Peleador callejero

Por Arnaldo Paganetti





Envalentonado por los promisorios resultados «de la mejor negociación» del canje de la deuda externa «más grande de la historia del mundo» (de poco valieron los denodados esfuerzos hechos para transmitir a sus interlocutores a la distancia que hablaba «con todo cariño»), el presidente Néstor Kirchner le sacó lustre a su estilo de peleador callejero. Lanzando palos hacia el establishment económico (mencionó «no para agraviarlo» a Manuel Solanet y apuntó también contra Ricardo López Murphy y Daniel Artana), y a los «hipócritas» responsables del endeudamiento y el default (por Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá), el patagónico pronunció, a los gritos, algunas frases memorables:

– «Esos personajes que hoy quieren aparecer supuestamente expresando que les preocupa la destrucción del Estado, son los que lo destruyeron».

– «Antes (por el escándalo del tráfico de drogas por SW) se tapaba todo. Ahora, cuando hay gente dispuesta a no tapar nada, algunos se ponen nerviosos».

– «Los sinvergüenzas deben tener un solo destino, la cárcel»,

– «Las puertas se abren generalmente con la manija, pero si la manija está cerrada una patadita no le hace mal».

– «A los héroes de Malvinas los queremos y los veneramos, pero ser héroes de Malvinas no los autoriza a hacer cualquier cosa».

– «Hay una oposición en la Argentina que si Drácula está enfrente nuestro, lo apoyan».

Quizá, como comentó un dirigente radical de Santa Cruz, los estados de ánimo de K fueron cambiando porque, en aparente plena bonanza por las apuestas macroeconómicas optimistas, lo «asustó» el destape de los intereses cruzados que se vislumbran por el tráfico de cocaína a España a través de una empresa aerocomercial subsidiada por la Secretaria de Transportes de la Nación. Según ese legislador, los secretos encubriendo la ineficiencia de los organismos de seguridad y de control, trataron de preservarse con todo celo. Así fue hasta que el diario «La Nación», hace dos semanas, sacó a la luz un tema que preocupa particularmente a Estados Unidos y Europa, donde golpeará puertas el gobierno para que el FMI y el G7 avienten las suspicacias hacia la Argentina y soplen a favor de nuevas inversiones. En definitiva, son los poderosos los que tienen la última palabra en relación a un país que vive haciéndose trampa a sí mismo y a los demás. Y todo en medio de desmedidos festejos, que se lamentan tarde, precisamente a la hora de pagar, con una quita del orden del 70 por ciento.

Hace poco tiempo, el ex ministro del Interior, Carlos Corach, evaluó que Kirchner «está pasando por una de esas etapas en la que a los Presidentes parece que no les entra ningún misil. Con la opinión pública a favor, la economía funcionando y a un tris de solucionar el problema de la deuda, tiene oxígeno para varios meses».

Un tanto desencantado porque cada vez se apoya más en las estructuras políticas tradicionales que le cierran el paso a la renovación y transparencia, un kirchnerista al que le cuesta romper la coraza de los que se atornillaron a sus asientos, coincidió con el ex ministro menemista. Pero yendo más allá, al mismo tiempo se quejó de la «soberbia» de algunos funcionarios del gobierno. «Su» gobierno, en realidad, ya que lo defiende en cuanta tribuna pública se le ofrece.

Según esa lógica K, esbozada por lo bajo con temor reverencial, el Presidente pudo descabezar «impunemente» la cúpula de la Fuerza Aérea por sus acciones y omisiones en el aeropuerto de Ezeiza y la falta de comunicación «maliciosa» al ministro de Defensa, José Pampuro, y no lo hizo con otros organismos sospechados y piloteados por «amigos», por la alta ponderación social que concentra. «Ojo – advierte este hombre de probada lealtad hacia el pingüino -, que otros Presidentes gozaron de una alta popularidad y hoy no se animan a caminar entre la gente sin sufrir las consecuencias».

Si el Fondo Monetario Internacional y las naciones industrializadas convalidan el porcentaje de aceptación del canje de la deuda externa, entonces Kirchner, en medio de las redivivas discusiones con las empresas privatizadas que controlan los servicios públicos, podrá seguir tejiendo sus alianzas con miras a fortalecer su poder en las elecciones legislativas de octubre.

