Perspectivas grises

Tanto a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como a su marido les gusta dar a entender que son los artífices conjuntos de un "modelo" por tratarse de una forma de hacer pensar que están manejando la economía de manera coherente. Por desgracia, la realidad es muy distinta. Ya antes de iniciarse la gestión de Cristina se había hecho penosamente evidente que no tenían nada que pudiera calificarse de un "plan" o un "modelo" sino que se limitaban a improvisar sobre la marcha, tomando medidas que desde su punto de vista tendrían un impacto propagandístico positivo y ayudarían a personas con las que querían congraciarse o servirían para castigar a sus enemigos políticos, sin preocuparse en absoluto por las consecuencias a mediano plazo. Así las cosas, no es del todo sorprendente que a juicio de los asistentes a la Conferencia Anual de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), que acaba de celebrarse, el resultado de sus esfuerzos ha sido lamentable. Aunque el gobierno podría defenderse contra las críticas de los economistas presentes señalando que se trata de "neoliberales", las conclusiones de grupos centristas o izquierdistas han sido igualmente lapidarias, si bien por otros motivos.

Acaso la opinión más contundente fue la del chileno Sebastián Edwards, uno de los economistas más influyentes de América Latina, según la que "a diferencia de lo deportivo, la economía argentina está en tercera división, con riesgo de irse al descenso", una desgracia que atribuye a la propensión de los Kirchner a optar por lo que llama "medidas como atajos". Tiene razón Edwards, claro está, ya que el gobierno kirchnerista ni siquiera intentó aprovechar los años de "viento de cola" para emprender reformas destinadas a permitirnos comenzar a salir del subdesarrollo. Tampoco ha manifestado mucho interés en temas como los supuestos por la seguridad jurídica y la necesidad de que haya reglas e instituciones que estimulen la innovación y la productividad. Puesto que los Kirchner suelen subordinar absolutamente todo a sus propias prioridades políticas, han preferido aliarse con empresarios habituados a depender más de sus vínculos con el gobierno de turno que de su relación con el mercado, de suerte que era de prever que en términos generales apoyarían a los sectores más letárgicos de la economía en desmedro de los más dinámicos. También lo era que, a pesar de la retórica de Cristina en foros internacionales como el brindado por el G20, su gobierno estaría entre los más proteccionistas del planeta: según la Unión Europea, el único que nos supera en dicho ámbito es el ruso.

Como ya es normal cuando se reúnen economistas o empresarios, el estado de ánimo de quienes participaron de la Conferencia de FIEL era decididamente pesimista. Por ejemplo, Daniel Artana calificó de "desastrosa" la política fiscal de Cristina, ya que en unos pocos años el gasto público se expandió el 10% del PBI sin que se hayan registrado mejoras sociales, y afirmó que conforme con las pautas internacionales la presión impositiva no podrá intensificarse más. Otros economistas coincidieron en que la irresponsabilidad fiscal del gobierno kirchnerista provocará gravísimos problemas en el futuro inmediato y, como si ello no fuera suficiente, seguirá siéndonos sumamente difícil atraer las inversiones necesarias para aumentar las actividades productivas y de tal modo estimular la creación de empleo.

Para hacer todavía más lúgubre el panorama, no hay motivos para creer que el gobierno esté por intentar manejar la economía con mayor rigor, lo que, entre otras cosas, supondría el alejamiento del ex presidente Néstor Kirchner y su operador todoterreno, el secretario de Comercio Guillermo Moreno, de los puestos de mando que actualmente ocupan. Por el contrario, los Kirchner y sus principales colaboradores parecen estar tan obsesionados con la lucha contra los medios de difusión, contra los "destituyentes" que según los voceros oficiales están provocando trastornos, contra el campo y muchos otros sectores que supuestamente están procurando desestabilizarlos, que no les importaría que la economía nacional descendiera a la cuarta división, o a la quinta, con tal que pudieran imputar tamaña catástrofe a sus enemigos ideológicos o, como dijo Cristina una vez, "al mundo".


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