Sin certezas no hay viabilidad para la fruta

02 ene 2018 - 13:08

Un término alcanzará para definir, en líneas generales, qué es lo que le falta a la fruticultura regional. Necesita certezas, saber a qué se enfrentará durante el año, cuáles variables incidirán en el escenario para que manzanas y peras, que son la mayor producción de Río Negro y Neuquén, tengan una temporada mejor.

Si hay algo que durante los últimos tiempos faltó para esta parte de la economía, eso fueron reglas claras que fueran más allá de subsidios o créditos que nadie pudo ni podrá pagar. Una actividad mayormente quebrada ni siquiera está en condiciones de pagar un crédito blando.

En dos años de gestión de Mauricio Macri, la actividad frutícola todavía no ve signos claros respecto de lo que se viene para la fruticultura. A pesar de las expectativas que generó el propio Macri en la campaña, a lo sumo hubo algunas señales y sugerencias de asociatividad que funcionan en países con economías serias y previsibles. Sin embargo, nada se concretó.

También se habla desde Nación de la necesidad de reconvertir, tarea costosa y que necesita de un plan del Estado porque la gran mayoría de los chacareros no está en condiciones de hacerlo.

El latiguillo de los altos costos que tiene la actividad no está en manos del sector resolverlo, simplemente porque obedecen al contexto nacional. El costo laboral es alto si se compara con países que producen lo mismo y compiten, pero eso no significa que los obreros sean bien pagos. La distorsión es general.

Ni siquiera el diferimiento impositivo para las empresas de la actividad fue claro. De todos modos no implicará la salvación ni mucho menos. A lo sumo será patear el problema para adelante hasta que se defina qué hacer con las economías regionales.

No es más que coyuntura, como lo fueron todas las medidas aplicadas en los años del kirchnerismo y en lo que va de esta gestión.

Se terminaron los subsidios, pero no hay nada concreto de lo que piensa hacer la Nación con los chacareros y las empresas frutícolas. La concentración en pocas manos es una realidad, como también lo es la casi desaparición de cientos de chacareros que producen a 6 pesos el kilo y venden a dos, a tres o en el mejor de los casos a cuatro.

En el medio, un dólar que según los especialistas, está demasiado quieto para lo que necesita la exportación.

Es poco lo que se hizo en dos años para un escenario que pide a gritos reglas claras, certezas, medidas concretas. Nadie se anima a hablar de inviabilidad, pero lo sugieren. Importan fruta a menos precio y por acá los frigoríficos todavía no vendieron la cosecha pasada. No parece razonable para un escenario que es complejo y que viene lidiando desde hace años con políticas que no dieron resultado.

No parece razonable comprar manzanas y peras a otros países como Chile y Corea cuando parte de la cosecha pasada todavía está sin vender.

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