Paro sanitario también por maltrato

Por Osvaldo Pellín



Los hechos que cotidianamente llaman nuestra atención suelen tener razones aparentes y otras menos notorias.

En el caso de la huelga de los trabajadores de Salud mucho tienen que ver las razones que se explicitan a diario para justificarla. Así la ausencia de una carrera sanitaria, el cíclico desaprovisionamiento de los hospitales y sus crónicos déficit edilicios son tan ciertos como irrefutables. Pero lo que está en el contexto también es cierto y suele no ser tan evidente.

Pocos perciben cómo utiliza el gobierno el sector Salud de la provincia. Suele servirle para florearse ante propios y extraños, casi como una carta de presentación debida a su original inspiración. Y no es para menos, tratándose de uno de los logros de permanencia institucional más notables de la Argentina en los últimos treinta años. Aun así al gobierno parece no alcanzarle y manifiesta, en medio de las insuperables carencias del sector, que el mismo anda demasiado bien y que ahora hay que apoyar al privado. Eso desacredita a quienes están al frente del sector como legítimos administradores del sistema. Los trabajadores sienten que están siendo conducidos por gente acostumbrada a manipular situaciones, a sentarse sobre los logros para usufructuarlos políticamente en exclusividad y entran en cólera cuando se dice que el servicio que se da es poco menos que perfecto. Lo cierto es que el servicio se da sorteando infinidad de inconvenientes. Insalvables muchos de ellos, son superados, ocasionalmente, con la anónima voluntad del equipo de salud, que en múltiples ocasiones presta sus propios materiales para que las prestaciones se realicen.

Es que los elogios no deben ocultar lo que aún falta por hacer y que las realidades extraprovinciales con ser, muchas de ellas, inferiores, no son parámetro suficiente para medir la propia realidad de Neuquén en la materia.

Los déficit en la oferta de salud se pagan con casos no resueltos, con traslados de costos millonarios, con internaciones prolongadas, con largas colas de espera, con despersonalización en la atención y deletéreo malestar en el equipo de Salud, por sobrecargas horarias y ausencia de reconocimiento.

El gobierno va perdiendo autoridad para conducir un proceso que fue virtuoso durante mucho tiempo, ya que no dialoga y arremete en contra de él en cada manifestación pública.

Los trabajadores de Salud les responden con un paro a quienes sienten que no los representan con la dignidad que se merecen.

Esas son las razones que no aparecen en el listado cuando se alude a las causas de la huelga y que habría que agregarlas al mismo. Sobre todo si se quiere entender la virulencia del enfrentamiento y la dureza con que los trabajadores han encarado la lucha.


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