Pobreza global, producto de una distribución desigual



La Comisión Económica Para América Latina (Cepal) define que la concepción multidimensional de la pobreza “tiene que ver con fenómenos como la exclusión social, la cual involucra aspectos sociales, económicos, políticos y culturales, enmarcados en cuatro grandes sistemas de integración social: el sistema democrático y jurídico, el mercado de trabajo, el sistema de protección social y la familia y la comunidad”. Se trata de algo mucho más profundo que la sola carencia de recursos económicos y es un flagelo que afecta a una porción importante de la población global.

No hace falta urgar demasiado para descubrir que al mismo tiempo la riqueza y el cúmulo de recursos que se produce cada año en todo el mundo están distribuidos de forma desigual al extremo, y que allí radica una de las razones principales por las que millones de personas no logran tener condiciones de vida mínimas.

Los datos son elocuentes: según un estudio presentado por la organización de lucha contra la pobreza global Oxfam, en el 2015 sólo 62 personas acumulaban la misma riqueza que el 50% de la población mundial (3.600 millones de habitantes). Como si ello fuera poco, la tendencia es que la concentración aumente cada vez más. Apenas cinco años antes, en el 2010, había 388 personas que ostentaban ese nivel de riqueza. El informe agrega que desde el 2000 la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza global, mientras que el 50% de esa “nueva riqueza” fue a parar a manos del 1% más rico. Ese 1% más rico acumula actualmente una riqueza mayor a la del 99% restante de la población mundial.


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Pobreza global, producto de una distribución desigual