Pereyra busca reflotar a petroleros patagónicos junto a Moyano

Los gremios petroleros quieren expandir su poder territorial




EL NUEVO MAPA SINDICAL

Por Federico Aríngoli

federico@rionegro.com.ar

“Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. La frase que forma parte del glosario del peronismo histórico fue soltada -escritorio de por medio- en el círculo íntimo de la principal fuerza petrolera del país: el Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa. La referencia buscó explicitar, sin vueltas, que el nuevo intento de reflotar el “Bloque Petrolero Patagónico” se hará con los que estén y que no habrá tiempo para esperar las vacilaciones.

El coqueteo de los petroleros patagónicos y la amenaza del paro dispararon una alerta en los gobiernos provinciales y las empresas del sector, pero sobre todo activaron las alarmas de los despachos de Nación. Si bien el proyecto unificador no tiene todas las patas, el auxilio de Camioneros busca suplir aquellas ausencias. Desde la Casa Rosada se teje por la de máxima, pero también por la de mínima. Por un lado, con sus sindicatos más cercanos, trata de desactivar la tormenta sureña. Mientras que en paralelo se busca atender el reclamo, por lo menos temporalmente, para no sumar efervescencia al campo más fértil que promete la llegada de dólares al país.

FECHA CLAVE

Todo comenzó el 8 de octubre pasado. El senador Guillermo Pereyra (MPN) -secretario general del Sindicato Petrolero de Río Negro, Neuquén y La Pampa- acababa de sentarse en el sillón de su despacho, en el cuarto piso del Congreso, cuando uno de sus asesores le pasó una llamada. Al otro lado del teléfono estaba Jorge Ávila, su par sindical del Chubut, quien lo felicitaba por el discurso legislativo donde expresó su rechazo a la ley de Hidrocarburos. A las pocas horas una foto -en la histórica oficina del MPN- selló una convocatoria.

Cuando se les preguntó por Claudio Vidal, el joven secretario general de los Petroleros de Santa Cruz, ambos contestaron que por el tránsito de la Capital Federal estaba demorado y que el anuncio “protocolar” se posponía para la mañana siguiente. Esa madrugada, el Senado dio media sanción a la reforma petrolera y el plenario patagónico se confirmaba sin Vidal y con una semana de retraso.

Además del santacruceño tampoco estuvieron los representantes de Tierra del Fuego, Mendoza y Jerárquicos de Neuquén, Río Negro y La Pampa.

Aquello no impidió que, ante unos 2.000 delegados, Pereyra, Ávila, Julián Matamala (Jerárquicos de Cuyo) y José Llugdar (Jerárquicos de Patagonia Austral) lanzaran un paro para el próximo 6 de noviembre en reclamo de que se eleve el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias. El histórico pedido fue presentado como un problema de urgente solución.

“Los trabajadores, que desde esta Patagonia generan y garantizan la mayor producción de petróleo y gas convencional y no convencional están cansados de ver cómo el sacrificio de las muchas horas extras, largas jornadas y el desarraigo familiar sigue siendo vilmente confiscado por el deplorable e injusto impuesto a las Ganancias”, dice el comunicado del plenario, que fue titulado “En la unión está la fuerza”.

Las declaraciones, que desde los sindicatos petroleros aseguran respaldar con “más de 55.000 trabajadores”, se apoyan sobre datos contrastables, como por ejemplo que la provincias patagónicas, que cuentan con las dos principales cuencas productoras, entregan alrededor del 95% del petróleo y más del 80% de todo el gas del país.

Algo también parcialmente cierto es el poder de movilización del sector. El gremio de Pereyra dice reunir a más de 23.000 afiliados, mientras que en Chubut el sindicato cuenta con unos 8.000 y en Santa Cruz, que hasta ahora se mantiene al margen, son otros 7.000. El caso de Tierra del Fuego, que tiene 700 trabajadores adheridos, el panorama es diferente ya que por ley no son alcanzados por el impuesto a las Ganancias. En esa provincia el sindicato de base no fue invitado y el de Jerárquicos declinó la invitación porque el reclamo no los alcanza.

Antes de que pudieran expresarse todos los sindicatos petroleros, la medida de fuerza fue concebida con el apoyo del Sindicato de Camioneros y la CGT, ambos conducidos por Hugo Moyano. Aquello marcó una primera división que no terminó de cohesionar, de primera mano, el anhelado Bloque Patagónico Petrolero.

Otra grieta abierta fue el cruce de invitaciones que “dejó afuera” a algunas organizaciones menos cercanas al cegetismo opositor. “El reclamo de Ganancias es una bandera histórica de nuestros sindicatos, pero ahora se quiere hacer política con ese pedido”, señaló uno de los dirigentes marginados.

