Pan o el alimento sagrado de un dios terrenal

Spinetta se presentó en Neuquén, después de tres años, con su disco Pan



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Spinetta brindó un recital inolvidable el fin de semana en Neuquén. Que se repita.

El mundo según Spinetta es verdadero. Es un mundo auténtico y conmovedor. Y en cada presentación, seguramente sin proponérselo, logra confirmarlo.

Antes de presentar su último disco PAN en la Trastienda de Buenos Aires, el legendario músico llegó a Neuquén después de 3 años y trazó nuevamente esa diferencia que lo distingue del resto.

Se presentó el sábado por la noche en la sala Rainbow del Casino Magic de la ciudad de Neuquen. Más de dos mil personas asistieron a los shows del sábado y el domingo.

La primera noche, Spinetta salió a escena cerca de la 23.30 y con una alegría palpable presentó a su banda y arrancó con PAN, su último disco.

PAN es un disco compuesto por doce temas hechos a la medida rocker, rescatando sonidos con su típico sello más la novedosa impronta del tecladista y proveedor de sonidos eclécticos, el rosarino Claudio Cardone.

Un todo que se completa con del espectacular “koala” Sergio Verdinelli en batería, y con la mano glamorosa de Nerina Nicotra en bajo, el contrapeso necesario.

Sin una faceta electrónica tan marcada como “Camalotus”, su anterior disco (2005), el “flaco” y su guitarra hicieron de la noche neuquina un paraíso singular. Con temas como Bolsodiós, Canción de noche, Proserpina, No habrá un destino incierto, Cabecita calesita, Dale luz al instante, Qué hermosa estás y Espuma mística (que en principios iba a ser el título del álbum), fue traduciendo su mundo inteligible y magistral que todos conocemos.

El flaco estaba de muy buen ánimo y entre tema y tema desplegaba toda su ironía de su ya famoso manual de pensamientos. Al modo de un pequeño Spinetta ilustrado.

El show levantó con “Atado a tu frontera”, “Sinfín”, “Tonta Luz”, “Sexo, “Un viento celeste” hasta arrancar un conmovido aplauso con “Seguir viviendo sin tu amor” del disco Pelusón o Milk (1990). Un gran momento fue cuando le dedicó “Las cosas tienen movimiento” a Fito Páez.

La fascinación de ver a Spinetta, de escucharlo y comprenderlo, produce una emoción sin precedente.

Estar expuesto a su talento, consciente de su trayectoria pareja y plena, produce una especie de viaje que nos conduje directamente a su próximo disco.

Así nomás, y a pesar de sus sólidos trabajos compositivos. discos, de su contundentes testimonios como relator de una época, su llegada a la gente representa un verdadero pacto de amor.

Una secuencia que al igual que un círculo de fuego se cerró sobre la noche neuquina.

 

MARTIN VALBUENA


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