El brutal crimen de la taxista de Regina, que sigue impune

En noviembre de 1995, al menos dos personas, degollaron a Mariela Rodríguez y la dejaron tirada al costado del Fiat Duna que conducía. La investigación fue pobre y los cinco acusados que llegaron a juicio, fueron absueltos por el beneficio de la duda.

25 mar 2018 - 00:00

El brutal homicidio de la taxista Mariela Laura Rodríguez, es uno de los crímenes que permanece impune en Villa Regina. Fue una noche de noviembre de 1995, cuando la degollaron y la dejaron tirada al lado de su auto. La investigación fue bastante pobre, y los cinco hombres que llegaron al juicio acusados del homicidio, fueron absueltos por el beneficio de la duda. La semana que viene se cumplirán 17 años de ese fallo, que llamativamente fue celebrado por la familia de la joven.

A pesar del paso del tiempo nada se supo sobre cuáles fueron los móviles y principalmente quienes fueron los autores. Las investigaciones por momentos fueron erráticas y se avanzaron sobre distintas pistas en base a dichos de testigos que finalmente quedaron muy mal parados tras el desarrollo del juicio oral y público.

Al principio se presumió que había sido en el marco de un robo, pero en el vehículo se encontró la billetera con 70 pesos que la taxista tenía en su poder. También un presunto ataque sexual, pero esto también quedó descartado en las pericias posteriores y porque quien solicitó el viaje nunca pidió que fuera una mujer. Una tercera línea era una presunta venganza, pero tampoco en este sentido hubo pistas que pudieran conducir a dilucidar el hecho.

La madre de crianza de Mariela, Anita Peña, falleció hace algunos años atrás sin poder saber quienes le habían dado muerte y lograr de esta manera un poco de consuelo a través de la justicia. El caso prácticamente quedó en el olvido de los reginenses.

El ataque que sufrió la chica, recordó otro hecho que había ocurrido un año antes en Villa Regina, con el homicidio de Letizia Pizzolato, una mujer de 87 años que también había sido atacada a cuchillazos en el interior de su vivienda. Este hecho también quedó impune. (ver aparte)

Sólo dos cosas siempre quedaron en claro: que en el homicidio actuó más de una persona, y que el ataque se produjo desde el asiento trasero del vehículo, mientras la mujer se encontraba sentada en el asiento del acompañante en la parte delantera.

Mariela era una joven de 23 años, que junto su pareja tenían un taxi con el que prestaban servicios en esta ciudad.

El hecho

En la madrugada del 27 de noviembre llegó el momento trágico. Junto a otros taxistas se encontraba en la base de la empresa “Comahue” ubicada en la zona céntrica de la ciudad, donde se recibió un llamado a las 4 de la mañana solicitando un servicio para un pasajero. Pidió que el taxista fuera a recogerlo tuviera cambio de 50 pesos.

Mariela tomó el viaje, pocos minutos después avisó a la base que el destino era el barrio Modelo. Fue la última comunicación que se tuvo con ella, y una hora más tarde los mismos taxistas dieron el alerta a la policía y en conjunto iniciaron el rastrillaje para dar con la taxista.

Dos horas después de que había tomado el viaje, su cuerpo fue encontrado en un callejón entre el canal principal de riego y un canal secundario, a unos dos kilómetros al sur del supuesto destino al que debía llevar al pasajero.

La imagen del lugar era desoladora. El cuerpo de la joven yacía sin vida boca arriba, con el torso semidesnudo a pocos pasos del taxi, un Fiat Duna de color rojo. Las manchas de sangre inundaban el lugar, y muchos curiosos en pocos minutos llegaron hasta el lugar ubicado frente a la Capilla Don Bosco sobre la calle Juan XXIII, para comenzar a enterarse lo que había ocurrido.

La policía, que inició las investigaciones se encontró sin pistas para tratar de dar con los autores. Las primeras pericias que se realizaron en el lugar y rastrillajes posteriores condujeron a los pesquisas hasta una vivienda en el barrio rural de Villa Alberdi, a casi cinco kilómetros del lugar donde se encontró a la mujer, y allí se detuvo a un hombre.

Los rastros de unas ruedas de bicicletas y pisadas fueron lo que condujeron a los uniformados hasta ese lugar; pero rápidamente se descartó la posible participación del hombre en el hecho, sino que casualmente algunas horas antes había pasado por ese lugar.

Pocos días después un testigo protegido aportó datos sobre el presunto autor del ataque, y por días la policía se volcó a buscar un hombre oriundo de Neuquén que tenía antecedentes por hechos similares.

Al aporte del testigo, sobre cuyos dichos se fue elaborando un identikit, se sumó que de acuerdo a las pericias que se realizaron en el teléfono público desde el que se realizó el llamado y en el taxi, había huellas dactilares que le correspondían.

Pero mientras los uniformados trataban de atraparlo, llegó una noticia que los descolocó totalmente. El hombre buscado, que en mayo de 1995 se había fugado de un centro de detención en Neuquén, había sido recapturado pocos días antes de que ocurriera el crimen en Regina.

Nuevamente la policía se encontró sin elementos para llegar a los autores.