PATAGONIA REBELDE

Vidal, quien mantiene mejores expectativas con el gobierno nacional, llegó al sindicato de Santa Cruz después de la intervención del 2011 y pudo unificar las líneas mayoritarias al plantear la salida de la Federación Argentina Sindical del Petróleo y el Gas, algo que hace años hicieron Pereyra y Ávila. Cuando la prensa local consultó al santacruceño esta semana por el paro, dijo que esperará unas reuniones con las empresas antes de definirse: “Lo importante es que Petroleros Privados también va a pelear esto (la eliminación del impuesto) que es una mejora para los trabajadores. Los tiempos no son los mismos para distintos sindicatos. Nosotros todavía no estamos desafiliados de Federación, estamos esperando una resolución (del ministerio) de Trabajo”, se excusó.

Pereyra, que atraviesa otra campaña interna en la provincia, está decidido a ir a fondo. Consultado por “Río Negro Energía” señaló que no pedirá un bono de fin de año porque asegura que la única mejora debe llegar por la quita de la carga que significa Ganancias. Ávila, también de la CGT y al igual que su par neuquino con relaciones con una parte del gobierno nacional, es el principal respaldo del neuquino en esta cruzada de alto poder de fuego, algo que quedó demostrado con el último paro de Pereyra que dejó pérdidas por 24 millones de dólares sólo en la Cuenca Neuquina.

El gobierno tomó nota inmediatamente del tema. Y por más que el Ejecutivo no tiene un buen concepto del senador petrolero, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, confirmó gestiones para destrabar el paro general. Incluso en las últimas horas se confirmó un encuentro, en Buenos Aires, para el próximo lunes.

Pese a que las empresas miran de costado la situación, saben que la consolidación de una federación regional con peso político propio -como se proponen los gremios de la actividad para marzo próximo- no sería un escenario deseable para ellos. Por eso buscan aceitar el diálogo con el gobierno. Nación pondrá a sus hombres con más contacto con el mundo sindical para evitar cualquier efervescencia en la industria por la que apuestan a ingresar divisas al país.

Con una amenaza de paro general que se entremezcla en un clima electoral anticipado, todo parece tomar fuerza. Sin embargo, los que quedaron al margen de la convocatoria todavía no piensan en el impacto de las medidas de conjunto y recuerdan que “más temprano que tarde el bloque se va a romper, como ya ocurrió con el anterior proyecto que terminó desmoronado por proyectos personales y políticos”.

Gremios unidos, cajas separadas

No es la primera vez que se intenta reflotar el “Bloque Petrolero Patagónico”. Al menos hubo dos antecedentes, uno en el 2005 y otro en el 2008. El primero fue tras la salida de un conflicto de los petroleros del Chubut que mantuvieron un paro de más de 19 días. El segundo tuvo como antesala el reclamo contra la “tablita de Machinea”, derogada a fines del 2008.

En ambos casos las consignas que unificaron los intentos por la alianza austral fueron dos: ir por la cabeza de la Federación e imponerle una conducción patagónica y la eliminación del impuesto a las Ganancias que, por los altos salarios del sector, tiene una incidencia significativa.

La línea independentista además guardaba dos cuestiones centrales. Inicialmente le permite a cada gremio petrolero encabezar las negociaciones de su convenio colectivo de trabajo. Pero principalmente los ingresos por cuota sindical y el traspaso y el manejo de los millonarios fondos de la obra social.

Los sindicatos del Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa y Chubut dejaron la Federación hace años. En el caso del Chubut aún continúa reclamando a Nación el reconocimiento de la obra social del sindicato para que los aportes retenidos a sus afiliados sean direccionados a las arcas sindicales y no a las de la Federación. Santa Cruz, que no acompañó la ruptura en las anteriores oportunidades, votó hace pocos meses su salida, trámite que aguarda la aprobación del Ministerio de Trabajo.

Las diferencias entre un bloque sindical y una federación básicamente tienen que ver con la unificación de las cuentas de aportes sindicales y de las obras sociales. Sin dudas que por la cantidad de afiliados asomaría como una de las principales centrales sindicales del país y enrolada dentro de la CGT, donde Pereyra es el número dos.

En tanto, un bloque también permitiría ampliar el calibre de la presión pero con mayor flexibilidad y sin mezclar los balances de unos y otros. Lo cierto es que la unidad de hecho tiene antecedentes de nacimiento y defunción, por desgaste, intereses o personalismos políticos.

Lo concreto, que el plenario de Comodoro Rivadavia propuso una vez más “refundar” el Bloque Petrolero Patagónico. Sin embargo también se votó “impulsar” la creación de la “Federación de trabajadores del petróleo y gas patagónicos”, para lo que pone fechas de organización interna y fija como nuevo encuentro el próximo 9 de marzo.

Del suplemento Energía de “Río Negro”


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