“¿Qué hacemos ahora que Don Julio no está?”

Ascenso y redención de Julio Humberto Grondona y una AFA que se quedó sin su “padre”



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Antes de Grondona y sus 35 años de gestión, los presidentes de la AFA no duraban más de cuatro años en el cargo.(Foto: Archivo )

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• Favores. Un muy joven Roberto De Niro recorre las calles de Manhattan repartiendo ayuda de todo tipo a cambio de favores futuros. No les cobra, pero les recuerda: “Yo no olvido a mis amigos, pero recuerda que me debes un favor”. De Niro era Vito Corleone y la escena pertenece a El Padrino II. En Sarandí, provincia de Buenos Aires, un joven Julio Humberto Grondona tiene una libreta donde anota fiados y favores que generosamente concede el corralón y ferretería “Grondona y Lombardi”, fundado en 1923 por Enrique Grondona, papá de Julio Humberto, y Emilio Lombardi, su socio y también su cuñado. “La vieja práctica del ‘te presto ahora y me devolvés cuando puedas’ se transmitió del negocio familiar al gobierno de la AFA. Una forma de que siempre le debas algo para que, en algún momento, él pueda cobrarlo en las circunstancias que elija según crea conveniente”. Esta breve pero reveladora anécdota aparece en “Todo pasa. Fútbol, negocios y política de Videla a los Kirchner”, la biografía que el periodista Hernán Castillo escribió sobre Julio Grondona. • Todopoderoso por estatuto. Como se ve, la comparación con Vito Corleone no es caprichosa. Don Julio salvó a todos los clubes del fútbol argentino. A todos, de una u otra manera. Por razones económicas y deportivas. A cambio, les pidió durante 35 años sus voluntades para la construcción de un poder sin fisuras. Sólo eso, nada menos. “Lo llamativo –dice Castillo en su libro– es que el corralón sigue siendo administrado como aquel pequeño negocio que arrancó en 1923 y no como el imperio que es en la actualidad. El fiado sigue ofreciéndose por el mero valor de la confianza en la palabra, en uno de esos viejos cuadernos negros de almacén se anota la deuda de este o aquel vecino”. Por cosas como estás es que nadie más que Julio Grondona puede conducir esta AFA hecha a su manera de hacer y ejercer el poder. Porque antes que cualquier otra cosa, Grondona fue un extraordinario constructor de poder. El propio estatuto se lo permitió. El artículo más largo es el número 27, que tiene 14 incisos y en ellos están todas las atribuciones de su plenipotenciario presidente: asigna todos los cargos ejecutivos, firma todos los acuerdos y documentos, solicita u obtiene préstamos y contrae las correspondientes obligaciones con los bancos, designa integrantes y asigna cargos en el Tribunal de Disciplina, Colegio de Árbitros, Tribunal de Apelaciones y el Consejo Federal, que regula el fútbol del interior. Y lo que es más trascendente, literalmente: tiene reelección indefinida. • Presidentes. Desde su creación, en 1934, la AFA tuvo 21 presidentes y 10 interventores. La presidencia más extensa fue la de Raúl Colombo, hombre del club Almagro: ocho años, entre 1956 y 1964. El resto no duró más de cuatro. La primera intervención sucedió en 1955. En 1974 la AFA quedó en la órbita del Ministerio de Bienestar Social de la Nación conducido por José López Rega, quien ubicó al mando del fútbol argentino a David Bracutto, presidente de Huracán y hombre muy cercano al peronismo sindical. Con el golpe militar del 1976, la AFA fue a parar a manos de la Marina, Massera se la cedió a Lacoste, Lacoste le pidió a todos los integrantes del Comité Ejecutivo de la AFA que se fueran y puso en la presidencia afista a Alfredo Cantilo. Mientras todo esto pasaba, Grondona sumaba títulos y copas en Independiente, primero a cargo de la Subcomisión de fútbol y, desde 1976, como presidente del Rojo. Luego del Mundial 78, Lacoste, el hombre fuerte detrás de Cantilo, decidió apuntarle a la FIFA y dio un paso al costado en los quehaceres del fútbol local. Decidió que debía quedar al mando de la AFA un dirigente con autonomía e ideas claras. Y ese hombre fue Julio Humberto Grondona, respetado y exitoso presidente de Independiente. Pero antes que sus logros en el Rojo de Avellaneda, fue determinante su capacidad para conseguir que César Menotti renovara su contrato como entrenador del Seleccionado argentino. Eso lo puso muy por encima de los otros candidatos: Rafael Aragón Cabrera, presidente de River, e Ignacio Ércoli, presidente de Estudiantes. Eclipsado por Grondona, Cantilo renunció en febrero de 1979 y desde abril, el 6, hasta el último instante de su vida Julio Humberto condujo la AFA con astucia, instinto y ambición. Sostenido, en parte por Lacoste, en parte por los presidentes de los clubes, luego por los gobiernos democráticos… y por los presidentes de los clubes. Sobre todo por ellos. • (Re)elecciones. Ocho veces fue reelecto Julio Grondona, la primera el 15 de abril de 1983. Fue, como casi todas, una votación formal porque no había candidato opositor. La única vez que Grondona tuvo rival fue en la (re)elección de 1991, cuando el ex árbitro Teodoro Nitti presentó un proyecto y su candidatura. En menos de una hora se resolvió el asunto con 40 votos para Grondona y sólo uno para Nitti. Siempre, cada (re)elección fue una simple formalidad hasta que en la última de ellas, la de 2011, la cosa se puso espesa. Grondona fue reelecto para un noveno mandato por 46 votos a favor y ninguno en contra. Pero a la Asamblea no pudieron ingresar los representantes de Vélez (Fernando Raffaini estuvo a punto