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Peleada mano a mano.

Con el triunfo bamboleándose entre radicales y peronistas. Y ambos intentando atraparlo con votos reales y proyecciones de los mismos. Una tarea, esta última abonada con desesperada alquimia.

En todo ese trayecto se insinuaba una tenue ventaja para el oficialismo. Tan tenue que había que mirar varias veces la foto.

Este era al cierre de esta edición el marco general que tenía la elección en Río Negro.

Provincia en que la jornada electoral ratificaba la vigencia que mantiene el bipartidismo en su sistema político. Sin el vigor excluyente de otros tiempos, claro.

Pero el 70% de los sufragios para gobernador se los llevaban radicales y peronistas.

La tendencia que adquiría la ventaja del radicalismo parecía incluso destinada a morder o incluso acreditarle mayoría en el la Legislatura provincial.

Y por primera en vez la transición, esa ventaja sintió que la veleidad que es propia del poder, esta vez se expresó en Roca. A lo largo de toda la transición, con prolija disciplina, esta ciudad fue la viga maestra del andamiaje radical. También la cuna en la cual forjó su gravitación Pablo Verani.

Ahora, en el lugar donde el radicalismo supo humillar al peronismo con 11 mil votos de ventaja, ayer lo superó por 600.

Un desplome que hay que referenciar con otra realidad: la política de aparato y clientelismo, tan consustancial al radicalismo a lo largo y ancho de la provincia, en Roca, paradigma de esa práctica, no tuvo la respuesta esperada.

Un toque de alerta para los operadores de este estilo de hacer política. La bolsita ya no rinde como en antaño.

Y después de 20 años desgastadores en el poder, la UCR acariciaba anoche lo que a todas luces se venía insinuando como un lujo asiático: gobernar con mayoría propia en la Legislatura Ausente de palenque sólido en Roca, la UCR lo encontró en Bariloche y Viedma. Y de la primera, emerge el nuevo símbolo del poder radical: Alberto Icare, el intendente. Un hombre que ve la política con sencillez. Y la siente como un servicio.

Resignado a acorralar a la UCR pero sin poder atraparle la yugular, el peronismo paga tributo a la sangría de votos que se le fue con Eduardo Rosso y su MARA. ¿Cuán drásticas son las diferencias personales y políticas entre Carlos Soria y Rosso como para que se desvanezca una vez más la posibilidad de llevar al PJ al triunfo?

Y Julio Arriaga y su Frente Grande hicieron la elección posible. Cumplieron donde se sabía que podían cumplir: Alto Valle Oeste y Bariloche.

En el resto de la provincia, lo esperado: un desganado salpicado.

Todo en una elección que anarquizó coronarias.

Carlos Torrengo


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