Al rescate del patrimonio vitícola de la Patagonia

El objetivo es identificar, recuperar y estudiar variedades en peligro de desaparición con potencial para la mejora de la industria enológica de la zona.

10 mar 2012 - 00:00

La disminución progresiva de la diversidad genética de la vid es un problema que afecta sobre todo al material más antiguo y propio de cada región, con serio riesgo de desaparecer ya sea por el abandono o por la erradicación de los viejos viñedos existentes. De no tomarse medidas oportunas es muy probable, por la tendencia actual de la alta concentración varietal, que esta disminución de genotipos sometidos a la erosión genética provoque un empobrecimiento del patrimonio vitícola que es imprescindible preservar. El norte de la Patagonia no escapa a esta situación. Con el objetivo de identificar, recuperar, preservar y estudiar los diferentes genotipos de vid que son la reserva de variabilidad genética de la zona y que en la actualidad se hallan en grave peligro de extinción, la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue formuló un proyecto de investigación sobre “Preservación del patrimonio vitícola patagónico”, con la colaboración del INTA Alto Valle, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) y la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN). El primer paso fue una recorrida del grupo de trabajo por los alrededores de Río Colorado y a lo largo del Valle Inferior del río Negro e islas con algún antecedente de presencia de viejos viñedos: Carmen de Patagones, San Javier, Zanjón de Oyuela, Cubanea, Monte Bagual, Boca de la Travesía y Guardia Mitre, con el fin de comenzar a identificar el material vitícola existente y marcarlo para su posterior extracción y multiplicación. Se prevé que las yemas rescatadas de los viejos viñedos se pongan en condiciones de cultivo en la Estación Experimental Alto Valle del INTA para posteriormente realizar vinificaciones a escala piloto. La exploración en los lugares citados obedece a que allí fueron implantadas, desde 1822, cepas de vid provenientes de Europa. Éstas se fueron dispersando en las islas localizadas en el tramo inferior y rn la desembocadura del río Negro. Luego el cultivo se extendió hacia un fortín de resguardo –fundado por Francisco de Biedma en 1872–, cinco leguas al oeste de Viedma, en la margen sur del río Negro, llamado Guardia de San Javier (hoy San Javier) y a Coronel Pringles (actual Guardia Mitre), sobre el camino del norte. Los resultados esperados al final del proyecto (que tiene una duración de tres años) son la recuperación y preservación del encepado histórico en riesgo de desaparición, la investigación histórica del material recolectado y la caracterización ampelográfica de las variedades estudiadas. Esta última consiste en la descripción de los diferentes caracteres morfológicos de las cepas, como por ejemplo la forma y el color de racimos y hojas. Según el ingeniero Federico Witkowski, “las variedades a rescatar podrían ser empleadas en procesos de mejoramiento o en la obtención de nuevos vinos. Esto es fundamental para tener una respuesta competitiva y sostenible a futuros desafíos del mercado”. La explotación de estos cepajes podría, por tanto, redundar en la mejora, diferenciación y tipificación de los productos de la industria enológica patagónica, haciéndola más exclusiva. Por otra parte, al tratarse de variedades antiguas y ya adaptadas a nuestras condiciones de cultivo, se contaría con una ventaja competitiva adicional. Fuente: INTA Alto Valle

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