de conseguir los avales para presentarse como candidato), Independiente y Atlético de Rafaela. Les dijeron que llegaron tarde pero ellos aseguraron que las puertas de AFA se cerraron a las 18.50 y la Asamblea era a las 20. Por otro lado, Daniel Vila, presidente de Independiente Rivadavia de Mendoza, se atrincheró en la puerta de la AFA asegurando que él era el verdadero presidente porque tenía el voto de más de 200 clubes del interior. Adentro, votaron 17 equipos de Primera, 8 de la B Nacional, 7 de la B Metro, 4 de la C, 3 de la D y 7 del Consejo Federal. • Hacer el poder. Grondona encontró en ese sillón del edificio de la calle Viamonte un lugar de poder mucho más grande de lo que él mismo imaginó. Claro que ese poder debía ser construido. Para eso aplicó ese método infalible que aprendió en el corralón familiar de Sarandí. El de los favores. En su libreta anotó todos y cada uno de los favores hechos a cambio del gesto que aportara a la construcción de su poder. “A mi me eligen los clubes”, solía responder cuando le preguntaban sobre su perpetuidad en el cargo. Era cierto, pero a medias porque a la respuesta siempre le faltaba una parte, la de dice que es lo menos que los clubes pueden hacer por él. La unanimidad mostrada cada cuatro años y el respaldo explícito de cada día fue la devolución de favores que Grondona necesitó de los presidentes de los clubes. Sólo eso. De lo demás siempre se encargó él. El problema es que él no está más. • El “padre”. Son días de incertidumbre en el fútbol argentino. Nadie sabe que pasará. Raro, como si no hubiese dirigentes en el fútbol argentino. ¿Qué es el Comité Ejecutivo de la AFA? Es uncomo un grupo de muchachones jocosos que dirigen clubes de fútbol, se mandan muchas macanas y que cada tanto recibían un tirón de orejas de ese “padre” bonachón y generoso, pero con pocas pulgas y sobre todo con demasiada buena memoria. Y si la muchachada se portaba demasiado mal, Don Julio daba un golpe sobre la mesa, como en 1999, cuando modificó el estatuto del Tribunal de Cuentas de la AFA y obligó a los clubes a “cumplir el presupuesto anual bajo apercibimiento de pérdida de categoría”. La AFA fue el ente de control de los presupuestos de los clubes. “La entidad que cierre en rojo será suspendida y podrá ser penalizada con pérdida de la categoría”. Nunca se cumplió. En 2012, los clubes le debían a la AFA cerca de 540 millones de pesos. En 2013, subió a 610. Hoy se acerca a los 700 millones. Que no se pierda ese dato: los clubes le deben a la AFA. A mediados de 2009, diez años después de aquel gesto grandilocuente de nula eficacia, Grondona pateó la mesa y rompió con el Grupo Clarín, su socio hasta entonces en la televisación del fútbol argentino y aceptó la propuesta del Gobierno Nacional para estatizar las transmisiones. Desde entonces, el Estado le dio a la AFA 5.335 millones de pesos para que reparta entre los clubes. A pesar de semejante ingreso de dinero, los clubes comenzaron el 2014 con las cuentas en rojo. Al borde del precipicio como tantas otras veces, los clubes le pidieron ayuda a Grondona y Grondona, en vez de preguntar qué habían hecho con el dinero del Fútbol para Todos y aplicar aquello de que el club que cierre en rojo será suspendida, le pidió al Estado Nacional el pago por adelantado de dos cuotas del Fútbol para Todos, la última de 2013 y la primera de 2014. Con ese dinero pagaron sueldos y aguinaldo de los jugadores. Grondona fue, como siempre, el único ganador: hizo lo que los clubes esperaban de él y sumó más favores a futuro. • ¿Y ahora? Hoy la muchachada se siente devastada. Superada por una situación que nunca imaginó: la de tener que conducir al fútbol argentino hacia algún lugar. Ellos no estaban listos para eso. Nunca iban a estarlo. No les interesaba. Para eso estaba Grondona. Ellos sólo acompañarían cada iniciativa suya. No preparó herederos, dicen. Claro que no. No le interesaba a él ni le interesaba a ellos, los dirigentes, sucederlo alguna vez. Un futuro sin Grondona en el gobierno de la AFA sería un futuro con Grondona en el poder fuera del gobierno. Y su sucesor, apenas un intermediario. Pero su muerte, inesperada y en pleno ejercicio de sus funciones, le abrió la puerta a un abismo. Da igual quien ocupe el sillón principal de la AFA. Será Luis Segura por estatuto. Pero a los efectos del poder podría ser cualquier dirigente. Ninguno tendrá ni un gramo de poder. Porque todo el poder era de Julio Grondona y, se sabe, el poder no se hereda. Le pertenece a quien lo construye. Y nadie salvo Grondona construyó poder en la AFA. Puertas afuera, la política imagina un sucesor. Oficialismo y las varias oposiciones revisan nombres a ver quién da la talla. No la dará ninguno. Se vienen tiempos difíciles, es cierto. Pero no menos cierto es que es un momento de cambio necesario. No con esta dirigencia, claro. Sólo después de un profundo recambio generacional podrá imaginarse una AFA más democrática. Pero democrática de verdad y no sólo formal. Seguramente un silencio filoso dominará la primera reunión del Comité Ejecutivo. Sobre la mesa están el Fútbol para Todos, el seleccionado, las barras, el engendro de los 30 equipos… silencio que durará hasta que alguno de ellos pregunte: “¿Qué hacemos ahora que Don Julio no está?”.

Una de tres. Bajo el mando de Grondona el seleccionado obtuvo once títulos, disputó tres finales y ganó una.

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Juan Mocciaro

AFA


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“¿Qué hacemos ahora que Don Julio no está?”