Paul Di Anno, la garganta del diablo
El ex cantante de Iron Maiden prendió fuego el Pacífico y el heavy gritó presente en Neuquén
NEUQUEN (AN).- La oscuridad, el calor, los olores prohibidos, cada centímetro del gimnasio del club Pacífico se mueve bajo una «cultura» que por nuestras tierras da la impresión de estar dormida, invernando. Hasta que el infierno abre sus portales y con una sonrisa sarcástica sale de ellos Paul Di Anno, la garganta del diablo.
Entonces el lugar entra en llamas, la cordura huye astuta y se enreda entre las cuerdas vocales y la furia de «La Bestia» del heavy metal, del pelilargo que hoy tiene la cabeza rapada y se asemeja más a un rugbier del primer mundo que a un artista cantando en el fin de todo.
Paul Di Anno aparece en escena sin presentación, con una mirada impregnada de mundo, entre esquizofrénica y apagada. Cada alma que deambula por ese recinto vicioso, en penumbras, mueve su humanidad, juega a destrozarse, se automutila.
Se bañan de cerveza, caminan por la cornisa y adoran a un pelado con ceño maligno al que parece que los años y la caída de las hojas del calendario le sentaron bien.
Di Anno sale a la cancha con una ventaja, con un jugador más: acompañado de una banda compacta, de relojería. Precisos, eufóricos y rabiosos los Jerikó. Un grupo que sangra heavy metal, que le quita el cascarón a un monstruo sumido en un coma farmacológico, a esa «cultura» que sacudía las entrañas de la música mundial en los '80.
Ya lo habían anticipado antes de que comenzar el recital de Di Anno. Los Jerikó dieron una muy buena demostración de que esta manifestación musical está latente, aún cuenta con muy buenos valores y es única dentro de una especie única. Salida de un submundo particular, iracundo y colérico, vicioso, siempre dispuesto a vivir en la marginalidad y en el basurero de la galaxia musical.
Es extraño ver a «La Bestia» tan cerca, tan humano e irreal a la vez. Cantando como perro rabioso, con los ojos perdidos, con sus seguidores matándose contra las rejas de contención.
Tan real que cuando uno de sus adoradores logra eludir la valla de contención pide auxilio como una vedette a la que algún «águila» intenta perderle sus garras en partes deseadas.
Di Anno saca a relucir su tacto de tipo de primer mundo y ofrece esa voz agudísima y visceral, de tonos diversos, por momentos de ultratumba, y en otros hasta melódica.
La que lo llevó a transformarse en una de las figuras más importantes en la gé
nesis del heavy metal.
Obviamente ya no es el frontman duro, de increíble presencia escénica como en las épocas de la «Doncella de hierro». Sí es un showman que decodifica la «Matrix» del planeta donde está parado. Y en él se sabe rey y emperador.
Es uno de los dioses del Olimpo metálico, sin ninguna duda.
Por leyenda, por estampa, por el simple hecho de ser Paul Di Anno, «La Bestia», la garganta del diablo.
Sebastián Busader
NEUQUEN (AN).- La oscuridad, el calor, los olores prohibidos, cada centímetro del gimnasio del club Pacífico se mueve bajo una "cultura" que por nuestras tierras da la impresión de estar dormida, invernando. Hasta que el infierno abre sus portales y con una sonrisa sarcástica sale de ellos Paul Di Anno, la garganta del diablo.
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