«A la vuelta de la esquina, los esperamos con tortas», confiesa otro kirchnerista de Santiago del Estero, también desalentado al comprobar como el presidente apostará hoy en esa provincia del caudillo Carlos Juárez, por el viejo dirigente José «Pepe» Figueroa. Ya lo dijo el senador Eduardo Menem, al abandonar la bancada del PJ: «Kirchner odia a Carlos Menem, pero apela a los menemistas». Algo de razón tiene, ya que como mascullan varios adeptos, se la pasa amenazando con romper con su socio Eduardo Duhalde y su esposa «Chiche», y termina arreglando «con lo peor del peronismo». El desconcierto, además del aval a Figueroa, se extiende por los coqueteos con el catamarqueño Eduardo Brizuela del Moral, el correntino Horacio Colombi, el formoseño Gildo Insfrán y el jujeño Eduardo Fellner. Por el lado patagónico, tampoco parece haber demasiada euforia en las bases del PJ, por entregarle la primera candidatura a diputado nacional, sin internas, a un extrapartidario como Julio Arriaga, como ordenó Kirchner. Si se toma en cuenta este esquema, que echa por tierra al transversalismo, el gobernador Felipe Solá, quien hoy se muestra al lado de K, corre el riesgo de quedar desairado ante el pragmatismo de sus compañeros. Como se observa a través del análisis de las declaraciones de «Chiche» Duhalde, los dos mandamás podrían repartirse los cargos y terminar deglutiendo al jamón del sándwich, con la variedad de pan Felipe.

Es sabido que con los enemigos que asaltan en ocasiones, ni se puede estar preparado como en la guerra ni seguro como en la paz. Algunos fieles a Menen y Rodríguez Saá, quieren sacar tajada del tráfico de cocaína y heroína, que puso en estado de alerta al embajador norteamericano, Lino Gutiérrez, quien no obstante destacó la actitud positiva del gobierno de K en la lucha contra los traficantes.

Cerca de Menem, por ejemplo, señalan como desmedida la purga de Kirchner en la Aeronáutica, porque muchos de los brigadieres, incluido el agregado militar en Washington, fueron héroes de Malvinas y no tuvieron ninguna participación en el caso. Es por eso que tratarán de aprovechar el enojo de esa y otras fuerzas. Pretenden organizar una comida de desagravio ya que se acerca el 2 de abril y es una buena excusa. Claro que le servirá a la Rosada para especular con una nueva conspiración, como la que se creyó ver en un encuentro en el Regimiento Patricios, tras el descabezamiento en el Ejército, al comienzo de la gestión.

El tráfico de drogas a través de valijas «voladoras» en Southern Winds, seguirá generando polémicas. La oposición – UCR, ARI – embestirá fuerte contra el secretario de Transportes, Ricardo Jaime, al que insisten en calificar de «cajero» de K, amigo de Juan Maggio (titular de SW), a la vez relacionado con el presidente de Aeropuertos 2000, Eduardo Eurnekian. El escándalo, según los denunciantes, salpica al embajador en España, Carlos Bettini y enceguece a dos competidores gremiales, la diputada Alicia Castro, quien estaría operando a favor de Aerolíneas Argentinas, y Abel Basteiro, promotor de la creación de LAFSA, para dar cobijo a los trabajadores de las disueltas DINAR y LAPA.

A destiempo, los organismos involucrados tratan de justificarse por su inoperancia a la hora de impedir el delito de narcotráfico. La Policía Federal, la SIDE y la Aduana, tampoco hicieron mucho para alertar sobre el hecho, que no es un caso policial más avivado por los medios de comunicación como pregonó en el Senado Miguel Pichetto. Con el tiempo se consolidan las cosas buenas y las malas. Este momento de gran confusión y desorden, con brigadieres llorando en público y un vicario castrense pidiendo que arrojen al mar al ministro de Salud por su prédica a favor del aborto, es propicio tanto para perpetuar las conductas nocivas, como para alentar los cambios saludables.

Aunque hay explicaciones para todo, hasta para lo más absurdo. De ello da pruebas el ministro del Interior Aníbal Fernández, a quien se le permitió hablar por unas horas ante los micrófonos, el jueves, para abogar por la inocencia del gobierno ante los insólitos y peligrosos descuidos en el aeropuerto internacional.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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