Recordando a Natalio Kisnerman



La palabra recuerdo está asociada con nostalgia, con ese sabor a despedida, y siempre las despedidas son tristes, máxime cuando sabes que el próximo encuentro cara a cara, voz a voz, ya no va a estar más. Rememorar las imágenes de lo compartido. Las mismas están como improntas, en nuestra memoria. Ellas corresponden a ese haber transcurrido juntos, un tiempo y un espacio en este camino denominado vida y que hoy quiero compartir con todos aquellos que, como yo, siempre guardan respeto y admiración a su trayectoria, pero fundamentalmente a esa relación afectiva continua e inquebrantable, surgida hace 32 años.

El regalo otorgado en vida ha sido la dedicatoria hecha en el libro que se encuentra en prensa en Publifadecs, producto de la investigación de la cual soy directora “Niñez en riesgo y Políticas Sociales”, de la cual él tenía conocimiento y que como homenaje quiero transcribir textualmente:

“A Natalio Kisnerman, profesor emérito de la carrera Licenciatura en Servicio Social de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue. Doctor Honoris Causa de la Universidad Vox Populis, Cuernavaca, México. Cátedra Patrimonial en Servicio Social Natalio Kisnerman 'Construccionismo y Trabajo Social' de la Univer- sidad Autónoma de Ciudad Juárez, México. Por su aporte en la modificatoria al Plan de estudios actual, en el cual otorga un lugar a la investigación social, a los Derechos Humanos e introduce el cambio de denominación del título por el de Trabajo Social. Sirvan estas líneas de reconocimiento a su trayectoria y de agradecimiento al espacio brindado en el creci- miento profesional”.

Aunque nace y se recibe como asistente social en Buenos Aires, el ejercicio de su profesión estuvo centrado en General Roca, Río Negro.

Profesor emérito de la Universidad Nacional del Comahue, no sólo por haber sido profesor desde la fundación de esta universidad, año 1972, sino por el reconocido aporte en el país, América Latina y Europa a la reconceptualización del trabajo social en la década del 60. Epoca desde la cual se torna en incansable viajero dictando cursos en diferentes universidades, invitado como conferencista a innumerables congresos y con una basta producción bibliográfica.

De su trabajo en Costa Rica en el año 1973 a través de la Organización Mundial de la Salud y su conexión con la Escuela de Trabajo Social de ese país es que surge el primer intercambio estudiantil de alumnos latinoamericanos de Servicio Social con sede en General Roca. Siempre fue un generador de propuestas. Durante ese intercambio, ejecutado en 1974, época en la que muere el entonces presidente Juan Domingo Perón, de paros en la universidad, abría las puertas de su casa para dar continuidad al trabajo iniciado con la misma pasión como si estuviera en su aula.

Fue un amante no sólo de su trabajo sino de la literatura, la música y un muy buen observador, casi diría un contemplador de los lugares que visitaba, contemplación que transmitía con gran nitidez.

Pensar en esas imágenes de Natalio es verlo caminar por las calles de Roca, dirigiéndose a la universidad, a la municipalidad, a la Casa de la Cultura, a lo que en su momento fue el Centro de Atención Diurna (CAD), porque nunca condujo un auto.

El CAD fue una creación de él, un convenio entre la municipalidad de General Roca, El Consejo de Educación de Río Negro y la universidad para atender a niños y niñas del barrio Tiro Federal en horario contrapuesto al escolar, para evitar la deserción y el desgranamiento escolar. Del mismo fue su director, en estas épocas duras de la dictadura militar.

En la década de los 90 cuando la universidad quiso dar un impulso a la investigación a través de las categorizaciones y el programa de incentivos, no dudó en someterse a las situaciones de evaluación. Dirigió el proyecto de investigación “Juventud y Desocupación en la Región Comahue”, el que, por supuesto y a su estilo, concluyó con la publicación del mismo. Decidió salir de este programa para dedicarse de lleno a la extensión. Es así como continuó dedicándose a sus “viejitos” a través de sus “Aulas de Cultura para la Tercera Edad”, de 1998 al 2000, y “Cuidando La Salud de Nuestros Abuelos”, 2000-2004. Con este tema organizó y ejecutó tres “Jornadas Patagónicas de Juventud, Tercera Edad y Trabajo Social”, las mismas organizadas junto a los jóvenes estudiantes impulsores de la Revista SER.

Como catedrático estimulaba a sus ayudantes en el proceso de aprendizaje y crecimiento: evaluaba cada clase que dictaban y semestralmente realizaba una evaluación, para que quedara constancia en el legajo de los avances de la producción realizada. Marcaba y permitía despegar. Guardaba gran respeto para los otros, especializados en un determinado tema. Fue así como este año en su cátedra, en la que permaneció hasta sus últimos días “Introducción al Trabajo Social”, y en este afán renovador, creativo de posibilidad de integración y de actualización profesional que venía realizando con otros profesionales de la carrera, tuve el honor de ser convocada para dictar el tema Derechos Humanos. Sentado igual que uno de sus estudiantes escuchaba atento. Miraba su rostro y veía el reflejo del cansancio, ese cansancio que nunca se permitió mostrar pero, a sus 77 años, ese corazón fuerte ya le había dado algunos sustos y lo delataba.

Del tema la tercera edad versaba su ponencia, ya aprobada en el próximo Mundial de Trabajo Social a llevarse a cabo en la Ciudad de Santiago de Chile en la última semana del mes de agosto de este año.

Las reservas aún las tenemos hechas en el hotel. Su presencia física no estará pero sí su aporte teórico para enriquecerlo; deconstruirlo para construir como él mismo decía en uno de sus últimos libros, “Pensar el Trabajo Social”. Así como su espíritu, sus imágenes y los recuerdos nos acompañarán por siempre.

 

DINORAH FAIT VILLALOBOS (Profesora e investigadora de la Universidad Nacional del Comahue).

Especial para “Río Negro”


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