia lo sabrán. En estos días de asombro por los sueldos de nuestros benditos gobernantes, quienes también deberían tomar conciencia de que sus salarios son producto del aporte de la población –que, además, votó al cambio aunque, al contrario de lo que dice la canción, “Cambia, nada cambia”: de 147 funcionarios prometidos ya son más de 250–, que los anteriores con sus sobresueldos y otras yerbas se llevaron hasta las migas y que del Ipross no quedan más que deudas, indigna escuchar que las arcas provinciales están al rojo vivo, que la Nación debe acudir en ayuda para poder pagar los sueldos, que ésta para cubrir los baches presupuestarios recurre a fondos de la Anses y que no puede pagar el 82% móvil y que el plan Procrear, financiado con estos fondos, no contempla a los jubilados. Todo esto es muy estresante. Como decía un querido amigo, sigue el corso y tiran flores. Francisco Julián Manqueo, DNI 7.571.988 Roca


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