El crimen del edificio 5 que devastó a una familia y sigue impune

Cipriano Alsina (73 años), un vecino del barrio Elflein de Bariloche, fue hallado muerto en su casa. Durante meses se sospechó de su ex, quien se suicidó. Luego se comprobó que era inocente.

08 sep 2018 - 23:30

Los gritos desgarradores de una mujer despertaron, sobresaltados, a todos los moradores del edificio. Varios salieron a los pasillos a ver qué pasaba. “¡El Negro! ¡El negro está desmayado y hay sangre!”, explicaba, angustiada, María Quijón, a un vecino del último piso, que salió a medio vestirse de su departamento por el apuro.

El hombre bajó rápidamente hasta el departamento 59, acompañado de Quijón, que estaba temblorosa por los nervios para ver qué le había ocurrido a su vecino. Entraron a la habitación y hallaron a Cipriano Alsina inconsciente, con el cuerpo doblado y apoyado sobre un pequeño mueble. Un hilo de sangre que emanaba de su cabeza había formado un charco en el piso. El vecino le tomó el pulso, pero no percibió nada. Alsina estaba muerto. Esa madrugada del 13 de diciembre de 2014 casi nadie volvió a dormir en el edificio 5 del barrio Elflein de Bariloche.

Minutos después, llegaron al lugar policías de la comisaría 28ª, de la Brigada de Criminalística y el fiscal de turno que constataron que Alsina, de 73 años, había sido asesinado.

Los policías levantaron una piedra de cuarzo partida en dos partes, que encontraron en el dormitorio, para analizar. Intuyeron que el homicida utilizó ese objeto para propinarle un golpe letal en la cabeza a la víctima. Otra lesión no tenía. El departamento estaba ordenado.

Jubilado y adventista

Alsina era jubilado. Sin embargo, fuentes que lo conocían desde hace más de 35 años comentaron esta semana a “Río Negro” que el hombre seguía trabajando en la construcción como contratista y pagaba, por lo general, todos los fines de semana los salarios de la cuadrilla. La investigación determinó que le faltaban unos 2.000 pesos, un celular y una libreta.

Cuando lo encontraron muerto, estaba aún vestido con su ropa de trabajo. No es un dato menor. Alsina profesaba el culto adventista y cada viernes debía cumplir un ritual riguroso para esperar el sábado, que es el día de la semana reservado para la comunión con Dios.

Por eso, ese viernes 12 de diciembre de 2014 finalizó antes su jornada laboral y regresó a su domicilio para preparar todo antes de que el sol se esconda detrás de la imponente Cordillera de los Andes.

En la fe adventista, las actividades seculares tienen que terminarse antes de que el sol se ponga el viernes. Por eso resultó extraño que Alsina no estuviera bañado ni vestido con ropa limpia.

Los edificios del barrio Elflein tienen una puerta de acceso en planta baja. Hay que superar ese obstáculo para acceder a las escaleras internas y los pisos donde están los departamentos.

Esa puerta de acceso casi siempre está cerrada porque cada morador tiene llave. Aunque a veces hay personas que se olvidan de cerrarlas. La persona que mató a Alsina accedió al departamento sin violentar nada.

En el casino

Quijón había llegado esa madrugada a su domicilio procedente del casino, donde estuvo varias horas. Cuando entró al departamento descubrió a Cipriano ensangrentado e inconsciente en su dormitorio.

La mujer y Alsina se habían separado, pero compartían el mismo departamento. Tuvieron cuatro hijos tras varios años casados.

Fuentes que conocieron a la pareja aseguraron a este diario que la convivencia era buena. Hasta compartían en algunas ocasiones cenas y fiestas de fin de año con alguno de sus vecinos del edificio.

“Ella era una mujer superalegre”, recordó un vecino que durante años se la cruzó en el barrio. Sin embargo, las sospechas apuntaron hacia la mujer.

La investigación por la muerte del hombre se archivó sin que se pudiera encontrar al o los culpables del crimen. Lo habrían matado de un golpe en la cabeza.
Un sobreseimiento que “no afecta el buen nombre y honor”

Casi cuatro meses después de que María Amelina Quijón resolviera quitarse la vida, la investigación que la tenía como principal sospechosa del homicidio de quien fuera su esposo, Cipriano Alsina, no aportó pruebas que confirmaran esa hipótesis fiscal.

Por eso, el entonces juez de Instrucción Ricardo Calcagno resolvió el 29 de abril de 2015 sobreseer a Quijón, “con la expresa mención” de que el expediente donde estuvo involucrada “no afecta el buen nombre y honor que gozare”.

El fallo de Calcagno indica que se la imputó por el homicidio de Alsina “que podría haber ocurrido entre las 22:15 del 12 de diciembre de 2014 y las 3:07 del 13 de diciembre de 2015” en el departamento 59 del edificio 5.

Según la acusación fiscal, la mujer atacó a Alsina con un elemento romo o duro y le asestó varios golpes en el cráneo, perdió el conocimiento y sufrió diferentes traumatismos. La muerte ocurrió por una hemorragia cerebral.

“Si bien se encuentra verificada en la pesquisa la materialidad del hecho con el deceso de Cipriano Alsina, lo cierto es que no se han incorporado elementos probatorios objetivos e independientes que dirijan la incriminación a la encausada [por Quijón]”, sostuvo Calcagno en el fallo que no se impugnó.

