Recomendaciones para evitar los golpes de calor

El organismo de un niño, a diferencia del de un adulto, va cambiando aceleradamente. Por eso, los pequeños son más vulnerables al calor y sus riesgos de deshidratación. Pero cada edad requiere cuidados diferentes. A los bebés, por ejemplo, no hay que darles agua.



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Por lo general, los lactantes y los niños son los más vulnerables al golpe de calor.

Si bien es menos frecuente observar casos graves de deshidratación en los chicos, según los especialistas, y los padres se encuentran más atentos a los factores de riesgo que trae el verano, es importante recordar que durante las altas temperaturas es fundamental intensificar las medidas preventivas que eviten un golpe de calor en los pequeños.

La exposición a los rayos solares y al calor no afectará de la misma forma a todos los chicos: esto va atado al grupo etario. Es así que los lactantes serán los más vulnerables, ya que ante la aparición de una diarrea, por ejemplo, bastarán algunas deposiciones para entrar en un cuadro de deshidratación.

La famosa insolación no es otra cosa que un golpe de calor que se caracteriza por un fuerte dolor de cabeza, la falta de apetito, el decaimiento en general y hasta hay quienes presentan el sangrado de la nariz.

? Menores de 5 años. “El golpe de calor afectará de distinta manera a los bebés y a los chicos de la primera infancia -de 5 años en adelante-. En ambos casos es fundamental no exponerlos al sol directo entre las 10 y las 17 horas.

Se deberá insistir con la hidratación siempre y estar atentos cuando aparezcan cuadros de diarrea, con deposiciones frecuentes, porque se puede producir la deshidratación.

“Para evitarla se deben ingerir líquidos, preferentemente jugos de frutas y agua”, señala el jefe de Consultorios Externos del departamento de Pediatría del hospital San Martín, Néstor Abramovich.

? Más de 5 años. Según el especialista, los chicos más grandes, desde los 5 años en adelante, se deshidratan con menos facilidad ya que se dan cuenta cuándo tienen sed y pueden verbalizarlo.

Los más chiquitos aún son dependientes, motivo por el cual los papás deben estar ofreciéndoles líquidos en forma permanente.

? Lactantes: nada de agua. “Los bebés hasta los 6 meses no toman agua. Una de las preguntas más frecuentes de los papás es si ante tanto calor se les puede dar este líquido y la respuesta es que no, porque el pecho o la leche especial es lo que la suple, por eso no se recomienda el agua para la hidratación”, sostiene Abramovich.

 

Síntomas de la insolación

 

El golpe de calor puede afectar a los chicos de forma silenciosa. Ellos pueden estar corriendo y jugando mientras el sol les da de forma directa por varias horas o en momentos del día poco apropiados. De pronto comienzan a manifestar dolor de cabeza, les sangra la nariz a algunos, se sienten decaídos y dejan de comer. Cuando esto ocurre lo primero que debe hacerse es la consulta en la guardia pediátrica para que el médico haga el correcto diagnóstico.

El pediatra determinará cuál es el grado de deshidratación -leve, moderado o grave- y actuará en consecuencia.

“Si está deshidratado se lo rehidrata, se evalúa si la pérdida de líquido fue por vómitos o diarreas y si hace falta se lo medica. Es importante que en la rehidratación los padres prueben la tolerancia a la ingesta de líquidos, porque muchas veces los chicos vomitan más, en estos casos hay que hacerlo en pequeños volúmenes y varias veces porque cuando quieren tomar de golpe es cuando más vomitan. Se debe hacer despacio, cada 5 minutos y con líquidos fríos, esto evita que tengan el reflejo nauseoso”, explica Abramovich.

En la época de veraneo es muy frecuente trasladarse a sitios en donde el poco conocimiento del lugar puede llevar a ingerir alimentos en lugares inadecuados. La falta de higiene y de una buena cocción de la comida, en especial de las carnes, puede ser el disparador para las diarreas estivales, cuadro que puede extenderse de un chico a otro por existir un mayor contacto entre ellos, ya sea en las colonias de vacaciones o en lugares donde permanecen muchas horas juntos y se produce el contagio fecal-oral.

“Hay que tener cuidado con el origen de la comida, con el lugar donde se va a comer -recomienda el pediatra-. Los alimentos deben estar bien cocinados, algo que comienza con la preparación de los mismos. Un cuchillo que cortó carne cruda no puede utilizarse para cortar la verdura.

“A su vez, se debe en lo posible evitar la compra en lugares de venta callejera, no ingerir alimentos muy pesados para la época, como las pastas, hacer una dieta equilibrada, respetar la cadena de frío y lavarse bien las manos y las uñas antes de cada comida”.

 

CAROLINA STEGMAN


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