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El presidente colombiano Alvaro Uribe, que cuenta con un 70% de apoyo popular, ha conquistado en su primer año de mandato la estima de Washington, que contribuye a financiar la lucha antidrogas y contrainsurgente en el país andino y lo considera un firme aliado en la región. «El presidente Uribe ha estado haciendo un trabajo magnífico. Hemos estado haciendo todo lo que podemos para ayudarlos en este esfuerzo para combatir el narcotráfico (…) que, como sabemos, también está relacionado con el terrorismo», indicó el miércoles a la prensa Philip Reeker, portavoz del departamento de Estado. Uribe «ha dado una gran esperanza al pueblo de su país», dijo a la AFP un funcionario del departamento de Estado, que pidió el anonimato. En Colombia existe ahora «una mayor noción de lo que debe hacerse y una mayor noción de que los colombianos pueden hacerlo», añadió. El gobierno de George W. Bush anunció el jueves -cuando se cumplió el aniversario del primer año de mandato de Uribe- la reanudación de los vuelos antidroga en Colombia, suspendidos desde hace más de dos años, dijeron esta semana a la AFP funcionarios estadounidenses. El programa de interdicción aérea fue suspendido en abril del 2001 luego de que un avión civil fuera derribado por error en Perú, provocando la muerte de una misionera estadounidense y su bebé de siete meses. Además de su popularidad en Colombia, Uribe «es también tenido en alta estima y considerado un verdadero amigo en Washington», indicó Michael Shifter, vicepresidente del centro de análisis Diálogo Interamericano, en una columna de opinión publicada el miércoles en el diario «The Washington Post». Shifter recordó que Uribe fue el único presidente de un país latinoamericano de gran tamaño que apoyó a Estados Unidos en la guerra en Irak, desafiando la opinión pública colombiana y regional. Según el analista, la popularidad de Uribe radica en que es «incansable y austero» y «ha mantenido las pocas promesas que hizo». «Aunque popular, es el anti-populista por antonomasia», estimó. Mientras los venezolanos, peruanos, ecuatorianos y bolivianos especulan sobre si sus líderes, debilitados políticamente, podrán mantenerse en el poder, en Colombia se preguntan si el Congreso considerará una enmienda constitucional para permitir la reelección de Uribe, señaló Shifter. Consultado sobre esta posibilidad, Reeker sostuvo que «es un asunto que corresponde decidir a los colombianos». «Nosotros no estamos dictando la Constitución colombiana», agregó. Uribe se ha comprometido a hacer su país más seguro, a aumentar la presencia y el control del Estado en todo el territorio y a luchar contra los grupos armados ilegales que se financian con el narcotráfico. En estas metas «Washington está ayudando de manera importante», sostuvo Shifter. Colombia es el tercer destinatario de ayuda militar estadounidense después de Israel y Egipto, y en los últimos tres años ha recibido más de 2.000 millones de dólares en el marco del Plan Colombia contra la droga y la insurgencia. «Pero sin importar cuán impresionante es el desempeño de Uribe, Washington necesita reconocer que asistir a Colombia en su amplia agenda de reformas es una propuesta a largo plazo», advirtió el experto. «Nadie debe sorprenderse por retrasos en Colombia en los años venideros. Persistirán serios problemas de seguridad, incluso bajo los escenarios más optimistas», vaticinó. Sin embargo, para Shifter el liderazgo de Uribe «marca una gran diferencia». «Uribe tiene una visión de una Colombia segura y próspera, un refugio para la paz y la inversión (…). Sólo Uribe ha superado su sueño, al demostrar un raro talento -uno que pocos políticos poseen en Colombia y en el resto de Latinoamérica: saber cómo planear» y cumplir con su objetivo, indicó por su lado Steve Johnson, experto en la región de la Heritage Foundation. (AFP)


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