Para los chicos, con la nieve llegó la diversión

Jazmín, César, Alan e Iñaki, son algunos de los pibes que celebraron la nevada deslizándose con nylon en pendientes que encontraban a su paso.



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Los chicos se divierten en las calles y terrenos nevados en los barrios. Fotos: Chino Leiva

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Los chicos se divierten en las calles y terrenos nevados en los barrios. Fotos: Chino Leiva

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Los chicos se divierten en las calles y terrenos nevados en los barrios. Fotos: Chino Leiva

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Los chicos se divierten en las calles y terrenos nevados en los barrios. Fotos: Chino Leiva

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Los chicos se divierten en las calles y terrenos nevados en los barrios. Fotos: Chino Leiva

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Los chicos se divierten en las calles y terrenos nevados en los barrios. Fotos: Chino Leiva

POSTALES DE LOS BARRIOS

Jazmín se despertó ayer temprano. Se levantó y tomó rápido el té caliente que su madre Mónica le había preparado. Estaba impaciente. Quería regresar a la loma que se alza al costado de la Ruta Nacional 40, donde había jugado hasta quedar sin fuerzas el domingo por la tarde. Apenas consiguió el permiso de sus padres, Jazmín salió con su hermano y sus dos primos, que están de visita porque viven en Lago Puelo, Chubut. Juntos caminaron las cinco cuadras de distancia que hay desde su casa hasta la loma. Cuando arribaron al lugar, constataron que la improvisada pista estaba intacta y sin dudarlo los pequeños se deslizaron por la pendiente gritando de felicidad.

Jazmín tiene 12 años y habla con una sencillez que llega directo al corazón. La sonrisa que se le dibuja en el rostro, contagia. Está feliz. Se desliza muy rápido por la nieve con un retazo de nailon.

“Mi papá cortó un pedazo de nailon que sobraba del techo de la casa y me dio a mí, a mi hermano y a mis primos”, contó a “Río Negro” la pequeña, en un paréntesis que hizo. Al principio, a Jazmín le dio un poco de vergüenza porque otros chicos tenían culopatín o trineo, pero cuando descubrió que la diversión estaba garantizada, dejó atrás sus temores y disfrutó al máximo.

Los chicos no paraban. Subían con esfuerzo la loma empinada y, en pocos segundos, descendían por la pendiente cubierta de nieve. Sus rostros y manos coloradas por el frío no eran un problema.

Jazmín usaba guantes de jardinería para tratar de mantener las manos secas. Tenía colocadas unas botas de su mamá, porque había dejado secando sus zapatillas que había mojado el domingo. “Mi mamá está tratando de conseguir trabajo porque con la plata que cobra mi papá del Plan Argentina Trabaja no alcanza para comprar otras zapatillas”, explica la nena. Su padre es albañil, pero en invierno es toda una odisea conseguir trabajo en la construcción en Bariloche.

Jazmín ni con los pies húmedos, pierde la sonrisa. Tampoco sus primos César, de 12 años, Alan, de 10 ni su hermano Iñaki, de 9.

A pocas cuadras de allí, chicos del barrio Nuestras Malvinas aprovechaban la nieve acumulada en sus patios para moldear muñecos de nieve. Desde la junta vecinal hicieron una convocatoria por facebook a los chicos del barrio para hacer muñecos de nieve y subir las fotos a la red social. La foto que obtenga más adhesiones obtendrá a cinco pases de peatón para visitar el cerro Catedral y ascender en los medios de elevación hasta la cumbre.

Jazmín nunca estuvo en el centro de esquí del cerro Catedral. Tampoco su hermano ni sus primos.

“Dice mi papá que está medio caro Catedral”, explica. Los chicos sonríen. Se abrazan. No se quejan por el frío. Sólo quieren divertirse.

Son ajenos a las decenas de reclamos que se multiplican por los medios desde que cayó la nevada más intensa de los últimos años sobre esta ciudad y que dejó contra las cuerdas a la gestión municipal. La nieve que los prestadores de servicios turísticos esperaban con impaciencia llegó para quedarse varias semanas, pero desnudó, al mismo tiempo, los enormes problemas de infraestructura que arrastra desde hace décadas Bariloche.

Jazmín esta contenta porque este invierno en su casa hay un calefactor. Los chicos regresaron caminando hasta la casa. Otros dos nenes juegan en la calle. Cuando pasa Jazmín, su hermano y sus primos, los chicos los miran de reojo. “Ellos tienen un trineo, pero no les dieron permiso para ir a jugar”, explica la niña.

Su madre, Mónica, salió a recibir al grupo. La mujer cuenta que viven hace 15 años en el barrio y que antes era más duro porque la casita donde estaban se caía a pedazos. La casilla aún está en pie al fondo del lote. En el frente está la casa que pudieron levantar con su marido. Tiene la cocina-comedor de material y la pieza de madera. Jazmín explica que, ahora, las mañanas y las noches ya no son tan frías.

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