Quién te ha visto y quién te ve

En poco y nada se parecen hoy los partidos a los existentes en el retorno a la democracia en 1983.



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de domingo a domingo

Habría que aceptar, a casi tres décadas de iniciado el actual proceso democrático, que el sistema tradicional de partidos se destartaló. No se parece en nada a las estructuras que funcionaban al fin de la huida de la dictadura militar. No se celebran grandes convenciones, ni reuniones decisivas con debates internos en los comités. Las movilizaciones, antes tan eufóricas y esperanzadoras, han sido reemplazadas por la difusión televisiva y las revolucionarias tecnologías sociales, que en la era de la globalización marcan un frenético derrotero. Quién te ha visto y quién te ve, podría decirse de la Unión Cívica Radical. Llena de vida con Raúl Alfonsín, en 1983, hoy transita en una sala de cuidados intensivos, tratando de recomponerse tras las sucesivas caídas que la postergaron a un lejano tercer lugar en las últimas elecciones presidenciales. El otrora poderoso Partido Justicialista, aunque supeditado al líder de turno, también se desdibujó en la etapa “cristinista”, en la cual los gobernadores, barones del conurbano bonaerense y sindicalistas han quedado relegados por la única conductora, más interesada en el recambio generacional, que se nutre de fuerzas surgidas del descalabro del 2001 y de los adoradores del extinto Néstor Kirchner, con estilos renovadores y heterodoxos que combaten “el desparpajo de la clase dominante”. Hubo múltiples implosiones que dejaron en el camino, entre otros, los proyectos de Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Elisa Carrió, Carlos “Chacho” Álvarez, Ricardo López Murphy, Carlos Reutemann, los hermanos Rodríguez Saá, Juan Carlos Romero, Fernando “Pino” Solanas y Jorge Sobisch. Tras su exitoso paso por Boca Juniors, irrumpió en la política con sentido gerencial (desarrollista según él) Mauricio Macri, pero su fenómeno quedó hasta ahora encorsetado en la capital federal, con algunos destellos en Santa Fe. De hecho, dado que es visto como la “esperanza blanca” de sectores empresarios enemistados con el gobierno, fue elegido por Cristina Fernández para confrontar sin cortapisas. El PRO es un fenómeno porteño con escaso predicamento en las provincias y su construcción se basa en personalismos y en los consejos del gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba. De menor a mayor, sobresale como factor aglutinante el Partido Socialista de Hermes Binner, escolta a 37 puntos de Cristina Fernández en octubre pasado. Con 20 años de experiencias comunes con el radicalismo de Santa Fe, el PS es hoy el vértice de fuerzas progresistas que, andando, han exhibido contradicciones. Sin embargo, los continuadores de Juan B. Justo y Guillermo Estévez Boero están empeñados en ser alternativa y terminar con la hegemonía del PJ en el 2015. No a cualquier costo, ni aliándose con el que sea para ganar. Tacharon en ese derrotero a Macri y, con un programa en ciernes, van a la captura de peronistas, radicales y seguidores de Elisa Carrió, quien se quedó resistiendo en solitario. Después de festejar con François Hollande, el nada carismático Binner abrió el abanico del diálogo entre quienes piensan parecido y ordenó paralelamente ir preparándose para juntarse todos si es que el kirchnerismo trata de imponer la re-reelección a través de una reforma constitucional. Esta iniciativa hasta fue desechada por uno de los miembros de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, quien destacó la necesidad de lograr una mayoría calificada (dos tercios) y la inconveniencia de llevarla adelante por el “desgaste” que inevitablemente sufren los personalismos. Especuló con que Cristina, como es “inteligente”, desalentará a los más fanáticos. En ese caso, y más por los sucesos que se están viviendo estos días en la provincia de Buenos Aires, es de prever la agudización de la ofensiva del kirchnerismo contra aliados no queridos como sucesores, por asimilarse más a Macri que a los K. Son los casos de Daniel Scioli y Sergio Massa. Los progresistas no kirchneristas de Binner andan lento, concentrados en el objetivo mayor: la Rosada, a tono con sus ideas. Mano derecha del socialista, el diputado Juan Carlos Zabalza califica de positivos los acercamientos exploratorios, desecha los vedettismos individualistas y aclara que todavía hay que recorrer un largo camino para que puedan coronarse acuerdos concretos más abarcativos. Hay por delante un proceso de decantación y maduración. Los partidos y sus dirigentes están por debajo de las expectativas populares. El cristinismo, que apuesta fuerte al consumo interno y al contacto directo con la gente, salió de la lógica primaria de las agrupaciones. Quizá por eso fue premiado con más del 54% de los votos. Pero hay problemas sin solución y que preocupan al grueso de la ciudadanía: la inseguridad, el trabajo informal o en negro, la inflación y los cortes abusivos de calles y rutas. Y todavía perduran las pujas distributivas, como quedó en evidencia durante el intento frustrado por hacer un revalúo inmobiliario rural en la provincia de Buenos Aires.

ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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