¿Por qué se pierde la gente en la montaña?

El caso de Manuel Kim, perdido y encontrado en la zona de El Bolsón, y el de Laureano Santos que permanece desaparecido en el Parque Nacional Torres del Paine, en Chile, hacen reflexionar acerca de las motivaciones que cargan los senderistas y de las razones por las cuales se extravían en el camino de regreso. “Río Negro” conversó con especialistas de Chile y la Argentina.



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Laureano Santos

Archivo

En abril de 1992 el joven Christopher McCandless se adentró en los bosques de Alaska con la ilusión de vivir una experiencia única: hacer contacto con la naturaleza por fuera de las convenciones que impone la sociedad moderna. Cuatro meses después McCandless estaba muerto. La autopsia determinó que había fallecido producto del hambre. A dos décadas de su pérdida la figura del explorador, que inspiró la película de Sean Pean “Hacia rutas salvajes” y el libro “Into the Wild” de Jon Krakauer, tomó la forma de una leyenda. Año tras año van creciendo en número y devoción los visitantes al destartalado autobús donde McCandless pasó sus últimas horas. Pero la aventura de retomar “la aventura” de este intrépido chico tiene sus riesgos. Una artículo del diario inglés “The Guardian” asegura que el año pasado doce turistas fueron rescatados por las autoridades en su intento de llegar al colectivo 142. Hoy un santuario.

No todos los amantes de la naturaleza conservan ideas tan radicales como la de McCandless que tenía entre sus ídolos a León Tolstoi y Jack London, dos de los escritores que le cantaron odas a la vida sin tapabarro, pero el deseo de volver a lo primitivo persiste en cada senderista sea este un desquiciado o un hipocondríaco con coraje. La desaparición y posterior rescate del joven Manuel Kim hace unos días en Cerro Lindo al oeste de El Bolsón por parte de un equipo de profesionales, se vincula con esta filosofía, en el fondo bastante urbana, que tiende un puente entre la existencia ciudadana y el cuerpo arisco de la naturaleza. El caso de Laureano Santos, el ingeniero mecánico del Invap, visto por última vez en el Parque Nacional Torres del Paine (Chile) el 25 de diciembre pasado, obliga a una reflexión acerca de los peligros que implica olvidar cuales son las propias limitaciones. “La naturaleza no tiene nada que ver sino la desatención de la gente. Hay un momento en que sobre valoran su capacidad o la vida que llevan normalmente les hace pensar que si se pierden alguien los va a ir a buscar y les va a solucionar el problema. Nadie se pierde por propia voluntad pero una vez que pasa hay un mecanismo que comienza a funcionar y que lleva a las personas a tomar decisiones que no son correctas”, explica Claudio Fidani, uno de los hombres que más sabe sobre rescates en la montaña en la región y el país. Fidani subraya que el momento en que los senderistas se relajan es especialmente delicado para su seguridad. “En los paseos secundarios se producen muchos accidentes, los esguinces, las pérdidas. El turista ya está tranquilo, deja su mochila en el refugio, pagó todo y sale a caminar desatento. Entonces se pierde o le pasa algo”, agrega Fidani.

Según relató del propio Kim fue durante un trayecto secundario que se salió del camino. Las condiciones climáticas tampoco lo ayudaron. Para recorrer alrededor de 11 kilómetros dejó su mochila en el refugio y partió sin tomar precauciones. En teoría, sólo en teoría, no la necesitaba. El resto es historia. En el caso de Santos, sus amigos le recordaron a “Río Negro” que el joven ingeniero mecánico tenía por costumbre salirse de las marcaciones. “No dar una serie de tips a la gente sobre lo que debe hacer cuando se sale del sendero es una deuda que tenemos los que nos dedicamos a esto. Creamos senderistas que sólo pueden ir por el lugar establecido y después no saben qué hacer. Nunca remontaron un arroyo y sólo saben seguir los puntitos rojos”, reconoce Fidani. “Santos se perdió en la parte más dura del recorrido en el Paine, es una morrena –un manto de piedras que queda en el retroceso de un glaciar–, pero esto no significa que sea fácil perderse. En realidad, es lo contrario. Tal vez había mal clima y se confundió. Yo recién llegué de esa zona y vi chicos de 8 y 10 años caminando por ahí”, explica Iván Gómez, licenciado en Turismo e integrante de numerosas travesías en Torres del Paine. A Santos se le perdió el rastro en el llamado Paso John Garner que primero tiene la forma de una huella para después abrirse como una calle cubierta de piedras de distinto tamaño. El Paso es el punto más alto del circuito –1200 metros– y desde el cual se puede observar el imponente Campo de Hielo Sur.

“Sólo aquellos que arriesgan a ir demasiado lejos pueden descubrir que tan lejos pueden llegar”, escribió T.S. Eliot pero a veces ese “tan lejos” podría significar demasiado. Cada año son rescatadas entre 7 y 10 personas en las áreas naturales que rodean a Bariloche. Pero el número de extraviados podría ser mayor si se cuenta a los que vuelven al refugio por sus propios medios.

El “Missing Person Behaviour”, de Dave Perkins y Pete Roberts, editado por la Junta de Rescate en la Montaña del Reino Unido, asegura que si se analiza el comportamiento y la personalidad de los que se perdieron esto será de gran ayudará a la hora de predecir las posibles acciones del sujeto buscado. Raúl Kim, hermano de Manuel Kim le había dicho a la prensa que una de las características de Manuel era mantener la calma en situaciones difíciles. El manual inglés además exhibe cifras ineludibles. En la categoría “Adultos en general” describe a los caminantes como personas con intereses vinculados a las actividades al aire libre, inadecuadamente equipadas para las circunstancias que finalmente enfrentarán y sin mapas o brújulas. Un alto número de estos son hallados a 8 ó 9 kilómetros de donde se perdieron. El porcentaje de fatalidades es del 43%. En el caso de los senderistas, son definidos aquellos que viajan bastante y poseen cierta experiencia con la naturaleza. Según el texto, se pierden de noche o en los cruces de los caminos. En su caso las muertes llegan al 11%.

“En ocasiones las personas tienen conductas extrañas, impredecibles, que incluso a nosotros no nos cierran pero ya forman parte de la psicología de cada uno. Hay algunos que se refugian o permanecen inactivos cuando podrían avanzar o buscar ayuda aprovechando el buen clima”, indica Iván Bonazalza, subjefe de la Comisión de Auxilio del Club Andino de Bariloche.

Kim constituye un récord de permanencia en la montaña en estas condiciones. En su caso fueron 12 días en los cuales se movió poco y sobrevivió a base de agua de los arroyos. En 2005 un adolescente de 17 años se esfumó al salir del Refugio Neumeyer en el valle del Challhuaco. Fue encontrado a los 10 días cerca del arroyo Botella en buen estado. Para los especialistas este caso como el de Kim son parte de un mismo acertijo. ¿Cómo lograron resistir? ¿En qué estaban pensando pasados los 10 días en la montaña? Sólo podemos estar seguros de que en ambos jóvenes imperaba el deseo de descubrir algo, invisible pero avasallador, que estaba lejos, muy lejos de casa.

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

El joven Manuel Kim, al ser hallado cerca del límite con Chile por la perra rastreadora Uma, de la Policía de Cipolletti.

Un rescate coordinado por el Club Andino Bariloche.


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