Pulso Rural

Sustentable y estratégico

El centro Cemubio genera tecnologías para multiplicar a gran escala algunas especies de insectos nativos. Estos son destinados al control biológico de plagas clave de la frutihorticultura. En agosto próximo inaugura nuevas instalaciones.

10 jun 2018 - 00:00

Corría el año 2005 cuando el equipo de investigación de Sanidad Vegetal del INTA Alto Valle halló en el Norte de la Patagonia una avispa nativa con potencial para el control biológico de plagas, especialmente polillas como la carpocapsa, que generan daños millonarios a la producción regional.

Luego una década de investigaciones a campo y en laboratorio, el equipo logró dar un gran salto cualitativo al llevar adelante la primera experiencia de control biológico inundativo en frutales de pepita con esta especie benéfica autóctona. Una experiencia inédita en la Argentina, que se repitió durante tres temporadas. En la última (2017/2018) se logró liberar a campo un millón de estos biocontroladores en manzanos y perales (una cifra cinco veces mayor a la original), gracias a la incorporación de un innovador método de cría.

Por su carácter generalista, la especie está siendo evaluada para el control de otras polillas en distintos cultivos intensivos y extensivos, por investigadores de Argentina y Chile.

La historia de esta avispa fue la motivación para gestar, hace dos años, el Centro de Multiplicación de Biocontroladores (Cemubio). Al respecto, la Dra. Liliana Cichón, líder del proyecto, explicó: “Constantemente nuestro equipo explora los agroecosistemas locales en busca de especies que tengan potencial de uso. Luego de someterlas a múltiples estudios para determinar su eficacia y potencial, desde el Cemubio desarrollamos la metodología para el escalamiento de su multiplicación (es decir, para lograr grandes escalas)”. “Posteriormente se formuló un modelo asociativo público-privado que permita la disponibilidad comercial del bioinsumo para el sector productivo”, añadió.

La investigadora también hizo hincapié en una problemática clave que se intenta resolver a través del Centro. “A excepción de algunos casos exitosos en cultivos hortícolas bajo cubierta en el Norte del país, el control biológico en la Argentina no ha logrado despegar de las etapas experimentales, probablemente por la ausencia del escalamiento y el modelo asociativo propuesto”, indicó.

Para la concreción del Cemubio se obtuvo financiamiento del Ministerio de Agroindustria de la Nación, a través de la provincia de Río Negro, por la suma de $ 5.800.000. El monto fue destinado a la contratación de recursos humanos y a la construcción –con mano de obra local– de cuatro laboratorios de 200 metros cuadrados que será inaugurado en agosto próximo en la Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle (Ruta Nacional 22, km 1190).

A través de convenios de vinculación tecnológica, el INTA y la Fundación ArgenINTA aportaron los recursos humanos e insumos para desarrollar la tecnología actual, el instrumental óptico de alta complejidad y un servicio para el comando remoto de variables ambientales en los laboratorios.

El Centro cuenta con tres profesionales y cinco técnicos de laboratorio que trabajan en el desarrollo de tres especies de biocontroladores y dos especies de huéspedes utilizados en la cría de los primeros. Los desarrollos no solo incluyen el conocimiento (know how) de cría y escalamiento sino, además, los dispositivos que permiten su traslado y liberación. Estos fueron desarrollados íntegramente con material reciclable y no necesitan recursos no renovables como combustibles o electricidad para su puesta en campo. Dicha invención fue seleccionada en el Concurso Nacional de Innovaciones 2016 del Ministerio de Ciencia y Técnica, para su inclusión en el Catálogo de Inventos.

En tanto, los métodos de cría de insectos fueron adaptados al uso de luces de bajo consumo, y los residuos generados se reciclan para la producción de compost y lombricompuesto junto a la Agencia de Extensión Rural General Roca.

“Actualmente, la sociedad demanda no solo la sustentabilidad económica de las cadenas productivas en términos de herramientas de manejo, sino que éstas garanticen la inocuidad y el cuidado del medio ambiente, características propias del control biológico de plagas mediante el empleo de biocontroladores”, manifestó Cichón.

“En este sentido, todos los elementos mencionados aportan a la sustentabilidad económica, social y ambiental de este proyecto que día a día nos enorgullece más como equipo y que está despertando un interés creciente por parte de la comunidad científica y el sector productivo”, concluyó.

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“Buscamos un modelo público-privado para lograr una herramienta de bajo impacto ambiental y de fácil empleo a campo”.
Dra. Liliana Cichón, INTA Alto Valle
Dato
$ 5.800.000
La inversión que requirió la puesta en marcha del Cemubio, que inaugura sus instalaciones en agosto.

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