RIO SUELTO: Plata de otros



El derrumbe de Blanquiceleste y sus consecuencias, que ahora son públicas, pero que fueron denunciadas casi desde el inicio de esa gestión privada, a fines de 2000, volvió a poner en cuestión la privatización del fútbol en Argentina.

Es cierto que la gerenciadora que se hizo cargo de Racing es indefendible, pero no menos cierto es que antes de ella hubo desmanejos igualmente graves. Sucesivos presidentes elegidos por los socios de esa asociación civil que es Racing mal manejaron el club hasta quebrarlo.

Pero un mamarracho no tiene que justificar el otro. Tampoco una vuelta olímpica. Hace ocho años, la crisis racinguista le abrió la puerta al gerenciamiento de par en par y a (casi) nadie le pareció mal. Menos aún cuando a menos de un año de su desembarco Racing fue campeón después de 35 años. Claro, por entonces el gran drama "académico" pasaba por no ganar títulos. Sólo después de lograrlo, apareció algo mucho peor.

Fue necesario que a Racing le empiece a ir muy mal dentro de la cancha para que comenzara a cuestionarse todo lo malo que Blanquiceleste hacía fuera de la cancha. ¿Es casualidad que la empresa se fuera el año en que Racing le vio bien de cerca la cara al descenso?

Ahora, que el fútbol en manos privadas resultó desastroso, Racing clama el retorno del mando a la asociación civil. Pero la disputa entre grupos que se arrogan el poder de ese mando está siendo brutal. Claro que detrás de cada grupo hay más grupos... empresarios.

Los gerenciamientos siempre fueron una figura cuanto menos antipática para el fútbol argentino. Pero ¿qué hay de los financistas que aportan dinero ¿informalmente? a los clubes a través de refuerzos? ¿Qué otra cosa es Marcelo Tinelli en San Lorenzo? Ah, grupo inversor, claro. Además es hincha, sí también. ¿Y los negocios con D'Alessandro? ¿Los hará como hincha o como inversor?

 

JUAN MOCCIARO

jmocciaro@rionegro.com.ar


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