La inversión extranjera directa en Argentina llegó a u$s 12.551 millones en el 2012

No hubo indicios muy claros de un aporte relevante a la generación de nuevos sectores o la creación de actividades de alto contenido tecnológico. Motivos oficiales para limitar la repatriación de ganancias de las empresas del exterior.

02 jun 2013 - 00:00

Hacia fines de los 90 del siglo pasado hubo un quiebre en la tendencia expansiva de la inversión extranjera directa (IED) en la Argentina, como consecuencia de:

• una declinación de los flujos, derivada de las tendencias recesivas en la economía internacional, y

• una contracción en la economía argentina, que se profundizó hasta la crisis de 2001/2002.

Cecilia Fernández Bugna y Fernando Porta, integrantes de Redes, Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior, explicaron que, como parte del proceso, “las empresas transnacionales aceleraron y profundizaron los envíos de utilidades y mantuvieron, al mismo tiempo, elevados endeudamientos en moneda extranjera”. Consecuentemente, “los flujos de IED se desplomaron hasta alcanzar un valor mínimo en el 2003”.

Los expertos observaron un mayor participación de la IED en las actividades extractivas –principalmente la gran minería– y en la industria manufacturera, sobre todo en aquellos segmentos con mayores componentes exportadores: automotor, agroalimentación y químico.

A diferencia de la década anterior, los ingresos de IED se cubrieron en mayor medida mediante reinversiones de utilidades para nuevos emprendimientos, la adquisición de firmas locales privadas o la ampliación de la capacidad productiva.

“La Argentina se convirtió en una de las economías más transnacionalizadas del mundo, pero con reducidas contribuciones a la mejora de las capacidades productivas locales y a las modificaciones y diversificaciones del patrón tradicional de las exportaciones, por lo que, con excepción de los sectores basados en ventajas naturales, indujeron a un déficit comercial creciente”, indicaron los especialistas de Redes. Del mismo modo, notaron evidencias de que “los derrames tecnológicos fueron débiles y de que en el marco de las desnacionalizaciones se habrían transferido al exterior actividades de ingeniería y de investigaciones y desarrollos (I+D) antes realizadas por las empresas locales”.

La IED en la Argentina creció un 27% interanual en el 2012 al llegar a 12.551 millones de dólares, o sea el equivalente al 7,23% del total de 173.361 millones que recibió América Latina y el Caribe el año pasado (el 37,65%, o sea 65.272 millones, lo captó Brasil). Así lo reveló la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 14 de mayo, advirtiendo que “no hubo indicios muy claros de un aporte relevante de la IED a la generación de nuevos sectores o a la creación de actividades de alto contenido tecnológico”.

De aquellos 12.551 millones (una mejora del 27% respecto de los 9.882 millones del 2011), hubo 7.984 millones (63,6%) para forzadas reinversiones de utilidades. Hubo una expansión del 7% en los aportes de capitales respecto del promedio del período 2007-2011 y en la reinversión de utilidades, incrementos mayores por las presiones del gobierno nacional para que las empresas vinculadas con intereses extranjeros reinvirtieran las utilidades generadas en el país en vez de dirigirlas a sus casas matrices o países de origen, tras el cepo cambiario y otras restricciones.

“A priori, es difícil determinar si la inversión extranjera en la Argentina es de calidad o generadora de empleo”, declaró Giovanni Stumpo, jefe de la Unidad de Inversiones y Estrategia Empresarial de la Cepal, teniendo en cuenta que la principal IED estuvo vinculada con el quehacer agropecuario, en especial con el monocultivo de la soja, que no se caracteriza por generar ocupación.

La Argentina se ubicó como quinto destino de las IED (ver cuadro). La Cepal recordó que “España era el principal país de origen de las inversiones, seguido por Estados Unidos, los Países Bajos, Brasil y Chile. Esta distribución se modificó en el 2012 por la nacionalización del 51% de YPF, la principal empresa petrolera de la Argentina, que estaba en manos de la española Repsol”. Por eso España cayó el año pasado al octavo lugar como origen de las IED, detrás de Estados Unidos, Brasil, Suiza, Chile, Dinamarca, Holanda y México.