“Ante el cuadro de orfandad probatorio existente y que no se vislumbra la posible realización de diligencias probatorias que permitan corroborar en definitiva y del modo objetivo la participación criminal endilgada, corresponde sobreseer a María Amelina Quijón”, concluyó Calcagno.

Tras el sobreseimiento, la fiscalía solicitó varias medidas de prueba, que se hicieron. Fuentes judiciales informaron que se tomaron varias declaraciones, se pidieron informes a la Oficina de Investigaciones de Telecomunicaciones (Oitel) del Poder Judicial.

Por eso, triangularon varios números de teléfono para determinar información referida a la posible colaboración que tuvo Quijón, frecuencia de contactos, duración de llamadas, mensajes. También impacto de antenas. Todo respecto a días cercanos a la fecha del hecho.

El viernes una fuente que tuvo contacto directo con el expediente aseguró que se corroboró la versión de la mujer. Las filmaciones del casino constataron que Quijón estuvo en el horario indicado en la sala de juegos. Se tomaron declaraciones, se hicieron estudios de ADN y no surgió ningún elemento que incrimine a la mujer.

A finales del 2015, en el Ministerio Público Fiscal resolvieron reservar el expediente tras una reunión que hubo con familiares de la víctima, donde se les informó sobre la investigación. El expediente se reservó el 16 de diciembre de 2015. Nunca más se volvió a activar. Y el sobreseimiento de Quijón quedó firme.

“[Cipriano] Siempre fue un hombre callado. Tranquilo. No tenía conflictos con nadie. Ella era una mujer superalegre”,
recordó un vecino del barrio Elflein.
Datos
$ 2.000
además de un teléfono celular y una libreta, fue lo que se llevaron de la casa de Cipriano.
4
meses después de que se quitara la vida, la Justicia sobreseyó a Quijón como sospechosa del crimen.
Sospechas
El fiscal Eduardo Fernández, a cargo de la investigación del homicidio, dudó de la versión de Quijón, que alegó que no estuvo en el departamento desde las 22 del 12 de diciembre hasta las 3 del 13 de diciembre de 2014. Declaró que le dejó la comida preparada a Alsina antes de irse. Y alegó que todo ese tiempo permaneció en el casino.
También los policías asignados a la investigación desconfiaron de la versión de la mujer.
Fernández avanzó con esa línea de investigación que tenía a la mujer como la principal sospechosa del crimen. No profundizó otra. Hasta algunos familiares directos de la víctima comenzaron a sospechar de Quijón.
La mujer optó por aislarse. Vecinos del barrio recordaron que tras el homicidio de Alsina Quijón se encerró en el departamento y no se la vio más.
Mientras, el fiscal presentaba un pedido para detener a la sospechosa al entonces juez de Instrucción Ricardo Calcagno, a cargo de la causa. Calcagno desestimó la solicitud. Consideró que no había elementos de prueba suficientes para ordenar la detención de la mujer. El juez nunca estuvo convencido de que Quijón haya sido la autora del homicidio de su esposo.
El aislamiento de Quijón generó preocupación entre su círculo familiar. Más aún cuando ni siquiera respondía los llamados. Por eso un pariente político fue a verla después del mediodía del 27 de diciembre de 2014 al departamento. El hombre pidió colaboración a un vecino del edificio porque la mujer no abría la puerta. Intuyeron que algo estaba mal. Resolvieron ir hasta la comisaría 28ª a avisar sobre la situación.
Tragedia
Un oficial escuchó el relato y los acompañó hasta el edificio. El policía golpeó a la puerta. No salió nadie. Tampoco se escuchaba ningún ruido en el interior del departamento. Advirtieron que la puerta estaba abierta y entraron. Había un montón de papeles desparramados sobre la mesa. El oficial recomendó no tocar nada. Caminaron sigilosamente hasta una habitación donde hallaron a la mujer tirada en el piso, con la cabeza apoyada sobre la cama. Una mancha enorme de sangre completaba el dramático cuadro. La mujer había resuelto quitarse la vida, con un tiro de arma de fuego.
Dejó varias cartas dirigidas a sus hijos. Una fuente judicial que siguió el caso recordó el viernes que en una de esas cartas Quijón explicaba que no soportaba llevar una mochila cargada de sospechas. Y que era inocente. Quijón tenía 61 años.
“La hipótesis que manejó siempre la fiscalía y a la que concluimos después de recolectar numerosos elementos de prueba señalaba a Quijón como la presunta autora del homicidio de Alsina”, dijo el fiscal a cargo del caso tras la muerte de la mujer.
La investigación siguió adelante y no surgió ninguna prueba que comprometiera a la mujer. Por eso, Calcagno dictó el 29 de abril de 2015 el sobreseimiento de la mujer que quedó firme. La investigación no siguió adelante. Se diluyó con el paso de los meses y fuentes judiciales informaron que el 16 de diciembre de 2015 se archivó. Nadie en el Ministerio Público Fiscal quiso reactivar la investigación para esclarecer quién mató a Alsina, cuyo asesino sigue libre.
En el barrio Elflein recuerdan con cariño a Cipriano y Quijón. Un vecino memorioso rememoró que Alsina fue uno de los primeros en mudarse con su familia al edificio 5 cuando se entregaron los departamentos el 23 de mayo de 1984. “Siempre fue un hombre callado. Tranquilo. No tenía conflictos con nadie”, aseguró.
Pocos días antes de que lo mataran, un vecino lo cruzó en la despensa y Alsina lo invitó a comer un asadito de capón con la María.
Bariloche

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