Radicales en el tobogán



La decisión del radicalismo de apoyar al kirchnerismo en la apropiación de YPF, al margen del patético esfuerzo por marcar alguna diferencia, puede significar el ocaso definitivo de un partido que durante todo el siglo pasado fue o bien gobierno o bien la principal alternativa al poder de turno. Es necesario comprender la desventura radical y las raíces profundas de una conducta tan obviamente autodestructiva. Según sus dirigentes más conspicuos, la fidelidad a los principios los obliga a ser consecuentes con su pasado y lo que según ellos constituye un patrimonio de su historia. Se encuentra, claro está, con dos condicionamientos que convierten a su postura en una respuesta ingenua y simplista a una encrucijada complicadamente astuta. En primer lugar se enfrentan a un partido que tiene un desprecio absoluto por los principios y que hace del pragmatismo una virtud. En el caso de YPF se trata de estatizar una empresa privatizada por ese mismo partido, medida que los actuales gobernantes apoyaron en su momento y cuyo principal responsable, Carlos Menem, entonces presidente privatizador y ahora senador consecuente, se habrá de constituir probablemente en el paradigma del descaro político. El gobierno actual, por otra parte, que avaló las transferencias de ganancias al exterior, ahora lo utiliza como argumento para justificar la expropiación. El segundo obstáculo es mucho más trascendente. El radicalismo tiene antecedentes mayoritariamente pero no unánimemente coincidentes con la existencia de un monopolio estatal petrolero. La empresa fue creada durante el gobierno de Alvear. Otro presidente radical Arturo Frondizi, entonces con el partido dividido, abrió la explotación al capital privado. Illia anuló esos contratos petroleros, pero ahora la mayoría de sus actuales dirigentes acepta sin reservas la participación del capital privado. Y, por último, votaron en contra de su privatización en el gobierno de Menem. Pero estar a favor o en contra de la estatización de una empresa es una contingencia importante, aunque no hace a los fundamentos de una sociedad. La UCR tiene en su patrimonio histórico el más valioso aporte a la democracia argentina: su defensa irrestricta a los derechos y obligaciones que emanan de la Constitución y que son, en definitiva, el último sustento del Estado de derecho. Fue una de las razones que invocaron sus líderes fundadores cuando su aparición en el escenario nacional. Fue proscripto y perseguido durante la década del 30 por su fidelidad al orden constitucional y fue, en su etapa más gloriosa, el último refugio de las libertades públicas durante el gobierno filofascista del primer peronismo. Al aceptar consentir en el Congreso la expropiación de YPF, el radicalismo se presta a una farsa y le hace el juego al gobierno en una maniobra destinada a burlar el procedimiento que requiere esta medida tan extrema. El PE manda al Congreso la ley, después de que se apropió de la empresa mediante un DNU que elude la obligación constitucional de la indemnización previa. Los funcionarios de Repsol fueron echados por la fuerza y hace tiempo que sus reemplazantes argentinos están arrellanados en sus sillones, fumando un habano y con los pies cómodamente apoyados en el escritorio, tomando decisiones mientras el Parlamento discute si debe o no hacerse la expropiación… A nadie se le puede escapar que quieren quedarse con YPF sin poner un centavo; que los fallos del CIADI los tienen sin cuidado, porque tardan años y en definitiva no lo piensan acatar, y que el desprestigio internacional ya tiene tales niveles que poco puede hacerse para empeorar la imagen de un país célebre por sus transgresiones y desprecio por la ley. Aceptar la confiscación como procedimiento legalizado a posteriori por el Congreso es un precedente ominoso, que hoy se consiente porque es una inversión extranjera en un área que despierta sentimientos patrióticos. Pero nadie puede considerarse a salvo. Una vez que el procedimiento quede consagrado, habrá una espada de Damocles sobre la propiedad privada. Y la UCR habrá contribuido a la destrucción del orden jurídico, simplemente al priorizar un tema ideológico por encima de la defensa del Estado de derecho.

Escribe Julio Rajneri

Julio Rajneri


Comentarios


Radicales en el tobogán