Recuerdan los 50 años del «bautismo de fuego» de la revolución Cubana

Un 26 de julio se produjo el asalto al Cuartel Moncada.

SANTIAGO DE CUBA.- Lo que para Francia es la Bastilla, para la Cuba de la revolución lo es el Cuartel Moncada. El edificio con sus almenas y molduras se yergue orgulloso sobre la Avenida de los Libertadores de Santiago de Cuba y resplandece en el sol de la mañana. En una extensión de veinte metros, la fachada está cubierta de impactos, como si acabaran de dispararse contra ella ráfagas de ametralladoras. Sin embargo, por la puerta no aparecen soldados lanzando el contraataque, sino un grupo de turistas que baja por las escaleras para subirse al autobús.

La pared exterior con sus impactos de bala está recién pintada, ya que se acerca una fecha histórica: el 26 de de julio, hace 50 años, el joven abogado Fidel Castro atacó con 106 compa

ñeros el Cuartel Moncada, entonces la segunda plaza militar de Cuba, y dos edificios aledaños Aunque el asalto rebelde, que debía desencadenar un levantamiento popular contra el dictador Fulgencio Batista, fracasó, la acción es considerada como el inicio de la Revolución Cubana, un hito en la historia de latinoamérica y que sirvió de inspiración para numerosos movimientos de izquierda en todo e continente (ver análisis).

El asalto tuvo como precedente el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, con el que Batista frustró las esperanzas de cambio depositadas en las elecciones programadas para ese año, que según todos los pronósticos habrían dado la victoria al Partido Ortodoxo, al que pertenecía el propio Castro, inspirado en la filosofía política del héroe cubano José Martí. Cerrados todos los espacios políticos democráticos, Castro reunió a un grupo de aproximadamente 150 personas para realizar en Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la isla, un acto público de repudio a Batista. El 25 de julio de 1953, cuando el grupo estaba reunido en secreto en una quinta, Castro les reveló el verdadero propósito de la convocatoria: asaltar el Cuartel Moncada. «Hace falta echar a andar un motor pequeño que ayude a arrancar al motor grande», dijo.

Castro concibió y preparó la acción: se trataba de atacar y tomar, favorecidos por la sorpresa, la segunda fortaleza militar del país, y llamar a la huelga general para derrocar al régimen.

Finalmente, en la acción sólo pudieron tomar parte unos 106 personas por la escasez de armas. Se escogió para realizar la acción el domingo 26 de julio, día de carnavales, para aprovechar el movimiento y las multitudes Pero varios imprevistos hicieron fracasar la acción. Los hombres de Castro sólo dejaron tres muertos y varios heridos en el combate inmediato, pero unos 70 prisioneros fueron ultimados por los soldados de Batista Pese al desastre, la acción fue exitosa en el sentido de que logró llamar la atención nacional e internacional sobre la brutalidad de la dictadura de Batista, que en los días siguientes al ataque al cuartel desató una orgía de represión, matando en toda la isla a varios opositores políticos ajenos a los hechos del Moncada Castro y sus guerrillero fueron juzgados y condenados a altas penas de cárcel. En el proceso, se defendió a sí mismo, en su calidad de abogado.

Su alegato será el embrión del futuro programa de la Revolución Cubana, que sería publicado con las palabras finales del acusado como título: «La historia me absolverá» Tras 22 meses de prisión, Castro y sus seguidores fueron indultados, marchando a México a preparar una expedición para invadir la isla. El 2 de diciembre de 1956, 82 hombres desembarcaron del yate Granma por el este de Cuba, entre ellos el médico argentino Ernesto Guevara de la Serna, el legendario Che Guevara. En enero de 1959, después de 25 meses de lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Castro entró triunfante en La Habana al frente de su ejército rebelde.

Ya en el poder, Castro sobrevivió a intentos de asesinato de la CIA y la hostilidad y el bloqueo comercial de Estados Unidos, logrando construir una sociedad socialista con niveles de salud y educación comparables con los de naciones más avanzadas.

«La historia lo ha absuelto tres veces: primero, porque logró en dos años destruir un ejército de más de 50.000 hombres apoyados por los Estados Unidos. Segundo, porque logró enfrentar durante más de de 40 años al imperio más grande que ha conocido la historia y tercero, que no ha sometido al pueblo a Estados Unidos», afirma Asterio Sarmiento, un jubilado de 65 años que vende libros en el centro histórico de Santiago de Cuba y que fue integrante de la guerrilla.

Pero no todos los habitantes de Santiago creen que hay que celebrar el 26 de julio. Uno de los detractores de Castro es Haydée Rodríguez, de 70 años. «Es un aniversario desastroso, porque hace 50 años para acá Cuba ha dado un cambio radical, pero para mal», asegura Rodríguez. Haydée se queja que la tarjeta de racionamiento apenas alcanza a llegar al 15 de cada mes.

También Haydée Rodríguez alguna vez fue una combatiente clandestina. En 1953 facilitó a los revolucionarios planos del Cuartel Moncada y fue condecorada. Sin embargo, no luchó para introducir el comunismo en Cuba, sino para defender la democracia parlamentaria. Su padre era dueño de varias panaderías en Santiago. En 1963 fue expropiado, obligado a realizar trabajos físicos pese a su diabetes y cuatro años después murió.

Para disidentes como Haydée Rodríguez, la vida en Cuba es peligrosa. En marzo pasado, más de 75 disidentes fueron arrestados en todo el país, y condenados a duras penas de cárcel .

El gobierno los acusa de haber conspirado con Estados Unido contra Cuba. Las condiciones de detención son espantosas, según sus familiares. En los medios estatales, los «contrarrevolucionarios» son identificados como terroristas por los todopoderosos medios oficiales En 1993, con motivo del 40 aniversario del asalto al Cuartel Moncada, cuando la desaparición del apoyo soviético había hundido a la economía cubana y muchos cubanos pasaban hambre por la mala zafra, el «máximo líder» anunció una serie de reformas económicas. La isla se abrió al turismo y la inversión extranjera, se permitió la circulación del dólar estadounidense y se dio espacio a una limitada iniciativa privada en un esfuerzo por sacar a flote la economía Las persistentes dificultades que enfrentan los cubanos en la vida diaria han provocado descontento y la aparición de un movimiento nacional disidente que pide reformas al estado unipartidista. Pero los cubanólogos creen que es poco probable que, mientras viva Castro, se introduzcan reformas radicales, es decir, una economía de mercado, según el modelo chino, ni mucho menos pluralismo político y libertad de prensa. (DPA/Reuters/AFP)


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