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El Juicio

Las investigaciones continuaron y recién algunos años después y sobre la base de distintos testimonios, se llegó a la detención de cinco hombres, cuatro de ellos de Regina, presuntamente en la línea de investigación por una presunta venganza por la comercialización de estupefacientes. Aldo Pacher había sido detenido y procesado como instigador del hecho, mientras que se imputaba la autoría del crimen a los hermanos Rubén y Mario Suárez, Javier Inostroza. Se sumó Guillermo González Pino, que por aquellos meses vivió en Regina, estaba detenido por causas de estafa y además vinculado al triple crimen de Cipolletti.

Sin embargo en el juicio oral y público que se realizó en las instalaciones de la escuela primaria N° 52 de Villa Regina, con varias audiencias que se desarrollaron durante marzo de 2001 y que fueron seguidas por más de un centenar de personas, los jueces César López Meyer y Juan Rotter votaron por la absolución de los cincos imputados, mientras que la jueza María Evelina García votó en contrario.

El brutal crimen de la taxista de Regina, que sigue impune
López Meyer y Rotter votaron la absolución. García Balduini, no.

Los hermanos Suárez, Inostroza y Pacher, fueron puestos inmediatamente en libertad, González Pino continuó detenido por otros hechos por los cuales era juzgado.

El fallo absolutorio de los jueces, no generó reacciones adversas en la comunidad, sino que por el contrario fue bien recibido, e incluso la madre de crianza en ese momento consideró que se había hecho justicia, al considerar que ninguno de los jóvenes implicados en el hecho había tenido participación.

La absolución de los acusados, no generó reacciones adversas en la comunidad, sino que por el contrario fue bien recibido hasta por la familia de la víctima.
El brutal crimen de la taxista de Regina, que sigue impune
Los acusados aliviados tras la absolución. El último es Guillermo González Pino

González Pino, también en el Triple Crimen

Una de las “curiosidades” de este caso es que uno de los acusados que llegó a juicio, también fue sospechoso de haber participado del primer triple crimen de Cipolletti: Guillermo González Pino.

La coincidencia fue tal que la misma semana que escuchó el fallo que lo absolvió del crimen de la taxista Mariela Rodríguez, estaba enfrentando el otro juicio en Cipolletti. En ese caso también fue absuelto.

A pesar de la sentencia a su favor, González Pino no recuperó la libertad, como lo hicieron los otros cuatro acusados, porque enfrentaba otras condenas por estafas.

Luego de un tiempo se fue de Regina y siguió vinculado a la venta de autos.

Dos hechos similares con poco tiempo de diferencia

El crimen de Mariela Rodríguez ocurrido en noviembre de 1995, rápidamente fue vinculado con otro hecho aberrante que ocurrió en setiembre de 1994 en Regina, con el homicidio de Letizia Pizzolato.

Ambos hechos guardaban muchas similitudes en cuanto a las características del ataque con el que se dio muerte a las dos mujeres.

Letizia Pizzolatto, tenía 87 años y fue atacada en su vivienda sobre la calle Brown. Desconocidos ingresaron a la casa, redujeron a la mujer, la encerraron en una habitación donde la asesinaron con dos profundos cortes en el cuello que fueron realizados desde su espalda.

En este hecho también se presumió que el robo fue el motivo, pero nunca se pudo comprobar que faltara algún elemento o dinero de la casa.

En el caso de Mariela Rodríguez, también fue atacada por la espalda provocándole la muerte con dos profundos cortes en el cuello.

Los delincuentes no se llevaron dinero. Sí se determinó que faltaba un revólver calibre 32 que la mujer llevaba para su defensa.

En ninguno de los dos casos se pudo dar con el arma homicida, ni tampoco con otros elementos que pudieran conducir hacia los autores de los ataques.

Pocas pistas iniciales para resolver el hecho

El ataque y muerte de la taxista Mariela Rodríguez, puso en jaque el accionar policial para tratar de resolver el hecho y poder dar con los autores, porque no contaban con ninguna pista ni una hipótesis certera sobre el hecho.

El llamado telefónico para solicitar el servicio de un taxi se realizó desde un teléfono público, hoy inexistente, ubicado sobre la avenida Mitre, a la altura de la intersección con la calle Juan B. Justo. Era un teléfono muy utilizado, por lo que las pericias que se realizaron para tratar de obtener huellas, fueron muy complicadas.

Quien realizó el llamado no pidió por un móvil en especial, sino solo un taxista que tuviera cambio de 50 pesos, por aquellos años una suma considerable.

A su vez pidió que lo recogieran sobre la calle Juan B. Justo al 185, una dirección inexistente, y ubicada solo a unas diez cuadras del barrio Modelo, lugar al que supuestamente debía dirigirse una vez que levantara el pasajero la taxista.

Un vecino observó a la presunta persona que abordó el taxi. Sobre ese testimonio fue que se elaboró un identikit que rápidamente se difundió para tratar de lograr su identificación. Sin embargo este no coincidió con las investigaciones posteriores donde se descartó el accionar de un único delincuente, sino que se trabajó sobre la base de al menos dos atacantes, uno que tomó el lugar del conductor, mientras que la taxista fue pasada al asiento del acompañante, en tanto que en la parte posterior del taxi viajaba otra persona que retenía por la fuerza y amenazaba con un cuchillo a Mariela Rodríguez.

Si bien hubo varias declaraciones de vecinos, ningún testimonio pudo ayudar a encontrar a los autores del crimen.

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