Penden de un hilo

Son mal vistos. Los números no les alcanzan.

fútbol de afa

Las personalidades de Julio César Falcioni y Ricardo Caruso Lombardi son diametralmente diferentes, pero muchas cosas los unen: son dos buenos técnicos “acusados” de conservadores, dirigen “grandes” del fútbol argentino, despiertan desagrado en los hinchas en general y caminan actualmente por la cuerda floja.

El Emperador es un tipo parco, medido y de palabra justa que supo ser un buen arquero en sus tiempos dorados y que como DT tuvo su primera gran victoria con un club pequeño de Buenos Aires (Banfield). Caruso es verborrágico, histriónico, realizó la carrera de técnico desde bien abajo, pasando por todas las categorías del ascenso, y concretó muy buenas campañas en clubes de segundo nivel. También fue acusado de “coimero” y de muchas cosas más. Polémicos por diferentes cuestiones, ambos atraviesan un mal momento y están más adentro que afuera de Boca y San Lorenzo.

Ayer la dirigencia y el plantel le dieron un tibio apoyo a Caruso después del 0-4 frente a Racing (ver aparte), pero está claro que si San Lorenzo no suma por tres el sábado ante Arsenal su mandato en el Ciclón habrá llegado al final después de diez fechas de este torneo Inicial.

Caruso asumió en lugar de Leo Madelón el torneo pasado, justamente en el 1-1 ante Racing. Durante ese campeonato, sumados los cotejos de la promoción frente a Instituto, su equipo ganó cinco partidos, empató seis y sólo cayó con Unión y Tigre, en un juego decisivo por la tabla de abajo. Es decir, cosechó el 54% de los puntos en 13 cotejos y se mantuvo en la A. Igual, durante el receso estuvo con un pie y medio afuera y no se fue por la “montaña” de dinero que exigía por la rescisión de su contrato.

Claro, en el torneo Inicial las cosas cambiaron considerablemente y el conjunto del inefable Caruso apenas acumuló 9 puntos sobre 27 (33%), está en el puesto 16º, cayó por goleada en el último clásico y volvió a la odiada zona de peligro en los descensos. Pero además, y sobre todo a los dirigentes, son las formas las que molestan del DT. Su elevado histrionismo (nadie olvida la pseudo pelea callejera de hace meses), las críticas a algunos periodistas y su escasa autocrítica ya no se bancan en Boedo.

La situación de Falcioni es tan similar como diferente. Podría decirse que el ciclo del Emperador es exitoso en Boca, porque tomó el equipo en diciembre de 2010 cerca de la zona de promoción, unos meses después se consagró campeón del Clausura 2011, en el primer semestre de este año peleó hasta la final en la Copa Libertadores, hizo lo mismo hasta las últimas fechas del torneo doméstico que consagró a Arsenal y hasta se adjudicó la Copa Argentina. Pero claro, el DT se peleó con el máximo ídolo de la institución, el omnipresente Juan Román Riquelme, y eso determinó que se le vedara la entrada al corazón del hincha. Desde ya, su filosofía de juego, apegada al 4-4-2, el cuidado extremo del arco propio, la practicidad y la contundencia no caen bien en La Bombonera.

Luego del pobre empate frente a San Martín de San Juan en La Bombonera, Falcioni fue insultado, recibió escupitajos y seguramente le dolió en el alma el atronador “Riqueeelme, Riqueeelme” que descendió desde las tribunas para castigarlo. A esta altura, los fríos números son solamente eso para los hinchas y los dirigentes, con quien mantiene también una relación distante. Para colmo, ahora también se enfrentó con Pablo Ledesma.

Pero vale decir que durante su etapa como DT, Boca cosechó en todas las competiciones 167 puntos (45 ganados, 32 empatados y 13 perdidos) en 90 juegos, casi el 62%. A Falcioni no le urge un triunfo en Córdoba como a Caruso, pero sabe que es poco probable que su historia en Boca se extienda. Tiene contrato tres meses más y da la sensación que ni siquiera otro título lo mantendría en el cargo.

Luego del 0-4, Caruso se juega una de sus últimas chances ante Arsenal.


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