Riego en invernáculos

Se presentó nueva tecnología para la programación del riego en este tipo de cultivos. Técnicos del INTA Ascasubi y Valle Inferior del Río Negro disertaron en una jornada de “Actualización en producción de cultivos bajo cubierta”.





La producción bajo cubierta en la Norpatagonia ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años de la mano de la horticultura. Un aspecto importante a la hora de establecer un invernáculo es el sistema de riego a utilizar y su programación.

La selección del método de riego a utilizar depende de factores del cultivo, evapotranspiración, distanciamiento, altura y de factores del invernáculo, si se cultiva en el suelo o en mesas elevadas, el grado de sectorización y automatización requerido, el costo y la disponibilidad y calidad del agua de riego, entre otros. El riego localizado es más adecuado que el riego por surco para producciones de alto valor, como son las propias de los invernáculos (tómate, pimiento, verduras de hoja, etc.). Es por eso que el método de riego utilizado en invernaderos de la zona para producción de hortalizas es, en su gran mayoría, por goteo.

La programación del riego implica determinar la cantidad óptima de agua que necesita el cultivo según su estado fenológico (etapa de desarrollo de la planta como ser emergencia, floración, maduración del fruto) y de la interacción específica entre el suelo, la planta y la atmósfera, esta última modificada principalmente por la cubierta. Para ello se deben responder dos preguntas: ¿cuándo regar? (que determina la frecuencia de riego) y ¿cuánto regar? (que establece el tiempo de riego).

Entonces debe conocerse por un lado la evapotranspiración real del cultivo que es la cantidad de agua, expresada en mm/día, que es efectivamente evaporada desde la superficie del suelo y transpirada por la cubierta vegetal y por el otro, la capacidad de almacenaje de agua en el suelo o sustrato en la zona de raíces.

Programar el riego con datos climáticos se basa en la utilización expresiones matemáticas que, a partir de datos climáticos, permiten estimar el volumen de agua consumido por el cultivo. Se debe tener en cuenta que ésta técnica requiere de una calibración local de parámetros en su fórmula como son el coeficiente del cultivo (Kc) y el criterio de riego. Con esta información se puede realizar una prescripción general sobre los volúmenes de agua a aplicar para un determinado cultivo según su estado fenológico.

Luego, para determinar el momento oportuno de riego, la cantidad exacta de agua que necesita el cultivo y mejorar así la precisión, se puede realizar un manejo correctivo del riego por medio de sensores que indican el contenido hídrico del suelo en la zona radicular y permiten saber el momento preciso para regar.

Estos sensores permiten adaptar el manejo del riego a las características particulares de cada cultivo, son de relativamente fácil instalación, poco afectados por la salinidad y con un costo que varía entre $ 10.000 y
$ 15.000 por invernadero. La manera de operar el riego por medio de estos dispositivos se basa en mantener la humedad del suelo entre dos límites que son específicos para cada cultivo y tipo de suelo o sustrato. Se fija un límite inferior que indica se debe iniciar el riego y un límite superior en que se debe suspender el riego. El volumen de riego requerido se determina como la diferencia entre los dos límites.

En la actualidad, el desarrollo tecnológico permite conocer el estado hídrico del suelo de forma automática y la información puede ser enviada directamente a una computadora, al controlador para activar o cortar el riego y a un smartphone con alertas sobre algún inconveniente.

Para programar el riego se deben responder dos preguntas: ¿cuándo regar? (con qué frecuencia) y ¿cuánto regar? (durante cuánto tiempo).

Datos

Para programar el riego se deben responder dos preguntas: ¿cuándo regar? (con qué frecuencia) y ¿cuánto regar? (durante cuánto tiempo).

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