Una llamada telefónica delató a los autores de un millonario hurto

En 1981, un empleado jerarquizado abrió el tesoro del Banco Dorrego, en Cipolletti, sacó dos millones de dólares y huyó con un hermano y un cómplice a Chile. A la bóveda le cambió el horario para que abriera 120 horas después. Pero uno de ellos llamó por teléfono desde Valparaiso y les siguieron la pista.

03 dic 2017 - 00:00

Uno de los robos de dinero más importantes de la región se concretó sin disparar un solo tiro, ni amenazar a absolutamente nadie. Alcanzó con que un empleado “de confianza” de un banco abriera el tesoro a primera hora de la mañana, retirara el equivalente a dos millones de dólares (según la versión oficial, otras versiones hablaban de una cifra de dinero mucho más abultada), cambiara el horario para que la bóveda se abriera recién 120 horas después y se fugara junto con dos cómplices a Chile. Pero una llamada telefónica de uno de los delincuentes desde el vecino país permitió ubicarlos y recuperar la mayor parte del botín. En el medio, uno de los más altos funcionarios del banco se suicidó.

La historia comenzó el jueves 19 de marzo de 1981. En el tesoro de la sucursal Cipolletti del banco Dorrego, en 9 de Julio al 400, había más dinero que el habitual, ya que temprano debía realizarse un envío “importante” a la casa matríz. Cuando el tesorero y el contador de la entidad llegaron a las 6,30 para concretar el trámite, se encontraron con que el sistema de relojes que permitía la apertura estaba alterado.

Tomaron todos los recaudos previstos para una situación de emergencia, pero no lograron la apertura del tesoro y finalmente a las 18,30 decidieron hacer la denuncia policial, señalando como “llamativa” la ausencia de uno de los empleados de confianza del banco, Orlando Alfredo Scianca.

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Abierto a soplete

Convocaron a un escribano, llegaron directivos del banco, estaba el gerente de la sucursal, José María Pérez, policías, y finalmente con un soplete, a las 3,30 de la madrugada del viernes pudieron abrir el tesoro. Según la cifra que dijeron públicamente, faltaban 4.450 millones de “pesos nuevos” (la denominación del dinero argentino entonces) y 27.000 dólares. Traducidos a la moneda estadounidense, dos millones de dólares.

La mención de la ausencia de Scianca en la denuncia policial no había sido casual. Scianca tenía 25 años y una interesante carrera dentro del banco Dorrego. En ocasiones había ocupado transitoriamente los puestos de gerente y de tesorero de la sucursal, lo que le permitía además tener las llaves de acceso al edificio y conocía el funcionamiento de la seguridad del tesoro.

Sabía que había mucho más dinero del que habitualmente tenían en la sucursal; que a las seis de la mañana se iniciaba el procedimiento de apertura y que los funcionarios siempre llegaban más tarde. Él llegó puntual, llenó una saca del propio banco y junto con su hermano Claudio y su amigo Carlos Solé emprendieron una veloz retirada a bordo de la llamativa cupé Chevy Serie Dos, anaranjada y con franjas negras, propiedad del empleado bancario

Por Pino Hachado

Tras la denuncia se lanzaron alertas a todos los puestos fronterizos y pronto en Gendarmería Nacional tuvieron novedades. Cerca de la medianoche, esa fuerza comunicó que a las 9,30 de la mañana se había registrado el ingreso a Chile del vehículo, por el paso Pino Hachado y que a su bordo viajaban los dos Scianca y Solé. Habían tardado cerca de tres horas para recorrer los 311 kilómetros que los separaban de la frontera.

Claudio Scianca tenía un negocio de compra y venta de maderas en Cipolletti, por lo que era habitual que viajara a Chile y en él se centraron las investigaciones, especulándose con que en el vecino país tendría contactos como para poder esconderse y salir del país cuando disminuyera la búsqueda.

Dos aviones fueron fletados por el banco con personal de la entidad y policías rionegrinos, para ayudar en la búsqueda de los fugitivos en Chile, donde se habían acentuado los controles fronterizos para evitar que la fuga.