La falta de reinversión de las ganancias fue el principal argumento de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando reestatizó YPF. Además, decidió limitar la repatriación de ganancias de las empresas extranjeras con la intención de que las reinvirtieran en el mercado interno.

“La posición de la Argentina es absolutamente artificial: creció porque se considera como IED la reinversión de utilidades de las empresas que no pudieron girar nada hacia afuera porque Guillermo Moreno no lo permitió”, aseveró Marcelo Elizondo, titular de la consultora DNI y exdirector de la Fundación ExportAr.

La Cepal se refirió a los efectos de las inversiones sobre la ocupación. En el sector minero –en auge en Argentina y en toda la región, pese a las resistencias de parte de la sociedad–, un millón de dólares genera medio puesto de trabajo, pero si se orienta a bienes intensivos de ingeniería crea cuatro altamente calificados.

Del año pasado, la Cepal destacó como las principales inversiones la compra por el Industrial & Commercial Bank of China (ICBC) del 80% de Standard Bank Argentina y por la australiana QBE Insurance Group de la aseguradora del grupo británico HSBC. Asimismo, mencionó aumentos de la participación de capitales brasileños en empresas petroleras y de alimentos y que “los proyectos de nuevas inversiones con mayor magnitud estuvieron orientados a la producción agropecuaria; en particular, el chino Chongqing Grain Group adquirió tierras destinadas a la producción sojera e intentó asociarse con el local Molinos Cañuelas”.

Entre las causas que impidieron que la Argentina se convirtiera en el objetivo final de los inversores extranjeros se mencionaron “los excesos de controles, la falta de confianza y la incertidumbre macroeconómica, que impiden una mayor entrada de capitales”.

Según el Instituto Argentino de Capitales, las compañías extranjeras radicadas en el país giraron a sus casas matrices unos 4.400 millones de dólares durante el 2011, precisamente el último año que tuvo la Argentina sin restricciones en el mercado, y en el 2012, con la aplicación plena de los controles, 225 millones. No obstante los menores pagos de deuda previstos para el año en curso, las remesas de dividendos continúan restringidas.

El economista José Luis Espert comparó los niveles de IED con el tamaño del Producto Bruto Interno (PBI) de cada país y llegó a la conclusión de que el año pasado los de mejor desempeño fueron Chile, Perú y Uruguay. En cambio, la Argentina y Brasil se ubicaron en el sexto y el séptimo puesto respectivamente. El peor de la región resultó Ecuador. Espert puntualizó que “en materia de IED, la Argentina está por debajo de Colombia, que tiene un PBI un 30% más chico y casi igual que Perú, que tiene un PBI un 139% menor”.

Otro economista, Carlos Melconian, afirmó que “en términos relativos contra el resto de la región, la Argentina tiene por delante países con PBI muy inferiores” y que, “en el actual contexto, para el gobierno kirchnerista la entrada de IED es un proceso terminado y condenado”.

Mauricio Claverí, de la consultora abeceb.com, observó que, desde hace una década, la Argentina no resulta atractiva para los inversores. “Tiene que ver con los constantes cambios en las reglas de juego, la incertidumbre por la presión fiscal, por la posibilidad de que se aumenten los impuestos –dedujo–. Pero, sobre todo, con no poder proyectar negocios a largo plazo”, interpretó. Y agregó que “la coyuntura claramente desalienta al inversor: la política cambiaria, la imposibilidad de entrar insumos importados y el cepo al giro utilidades son algunos temas que afectan a las empresas”.

Entre las compañías reticentes a invertir, el caso más resonante fue el del megaproyecto minero brasileño Vale, en el sur de Mendoza. Pese a los esfuerzos del gobierno provincial, se fue del país, por lo que no invertirá unos 6.000 millones de dólares ni ocupará a más de 6.000 empleados.

La relevancia de la IED se advierte en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos: de las 500 empresas más grandes del país –que representan el 23,2% del valor agregado total de la economía– unas 322 son de capitales extranjeros.

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