Renuncias, crisis y desilusión



#

opinión

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

La crisis de Racing, que provocó finalmente las renuncias del presidente Gastón Cogorno y del vice Rodolfo Molina, con Víctor Blanco, vice segundo, como posible nuevo titular, archivó parte de las esperanzas de recambio en la dirigencia del fútbol argentino. Blanco, empresario hotelero y con inversiones en el exterior, no dio aún el sí definitivo, por lo que Racing podría quedar en acefalía y verse obligado a llamar a elecciones en noventa días, un extremo que nadie desea, especialmente con el equipo en pobre campaña y con riesgo de agravar un promedio que podría volverlo a posiciones de amenaza de descenso. La pelea, que en rigor lleva más de un año, fue una combinación de gestión económica, política de fichajes y manejo con la barra brava, un capítulo que tuvo un punto culminante con la muerte del periodista Nicolás Pacheco en la sede de Villa del Parque y la irrupción en la sede de Avellaneda de algunos capos que robaron computadoras con datos importantes del club. Eran diferencias que dejaron de disimularse a partir de los malos resultados, con el equipo último en el torneo Inicial, con dos empates y seis derrotas, eliminado en primera rueda de la Copa Sudamericana y con el director técnico Luis Zubeldía despedido apenas después de que se le había renovado el contrato. “Cogorno me desilusionó y me traicionó. Maneja a Racing como un equipo chico, con amigos y violentos, esconde los números y no permite una auditoría”, desnudó las diferencias Molina, caricaturizado como el dictador Videla en afiches pegados en inmediaciones del club, bajo el cartel de “golpista”, banalizando acaso el momento más sangriento en la historia reciente de nuestro país. Cogorno finalmente se fue, pero arrastró también a Molina, en una comisión que había sufrido antes la renuncia de Juan Arias, el sacerdote a quien el propio Jorge Bergoglio, hoy papa, había autorizado a que siguiera yendo a la popular de Racing, “porque hay que estar en todos lados, y ahí no tenemos curas”, según le dijo una vez. Era una comisión que parecía formar parte de un recambio dirigencial más honesto, trasparente en fichajes, sin darle negocios a la barra y consciente de que el fútbol forma parte de la cultura popular del país. También Javier Cantero asomaba por entonces en Independiente, todavía más radical en su lucha contra los violentos, hoy con el club en el Nacional B, por errores de gestiones pasadas y también propios. Racing reza ahora para que Blanco normalice el club porque si hay que llamar a elecciones, advierte Arias, habrá “tres meses de desgobierno. Sería una locura”, dice el cura, que advierte el peligro del descenso. Racing ya lo sufrió hace treinta años. River fue la confirmación cercana de que nadie está a salvo. Y ahora está ahí, apenas a cien metros de distancia, el ejemplo de Independiente. La crisis del Rojo ya dejó de ser un consuelo tonto para el hincha de Racing.


Comentarios


Renuncias, crisis y desilusión