Entre la noche del jueves y la madrugada del viernes, apenas conocido el robo, se suicidó un alto directivo del banco, el abogado David Esteban Lagleize, de 41 años, aumentando las especulaciones en torno de la verdadera cantidad de dinero faltante.

Otra de las especulaciones de los investigadores se centraban en las dificultades que tendrían los prófugos para cambiar la voluminosa carga de dinero, lo que consideraban que sería un impedimento para que los delincuentes salieran por un puerto o aeropuerto sin llamar la atención

El principio del fin

En la zona, además, se mantuvo el alerta en Entel, la antigua empresa estatal de telefonía, especialmente en el sector de llamadas internacionales, lo que rindió sus frutos entre las jornadas del viernes y el sábado. Uno de los fugitivos, Carlos Solé, llamó a un profesional de Cipolletti (probablemente un abogado) y allí quedó registrado por donde andaban los fugitivos, aunque a su vez se abrieron dos alternativas: la llamada provenía de “VAL”, en Chile. VAL podía ser Valdivia o Valparaiso. Se realizaron operativos en Valdivia, la que pronto quedó descartada como ciudad destino de los ladrones y la búsqueda se centró entonces en Valparaiso.

Eran tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet por lo que la ciudad costera, como todo Chile, estaba fuertemente vigilada, por lo que los investigadores trasandinos pronto dieron con los delincuentes argentinos.

En los primeros minutos del lunes 23 de marzo detectaron que en el hotel “Prat” estaban alojados Carlos Solé y Claudio Scianca. Hasta allí habían llegado en dos automóviles, un Toyota y un Datsun que habían alquilado por dos días pero que no habían devuelto a tiempo, por lo que la agencia ya había pedido la captura.

“Se nos terminó el mundo”

A la 0,30, el conserje del hotel, acompañado por cinco policías rionegrinos subió hasta el cuarto piso, donde estaban alojados Solé y Scianca y ante el llamado del hotelero Solé abrió al puerta. “Estaba con el torso desnudo. Claudio (Scianca) estaba recostado en la cama. Cuando reconoció a personal de la Unidad Séptima (hoy comisaría Cuarta) tomó constancia que todo estaba concluido. Según fuentes altamente confiables, en ese momento habría dicho: ‘Dios, se nos terminó el mundo’”, relataba la crónica de “Río Negro”.

En su poder tenían 3.280 millones de pesos y pasajes para viajar hacia Perú y de allí a México.

La captura de Claudio Scianca y Solé permitió saber que el grupo se había separado y que Orlando Scianca estaba en Santiago, con intenciones de viajar a Paraguay y de allí también a México. Pero un problema demoró la salida del avión algunas horas y los carabineros lo detuvieron en el aeropuerto de Pudahuel. Tenía su parte del botín: más de mil millones de pesos.

Los tres fueron traídos en avión a Roca, y desde allí los llevaron en auto a Cipolletti, donde cientos de curiosos se arremolinaron frente a la comisaría.

A la hora del recuento del dinero no era mucho lo que habían gastado: apenas para pagar el hotel, el alquiler de los autos, los pasajes y cuatro trajes para cada uno.

Los tres fueron juzgados por “hurto y defraudación” por la justicia federal.

Nunca se supo cuánto fue el total de dinero que el empleado de “confianza” y sus cómplices se llevaron aquella mañana.

El suicidio de un banquero

Aunque el “robo y defraudación” al banco Dorrego fue sin ejercer violencia, el suicidio del abogado David Esteban Lagleize le sumó una cuota de dramatismo. Lagleize tenía 41 años, era padre de dos hijos y ocupaba un alto cargo en el directorio de la entidad.

En la mañana del viernes 19 de marzo de 1981, fue encontrado muerto en el interior de un automóvil, propiedad del banco, en el denominado puente “Las Oscuras”, a pocos kilómetros de Coronel Dorrego, en dirección a Bahía Blanca.

El suicidio alimentó las especulaciones en torno a la existencia de más dinero que el declarado oficialmente como robado.

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