“Preocupémonos y ocupémonos de los otros Diegos”



No creo que sólo sea cuestión de probar la culpabilidad del que mató a Diego. Por supuesto que es vital el esclarecimiento de tan triste hecho, porque la misma Biblia nos dice justamente que “El efecto de la justicia será la paz y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre”. A lo que me refiero es a que si nuestra respuesta se limita al ámbito de lo judicial será cuestión de tiempo encontrarnos con otra noticia, triste y mortalmente semejante. Soy de los que creen que estamos frente a un problema mucho más grave, grande y complejo y que la muerte de Diego sólo es la punta de un gran iceberg de toda una problemática familiar, social, económica y sobre todo espiritual de nuestro Bariloche que tampoco se halla “tan debajo de la superficie”, aunque actuemos (o no lo hagamos) como si así fuese. Es cierto que tenemos la tendencia equivocada a actuar en forma espontánea y puntual, creyendo que para estos hechos la mejor respuesta consiste en otras drásticas acciones o reacciones que no tienen la virtud de perpetuarse en el tiempo. Un crimen se puede esclarecer, y aun penar, “en cuestión de días u horas”, depende de la presión de la opinión pública, pero todo el conflictivo contexto social y familiar en el que surgió no se cambia, ni se sana, de un momento para el otro. Debemos preocuparnos y ocuparnos “de los otros Diegos”, cada uno desde el lugar que ocupa en la sociedad, pero no sólo hoy, porque estemos a horas de este luctuoso hecho, sino involucrándonos en trabajos y emprendimientos que se proyecten en el tiempo y que apunten a las diversas problemáticas que amenazan a nuestra niñez, adolescencia y juventud. No sé si la solución pasa por las grandes convocatorias a personas e instituciones de distinto tipo a embarcarse en “cruzadas” cuyo entusiasmo dura lo que duran la indignación, la bronca y el dolor por este tipo de muertes. Soy pastor y creo en Dios y en su poder, pero también creo que todo aquello que obtiene buenos frutos y resultados perdurables y evidentes en las personas exige de nosotros sacrificio, tiempo, dedicación y compromiso. Respecto de nuestras autoridades políticas, sí me atrevo a demandarles, en el nombre de Jesús, que se preocupen y ocupen de los “otros Diegos”, pensando sobre todo en cómo atacar en forma eficaz la violencia y la delincuencia, que no es justamente partiendo de la etapa final de la represión. La problemática espiritual, económica y social de Bariloche los desafía a llegar en una forma más eficaz no sólo a los barrios sino también a los hogares, en un alcance para el cual las iglesias y las escuelas son quizás más efectivas que un policía o un funcionario de gobierno. Si usted es docente (y más allá del sueldo que perciba, que sé que no es mucho), es tiempo de que saque a relucir su verdadero corazón y su pasión por la profesión. No se limite a su aula de clases: preocúpese por la vida de sus alumnos, esté dispuesto a escucharlos y, sobre todo, a manifestarles aprecio y respeto… ¡se sorprenderá grandemente de los resultados que puede obtener! Como cristiano, desafío a todos los que se digan ser discípulos de Jesucristo a no limitarse a las cuatro paredes de nuestros templos o capillas. Si de algo nos dejó ejemplo Jesús es de que, mientras estuvo físicamente en la tierra, “…recorría… todas las ciudades y los pueblos”. ¿Cuál fue el resultado de “sus caminatas”? Sigue diciendo la Biblia: “Viendo la multitud tuvo compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos como ovejas sin pastor”. Como cristiano también siento carga por dejar claro a todo aquel que me quiera oír que mi real convicción es que el verdadero cambio, aquel que llegue a todos los niveles y ámbitos de nuestra amada Bariloche, debe comenzar ni más ni menos que en el corazón de las personas. Y ese cambio sólo puede hacerlo Dios y sólo en aquel que se anime a creerle. Guillermo Robert, DNI 17.811.365 Pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista Bariloche

Guillermo Robert, DNI 17.811.365 Pastor 1ª Iglesia Evangélica Bautista de Bariloche


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