Poco clima, mucho empeine

No hubo un gran marco, pero sí un show de Messi y Cía.

eliminatorias

AP

Pintaba para noche fría, pero la Pulga y Pipita le metieron todo el calor.

BUENOS AIRES (Enviado especial).- La escena es poco habitual. Un Monumental carente de clima, con caras algo ensimismadas, al menos las albicelestes. Dicen que el Dios Messi lo puede todo, aunque existan almas reacias a aceptar aún su religión. Los locales, unos 25.000, quizá menos, se mantienen silenciosos y expectantes. Los chilenos gozan, disfrutan del ritual del fútbol, están entusiasmados. Es el inicio, el preámbulo del partido. El desenlace sería diferente. Por momentos no parecen visitantes los 5.000, se sienten superiores, al menos desde lo moral, por el equipo ofensivo que paró Borghi. Hace algo de frío y el cielo es plomizo, amenazante. Las entradas previas no volaron como en tiempos pasados. Será por la tormenta, el fin de semana largo, el costo de los tickets (80 pesos las populares y 180 las plateas más baratas). Hay tours carísimo que pagan extranjeros para ver a Messi, pero ese fanatismo no se multiplica como sería deseable. El reducto de River está lejos de noches gloriosas. Al menos en asistencia. El fervor surge por momentos, pero lejos está de la intransigencia emocional de otros años, cuando las decepciones eran menos. Muchos de los mejores empeines de Sudamérica se plantan en el rápido césped millonaria, cantan el himno y sienten que es un partido clave. La génesis de algo. Los argentinos, el inicio del final de tantas frustraciones. Los chilenos, la chance ideal para mantener el aura ganador que supo imprimirle Marcelo Bielsa, mal que le pese al Bichi Borghi (ver Los fantasmas...). Hay nervios y sensaciones encontradas en la cancha. Pero en las tribunas el contagio cuesta en el dueño de casa, llega y se evade como el penetrante olor gastronómico y las ráfagas de viento. Todo es intermitente. El clima, el fútbol y los nervios. Los Rojos se adueñan de la escena hasta que Gonzalo Higuaín decide mostrar su pedigrí. Pipita también habilita a Messi y el Dios del fútbol vuelve es feliz, marca con la albiceleste después de más de dos años (28 de marzo de 2009, ante Venezuela) y en el Monumental su nombre se corea como en el Camp Nou. Se repite. Emociona. Argentina no es una luminaria ni mucho menos, pero los arrestos individuales le alcanzan para hacer feliz a los miles que anoche comenzaron a soñar con que un cambio profundo puede ser posible.


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