Poder repartido y una obligación inédita: consensuar con la oposición

El cambio nacional impone desafíos a Juntos y al FpV.



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Wisky con Macri, cuando visitó la provincia. El futuro diputado aparece con una misión inicial que va más allá del plano legislativo.

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Soria, ganador pero sin referencia provincial ni nacional.

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HUGO ALONSO

halonso@rionegro.com.ar

El mapa del poder político tendrá una imagen inédita para los rionegrinos dentro de dos semanas.

Nunca antes hubo tanta dispersión partidaria en el mando de los municipios y tampoco una profunda desconexión inicial con el gobierno nacional, que por primera vez en democracia no será peronista ni radical.

Las 39 ciudades de la provincia serán gobernadas por siete estructuras partidarias formales. El Frente para la Victoria tendrá el mando en 15 distritos, la UCR en 11, Juntos Somos Río Negro en 9, en tanto que la CC-ARI, el Pro, Todos Somos Oro y el PUL asumirán en una localidad cada uno.

De la sola imagen del escenario institucional emerge una primera conclusión: el 10 de diciembre empieza una etapa de construcción de consensos para la política rionegrina.

“No se puede estar peleado con todo el mundo”, sintetizó el intendente de una de las cuatro ciudades más pobladas de la provincia cuando “Río Negro” le preguntó dónde se posicionaría en el futuro cercano.

Dentro de ese contexto, cada partido tiene fortalezas y debilidades.

El peronismo controla más municipios, pero perdió 11 este año y, entre ellos, dos de los más importantes: Bariloche y Cipolletti. Mantiene seis de los ochos espacios de la provincia en el Congreso de la Nación, pero a la hora de vincularse por obras y asistencia financiera externa, tendrá que jugar en terreno ajeno, porque el sello del FpV fue desterrado de Viedma y de Buenos Aires.

El oficialismo provincial ganó espacios locales. En su primera incursión electoral logró réditos importantes, como Bariloche, Regina, Allen, Catriel y El Bolsón.

El dilema para el gobernador Alberto Weretilneck es la referencia nacional. En la disputa por la Casa Rosada jugó con Sergio Massa primero y con Daniel Scioli después. Perdió las dos veces. Y también decidió no participar de las elecciones a diputados nacionales. Por lo tanto, en esta etapa inicial tiene poco para ofrecerle a Mauricio Macri más allá de un acompañamiento declamativo.

En el entorno del mandatario no computan ese débito y confían en que la necesidad de consolidar poder territorial genere un acercamiento natural entre el futuro presidente y el gobernador.

El radicalismo vive su primavera. Hace cuatro años fue eyectado del poder provincial, perdió municipios y se quedó sin bancas nacionales. En los comicios provinciales de este año volvió a chocar con los efectos de su desmovilización, logrando apenas un 3% de los votos.

Sin embargo, en varias ciudades encontraron el antídoto para esa disolución del poder, alineándose a un gobernador necesitado de adhesiones y que además no suele revisar las trayectorias partidarias ante promesas de fidelidad para su proyecto. El círculo resultó perfecto: Weretilneck e intendentes radicales reelectos, la mayoría de ellos en la Región Sur.

Y el “bonus” llegó a fin de año, con el frente Cambiemos desembarcando en el gobierno nacional. Además de las puertas que seguramente se abrirán más rápido en Buenos Aires para los jefes comunales de la UCR, en Río Negro hay que cubrir 250 cargos en organismos públicos. Misión imposible para el macrismo genuino, que por estas horas tamiza entre “los radicales de buena madera” (una frase de Carlos Soria) y los que siguen viendo al Estado como lo vieron durante 28 años: una agencia de empleo con predilección por los militantes afines.

El nuevo mapa político de Río Negro


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