Aeroparque: el atentado que no fue

13 abr 2000 - 00:00

El 14 de julio de 1994, el gobierno de Teherán dio el "OK" para poner en marcha el mecanismo que desembocaría -cuatro días más tarde- en la voladura de la sede de la AMIA. Hajj Harb, comandante de la célula de Hizbollah establecida en Brasil se encontraba en Buenos Aires desde por lo menos "abril-mayo de 1994", y fue el encargado de activar la última parte de los preparativos para el atentado. "La mayor parte de éstos se completaron para el 16 de julio, punto en el cual fueron inspeccionados por el comandante, quien junto a otros pocos operativos clave abandonaron la Argentina alrededor de 48 horas antes de comenzar la operación", dice el informe de los norteamericanos.

Pero el comando terrorista también tenía planeado llevar a cabo otro atentado.

En el folio 2691 de la causa que instruye el juez Galeano, consta que el 2 de agosto de 1994, es decir dos semanas después de la voladura de la AMIA, el mismo comando "trató de atacar u-na vez más" en Buenos Aires. El documento de la Cámara de Representantes del Congreso norteamericano afirma que los terroristas habían "probablemente planeado derribar un avión durante un vuelo interno".

Según afirman los expertos Forrest y Bodansky en su informe "afortunadamente la policía de la Fuerza Aérea Argentina descubrió un artefacto -un fusible de tiempo electrónico y pilas- pero no explosivos". El material había sido ocultado en una cartera que fue encontrada en un baño de damas del aeropuerto metropolitano Jorge Newbery.

"Aparentemente -continúa el informe incorporado al sumario AMIA- estos componentes fueron introducidos subrepticiamente al aeropuerto y escondidos en el baño, donde iban a ser recogidos por el armador de la bomba, quien habría traído los explosivos separadamente. Este, habría entonces transportado la bomba a bordo de la nave. Sin embargo el bolso abandonado fue descubierto por una dama, retirado y detonado por el equipo antiexplosivos".

Sugestivas reflexiones de Bodansky

Un tercer atentado no necesariamente podría estar dirigido a instalaciones o referencias de la sociedad judía argentina.

Este diario sabe que la semana anterior, legisladores y fiscales de nuestros país fueron advertidos de esa posibilidad por Yossef Bodansky, coautor del Informe sobre Terrorismo y Guerra No Convencional de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

Durante un almuerzo que el jueves anterior Bodansky mantuvo con miembros de la Comisión Bicameral de Seguimiento de las Investigaciones a los Atentados a la Embajada y la Amia, el funcionario americano señaló:

- La Embajada y la Amia ya son historia. Ahora hay que tener hipótesis de un tercer ata-que terrorista, donde el blanco rentable ya no será un punto específico de la sociedad, sino de un espectro más amplio y que pueda comprometer muchas mujeres y niños.

La reflexión provocó inquietud entre sus interlocutores.

Se sabe que algunos de esos legisladores solicitaron inmediatamente una audiencia al ministro del Interior Federico Storani. El sábado le informaron del contenido del encuentro con Bodansky.

Se sabe además que algunos de los miembros de la Comisión Bicameral tomaron conocimien-to días pasados de que un jefe de inteligencia de Irán fue detectado en Buenos Aires por los servicios de los Estados Unidos. El hecho sucedió durante el invierno pasado. El rastro del iraní se perdió hacia setiembre.

Sofisticado mecanismo

Según consta en el documento de la Comisión antiterrorista del Congreso de los Estados Unidos, el artefacto explosivo utilizado para destruir la sede de la AMIA fue "una sofisticada carga direccional con un impacto en el punto principal de salida equivalente a más de 300 kilogramos de TNT". Al parecer, en las primeras horas del fatídico 18 de julio de 1994, antes de la explosión, "se vio gente trabajando en la Trafic y se cree que estaban activando los detonadores". El conductor que llevó la camioneta-bomba hasta el frente del edificio de la AMIA sería un conductor suicida, aunque "debido a la incertidumbre en torno a la detonación, los expertos decidieron equipar la bomba con un fusible de control remoto electrónico para accionarla desde un departamento que los elementos operativos usaron como puesto de observación y desde el cual la carga podía ser activada".

Los mil comandos suicidas de Hizbollah

A mediados de junio de 1994, el secretario general de Hizbollah, Hassan Nasrallah, informó a sus jefes en Teherán y Damasco que "había 1.000 comandos suicidas preparados para enfrentarse a Israel en todo el mundo".

Pocas semanas después, la contrainteligencia iraní, siria y del Hizbollah, decidieron controlar la seguridad y la integridad de sus canales de apoyo y consideraron que podrían "realizar operaciones desmentibles en teatros de operaciones de bajo riesgo donde ya estaban bien asentados, con una sólida infraestructura de apoyo".

Así fue que los regímenes de Siria e Irán, decidieron congelar sus atentados previstos en Europa y concentrarse en operaciones seguras pero espectaculares en Iberoamérica. Una de las redes de Hizbollah se estableció en Asunción del Paraguay, mientras uno de los miembros jerárquicos de la organización terrorista, Ahmad Al Makdai, comenzó a visitar e inspeccionar los objetivos a ser utilizados en los futuros atentados. Así fue que Al Makdai desde Ciudad del Este pasó por Foz do Iguaçu, Paraná (Brasil) y Puerto Iguazú.

Informado oportunamente desde Teherán y Damasco, el comandante de Hizbollah en Brasil, Hajj Harb, decidió ponerse en marcha y preparar una operación en Buenos Aires. Toda la preparación se llevó a cabo en el área fronteriza de Brasil, Argentina y Paraguay. Para principios de julio de 1994, la célula Harb completó sus preparativos e informó a Damasco y Teherán. El atentado contra la AMIA, lenta pero inexorablemente, estaba en marcha.

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