Un punto de inflexión que el gobierno debería aprovechar

26 jun 2018 - 00:00

El panorama económico del día a día se tranquilizó de la mano de noticias un poco más positivas, como fue el arribo del primer desembolso del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la recalificación de Argentina, ahora, como “mercado emergente”.

Después de esas novedades, los mercados locales han tenido un poco más de calma, a la cual ha contribuido también la decisión del gobierno de mover algunas “fichas” en el gabinete económico, frente el desgaste que estaban sufriendo funcionarios como Federico Sturzenegger, extitular del Banco Central, como así también Juan José Aranguren y Francisco Cabrera, exministros de las carteras de Energía y Producción.

Sin dudas , tal como lo anticipó Luis “Toto” Caputo, el principal objetivo en este momento es estabilizar definitivamente el mercado cambiario local y, a partir de allí, generar condiciones para volver a crecer e intentar bajar la inflación.

Para ser sinceros, los desafíos que tiene por delante el gobierno nacional no son nada fáciles, más allá del gran apoyo financiero del FMI y de otros organismos internacionales.

Tiene que encarar, en forma urgente, un ajuste fiscal que será progresivo en los próximos dos años, con un clima social más caldeado que hace un año atrás y, a la vez, buscar herramientas que puedan reencauzar un crecimiento económico que en el segundo trimestre de este año se perdió por completo.

Allí los nudos centrales son dos. Decisión con firmeza y margen político. Hasta ahora el gobierno del presidente Mauricio Macri no ha tenido toda la firmeza que se necesitaba para disminuir el déficit de las cuentas públicas.

En el oficialismo dicen que con minoría parlamentaria y con el escaso margen que siempre otorga el peronismo cuando es oposición, lo que se hizo fue manejar el gradualismo hasta donde pudo, sobre todo con respecto a las condiciones externas.

Pero la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, sumado al menor ingreso de dólares por la sequía y varias desprolijidades en materia de política monetaria, fueron el germen de la desconfianza y la corrida que empezó hacia fines de abril.

El segundo aspecto es el margen político que tiene el gobierno. Un punto fundamental si se quiere aprovechar “el veranito” que implica el acuerdo con los organismos internacionales y la calificación de Argentina como mercado emergente.

Los principales agentes económicos del país, tanto de capitales locales como externos, siguen evidenciando dudas sobre si Macri podrá profundizar mucho más el ajuste, como implica la gran meta de llegar al próximo año a un déficit fiscal del 1,3 por ciento del PBI.

El ajuste deberá ser más fuerte y más rápido que lo calculado en principio y hay que tener en cuenta otro dato que no se puede dejar pasar por alto: después de las próximas vacaciones de julio comenzará la campaña electoral para la presidencial de 2019 y ahí hay que ver como se efectivizan esos anuncios.

Aunque suene quizás como muy temprano, tanto en el propio gobierno como en los principales sectores de la oposición admiten que los tiempos del inicio de la campaña electoral se adelantarán.

Y precisamente si la actividad proselitista empieza antes, la perspectiva de hacer el recorte de gastos que se requiere va a ser una tarea sumamente complicada.

De hecho, esta semana comenzó con un paro general y todo indica que el sindicalismo se va a poner más combativo.

Allí es donde La Rosada deberá recurrir a toda la cintura política necesaria, mucho mayor de la que demostró hasta ahora para cumplir con los compromisos asumidos y generar condiciones de regreso al crecimiento económico.

Los principales agentes económicos del país siguen con muchas dudas sobre si Macri podrá profundizar el ajuste, como implica la meta de un déficit fiscal del 1,3% del PBI.

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