Patrimonios bajo sospecha

Por Redacción

Aun cuando todos los políticos fueran dechados de honestidad, hasta los más austeros se encontrarían en problemas a la hora de presentar sus declaraciones juradas. En un país azotado permanentemente por vientos inflacionarios muy fuertes, con buena parte de la economía en negro, una brecha enorme entre el valor de mercado de las propiedades inmobiliarias y el estimado por las autoridades impositivas y la preferencia ya tradicional por la informalidad comercial, siempre habrá motivos para cuestionar la evolución del patrimonio de cualquier persona que no sea indigente. En el caso de los más ricos, las dudas se multiplican merced a la intervención de abogados y contadores creativos, la colaboración de parientes o amigos presuntamente dispuestos a actuar como testaferros y lo complicados que suelen ser sus inversiones, los préstamos que logran conseguir y la existencia, o no, de sociedades anónimas que emplean para diversificar sus activos. No extraña para nada, pues, que la difusión de detalles acerca de las declaraciones juradas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el jefe del Gobierno porteño Mauricio Macri y el gobernador bonaerense Daniel Scioli siempre desate una lluvia de denuncias, sobre todo si se da en vísperas de elecciones importantes. Para el lego, distinguir entre las sospechas claramente legítimas y las oportunistas no es del todo fácil. Hay que tomar en cuenta tantos factores que las eventuales investigaciones requerirían años y, con toda probabilidad, terminarán con el sobreseimiento del protagonista involuntario. Las acusaciones más contundentes se han visto dirigidas contra Cristina, ya que a muchos les parece inexplicable que se las haya arreglado, con la ayuda de su cónyuge prematuramente fallecido Néstor Kirchner, para erigirse en una multimillonaria mientras desempeñaba funciones políticas, pero conforme a las encuestas de opinión, las denuncias no la han perjudicado en absoluto. Mal que les pese a sus adversarios, parecería que el tema no preocupa a la mitad de la población del país. En cambio, dudas en cuanto a la fortuna personal de Macri sí le están motivando muchos dolores de cabeza. Aunque nadie ignora que procede de una familia riquísima –en el mundo político, se trata de una desventaja, pero no lo sería para un dirigente popular que se enriqueciera por medios misteriosos–, los muchos que no lo quieren le atribuyen maniobras que acaso sean rutinarias en los ámbitos empresarios más opulentos del país pero que son consideradas impropias en el de la política nacional donde, en teoría por lo menos, rigen normas escandinavas o singapurenses. Sea como fuere, parecería que según las pautas internacionales Macri dista de ser un plutócrata, ya que sólo poseería 60 millones de pesos más un par de millones de dólares, un monto miserable en comparación con los casi 10.000 millones acumulados, hasta ahora, por el demagogo norteamericano Donald Trump. Scioli también se ve en apuros, puesto que, de acuerdo con su declaración jurada, a partir del 2007 su patrimonio creció un 1.000%, aunque sólo alcanza 13 millones de pesos. Sin embargo, muchos dan por descontado que sus propiedades, entre ellas el polideportivo que ha construido en Villa La Ñata, su lugar en el mundo, valen muchísimo más. Con todo, aunque la rapidez notable con la que un tribunal bonaerense lo sobreseyó en una causa por enriquecimiento ilícito no convenció a los interesados en tales asuntos, las sospechas en contra del exmotonauta no han hecho mella en su imagen, que sigue siendo la de un político presuntamente limpio. A diferencia de Macri, Scioli no depende de los votos de la minoría que se deja influir por los pormenores financieros de los dirigentes políticos más notorios y, de todos modos, muchos entienden que en un país tan desordenado como la Argentina escasean los capaces de explicar el origen de todo cuanto han conseguido retener a través de los años. En efecto, aunque según su declaración jurada Sergio Massa es a lo sumo un miembro de la clase media alta, con apenas 2,5 millones de pesos a su nombre, él también ha sido blanco de aquellos cazadores de corruptos que se especializan en los vinculados con la oposición con el presunto propósito de hacer pensar que, en la Argentina, todos son iguales y por lo tanto ninguno tiene la autoridad moral suficiente como para criticar a nadie.


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