Preso de los resultados



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¿Hasta dónde podrá Boca seguir como si nada hubiese sucedido? La respuesta, como sucede en el fútbol, la darán los resultados. La conquista del Apertura, el invicto de 32 partidos y el logro de haber reordenado a Boca le daban a Julio Falcioni una ventaja. Ahora, una pequeña seguidilla de resultados eventualmente adversos, en medio de un plantel sobre el que perdió autoridad, reducen su margen de maniobra. ¿Hasta dónde una derrota, o una simple caída de nivel, no podría ser leída como una pérdida de confianza de los jugadores hacia el DT? No es que se pierda a propósito, pero sí que la mística colectiva, si la había, se ha roto. Los medios siguen publicando el historial de conflictos que Riquelme tuvo con varios DT (no recuerdan la muy buena relación que tuvo con otros) y efectúan encuestas cuyos resultados sugieren un fastidio de muchos hinchas hacia el crack. Lo hacen aún después de que se aclaró que no fue Riquelme quien indicó a Cvitanich que jugara más por el medio que por los laterales, como le había ordenado el DT, en el pobre empate sin goles ante el modesto Zamora venezolano. Los medios publican esos informes, tal vez, porque, más allá de la supuesta inocencia de Riquelme en este asunto, todos saben que la relación entre el crack y el DT jamás fue buena y que había empeorado en la pretemporada. ¿Es cierto que Falcioni interpretó como una crítica a su trabajo la admisión de Riquelme de que Boca debía mejorar su juego si quería apuntar a la Libertadores? El poder suele medir todas y cada una de sus intervenciones, y también las de sus rivales. Las lee en clave propia. Porque, leído de otro modo, Riquelme no hizo más que coincidir con casi el 90% del periodismo argentino, que considera a Boca un campeón indiscutible, pero señala que su juego es opaco. ¿No sucedió acaso eso en el debut del Clausura, un partido que Olimpo inició mejor, hasta que Boca rompió el cero con un gol en el que había cuatro jugadores en offside? ¿Y no volvió a suceder lo mismo el martes en Venezuela? Boca tiene pobre elaboración y Riquelme, aún siendo el que más desequilibra, sufre limitaciones físicas que condicionan su rendimiento. Falcioni, como tituló ayer acertadamente el diario “Olé”, “perdió el invicto”. Y Riquelme puede ayudar a que la tormenta pase rápido. Habrá que ver si quiere hacerlo.

opinión

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES


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