Pinti llegó para «abrir cabezas»

"Candombe Nacional" fue recibido en Mar del Plata con una ovación de pie. Pinti dijo que tiene la intención de "abrirle la cabeza a la gente". Un meta que evidentemente consigue.

«Candombe nacional» no deja «títere con cabeza» dentro del espectro nacional.
Mar del Plata (Télam).- Con una puesta en escena impecable, el autor, actor y humorista Enrique Pinti estrenó en el teatro Neptuno de esta ciudad, su renovado «Candombe Nacional 2003», que como él mismo definió, tiene la intención de «abrirle la cabeza a los argentinos». El espectáculo, que se estrenó en el Maipo porteño a comienzo del año pasado, fue «aggiornado» con los últimos acontecimientos políticos ocurridos en el país y el mundo, lo que justifica el agregado «2003» con el que se estrenó anoche a sala llena, y que terminó con el público ovacionando y aplaudiendo de pie.

«Muchos me dicen que me haga político y yo les digo que ni loco, que sería un desastre, porque yo sirvo arriba el escenario, para abrirle la cabeza a la gente», puntualizó el humorista en uno de sus impecables monólogos. Acompañado por cinco bailarinas y cinco bailarines que le dan un marco que realza la pintura que hace Pinti de la realidad nacional, el actor se desplaza y baila con una gracia que desafía a su talla física, y entona las punzantes canciones por él escritas sin caer en un solo bache, a pesar de las complicadas letras que son un reto aún para memorias tan prodigiosas como la suya.

Como siempre, sin pelos en la lengua ni concesiones a los que algunos definen como buen gusto, Pinti refiere las peripecias de un país «rico pero empobrecido, empobrecido pero fértil», desde aquel lluvioso 25 de mayo de 1810, originalmente representado, con precipitación incluida, con la música de «Cantando bajo la lluvia».

A continuación, con el estilo radial de los «50, en un bloque que denomina «Radio Me.Ka.Go. con Frecuencia…modulada», Pinti relata los vaivenes de dos décadas de la democracia recuperada a fines del «83 y vapuleada por los sucesivos gobernantes.

Sin dejar «títere con cabeza» dentro del espectro político nacional pero remarcando claramente que la salida tampoco está por la puerta de los cuarteles, entre carcajada y carcajada, Pinti reclama a los argentinos el ejercicio de la memoria, representada sobre las tablas por un viejo travesti desmemoriado.

Y además del gran escenario nacional, algunos de sus monólogos, en los que el espectador intuye que no olvida ni una coma, también reflejan las pequeñas realidades, como la de un jubilado de 82 años que peregrina con su insulina a cuestas mientras espera los tres meses que deben transcurrir para que le den un turno los médicos de la obra social. O la del ex estatal que malgastó su retiro voluntario en frustrados emprendimientos miniempresariales, económicamente quebrado, abandonado por su mujer y sus hijos exiliados, y transformado accidentalmente en travesti, al que no le queda otra alternativa que ejercer el más viejo oficio para subsistir.

Siempre apelando al humor, Pinti describe un panorama negro, pesimista, en el que parece no haber salida a través de la dirigencia conocida, ni mucho menos fuera de la democracia.


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