Papel



Merodeaba por las bibliotecas. No cualquiera, solo aquellas donde había hemerotecas. No a cualquier hora, solo a la mañana, cuando iban las personas mayores a leer los diarios y con lenta parsimonia daban vuelta a las grandes hojas.

El no lee, solo escucha.

Entrecierra los ojos y cae en una ensoñación mientras oye el murmullo del papel. El rumor de los dedos apretando la esquina de la hoja para comenzar a darla vuelta y el crepitar de la páginas curvándose sobre sí mismas. El sol se asomó por la ventana y el calor en la mejilla fue definitivo para comenzar a adormilarse.


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