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La película “Amanecer. Parte 1” defiende el sexo dentro del matrimonio.



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El filme “Amanecer. Parte 1” –primera entrega del final de la saga “Crepúsculo”– renueva, a partir de la combinación de vampiros y romance, la postulación de la práctica del sexo sólo dentro del matrimonio, la defensa del embarazo adolescente y la ausencia de las minorías –salvo los aborígenes, que devienen en hombres lobo–. La película de Bill Condon narra la concreción del amor, casamiento mediante, entre la humana Bella Swan, de 18 años (Kristen Stewart), y el vampiro Edward Cullen (Robert Pattinson), que desemboca en un embarazo inesperado que pone en peligro la vida de la madre. Esa serie de elementos configuran un ideario capaz de plasmar un resultado dramático efectivo y redituable que permite que su autora, Stephenie Meyer –joven madre estadounidense de religión mormona– “haga una bajada de línea”, según avisa Oscar Gerometta, bachiller en teología y autor de “Aproximaciones al fenómeno de las sectas” (1995), entre otros títulos sobre el tema. En charla con Télam, Gerometta apunta que “cuesta creer que Meyer sea practicante. Si bien el mormonismo es riguroso en cuanto a la castidad, al cuidado del cuerpo y la oposición al aborto, no me imagino a un mormón que se descuelgue con vampiros y licántropos”. Para explicar la apuesta de la autora estadounidense, el especialista arriesga que “Meyer, como J. J. Tolkien (autor de ‘El señor de los anillos’), inventó un mundo imaginario, ella quizás apeló a un género de aceptación social, como el vampirismo, para hacer una bajada de línea”. Alfredo Silletta, en su libro “Shopping espiritual” (2007), coincide con Gerometta en la señalización de que el mormonismo mezcla preceptos con costumbres internas y, dentro de ese marco, el casamiento oficia como pasaporte para alcanzar la salvación. “De todos modos –resume Gerometta– el producto que se aprecia en la película tiene una carga de sensualidad muy grande que convive con algunas ideas rígidas. Un cóctel demasiado sorprendente para un mormón piadoso y bastante atractivo para los adolescentes”. Con aires puritanos como motivación, o como otro producto más que se ofrece obedeciendo al criterio estadounidense de las modas culturales, este cruce amoroso entre Bella y Bestia recaudó en Estados Unidos alrededor de 30 millones de dólares durante la noche del preestreno. A nivel local, en tanto, la cinta estrenada el jueves logró convocar a 334.917 espectadores con los que lideró de manera holgada la taquilla argentina. Semejante suceso no hace más que poner en la superficie que los gustos de los chicos de entre 8 y 13 años definen más del 40% del mercado de consumo actual. “La industria cultural, desde hace décadas, produce bienes destinados a nuevos ‘segmentos’, niños, adolescentes y jóvenes, con gran nivel de consumo, por lo cual los productos se sofisticaron, como la música y las películas, que hoy abordan temas difíciles de tratar en ámbitos institucionales, como las relaciones amorosas”, afirma la doctora Ana Miranda, investigadora del Conicet y Flacso. Según la socióloga consultada por Télam, en la saga de vampiros “los personajes resultan atractivos, la historia atrapa y conforma un producto bien armado, pero en el control de los contenidos debemos estar presentes los adultos responsables, haciendo evidente el sistema de valores que subyace a las bellas imágenes que se muestran”. Los adolescentes viven un período de intensos cambios a nivel físico y mental, “pero los más chicos quieren pertenecer a este grupo cuanto antes y los adultos quieren ser parte de él por más tiempo”, sintetiza Miranda, también a cargo del Programa de Juventud de Flacso. (Télam)


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