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Policías monásticos contra libertinos





Monjes policías tratan de limpiar las órdenes religiosas en Tailandia.

Los casos de monjes que sucumben ante las tentaciones del sexo, el dinero o el consumo de alcohol son competencia de la «policía monástica», creada en Tailandia para limpiar la orden de libertinos y prevenir mayores daños a su imagen.

La policía monacal va con la cabeza rapada, viste largas túnicas de color naranja y calza zapatillas como el resto de los monjes budistas, pero a diferencia de los agentes del orden público, no porta armas ni porras, ni tampoco esposas o grilletes.

Cerca de quinientos monjes integran este cuerpo monástico, la única con potestad para detener a los religiosos envueltos en actividades delictivas y la encargada de recopilar pruebas sobre los sospechosos de incumplir algunas de las 227 reglas contempladas por el código de disciplina. El seleccionado grupo de monjes, licenciados en Teología y Derecho, cumple similares funciones que la policía civil: realiza seguimientos de sospechosos, los fotografía durante sus actividades, toma declaraciones a testigos y efectúa las detenciones.

Phra Adul y Phra Sawoey, dos monjes en su tercera década de vida, son policías de acción, adiestrados en las artes marciales y ya curtidos en la tarea de practicar detenciones de religiosos borrachos, que venden droga o de aquellos que son denunciados por mantener relaciones sexuales.

A lo largo de su carrera, esta pareja de detectives monásticos que durante sus misiones trata de pasar inadvertida y se comunica mediante aparatos de radio, regresó en ocasiones a su «monasterio-cuartel» con rasguños fruto de la riña con algún falso monje que se resistió a la detención.

«En más de una ocasión estos sujetos nos han apuntado con su pistola», explicó Phra Adul, en alusión a los individuos que se disfrazan de monje para solicitar donaciones que van a parar a las arcas de la banda de pillos de la que forman parte.

La suplantación de monjes, actividad picaresca en auge, constituye uno de los mayores quebraderos de cabeza para la policía monacal, que en operaciones planificadas lleva a cabo ocasionales redadas en las áreas más frecuentadas por los bonzos de pacotilla.

En un país profundamente religioso como es Tailandia, las detenciones en las calles de sujetos vestidos con el hábito budista, y más aún las carreras de supuestos monjes que en su huida se desvisten y arrojan las túnicas, son espectáculos que dejan estupefactos a los paseantes.

Según el Departamento de Asuntos Religiosos, unos 30.000 monjes, incluidos novicios, son adictos a algún tipo de droga, mientras que durante los últimos años varios miembros de la comunidad monacal fueron condenados a largas penas de presidio por asesinato o violación. (EFE)


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