Roban $ 200.000 en Rapipago de Cinco Saltos

Usaron una amoladora industrial para abrir la caja de seguridad.

CINCO SALTOS (ACE).- Dos boqueteros con una amoladora industrial se llevaron unos 200.000 pesos de un quiosco que tenía servicio de pago de facturas, con la modalidad Rapipago, luego de reducir al único empleado del comercio que atendía el lugar el jueves al anochecer. Fue en el horario de cierre comercial en Cinco Saltos, a las 20:15. A esa hora estaban cerrado el servicio de pago de facturas pero continuaba abierto el quiosco “Sheck”, separado del salón contiguo sólo por una puerta y una división de durlock. Según informó el subcomisario Julio Gutiérrez, el robo calificado por el uso de armas de fuego se registró en 25 de Mayo y San Martín, a una cuadra de la municipalidad,. El empleado vio que entró violentamente un hombre alto y con anteojos oscuros y que a punta de pistola le ordenó tirarse al piso “o era boleta”. Una vez boca abajo, ingresó una segunda persona, lo llevaron al baño y lo ataron allí con precintos. Ambos delincuentes –o un grupo más numeroso– ingresaron al lugar con una amoladora, se dirigieron a una caja fuerte de 50 por 50 cm y con un preciso corte en forma de triángulo en la parte superior hicieron el agujero que les permitió sacar el botín. “Aún no tenemos la suma precisa, pero estimativamente se informó de unos 200.000 pesos, que era la recaudación del día”, dijo el jefe policial. Ayer, los clientes se vieron sorprendidos por un cartelito en el quiosco que decía “No hay Rapipago hasta próximo aviso”. Las pericias indicaron que se usó equipamiento industrial, que debió ser llevado por más de una persona debido a que su peso estimado es de unos 20 kilos y es imposible de disimular en una mochila. Hasta ayer no había detenidos por el robo. Sin embargo, la investigación tenía varias hipótesis con las que se desarrollaban las pesquisas. Los investigadores presumen que los delincuentes conocían la existencia de la caja fuerte y el tipo de caja de seguridad a la que se enfrentaban para trasladar la amoladora industrial hasta el lugar del robo. Cuando ingresó la policía al lugar aún había un olor a quemado y polvillo, que obligó a los efectivos a ventilar el lugar para trabajar sin riesgos. Por esa misma razón les llamó la atención que tanto una florería contigua –que estaba abierta– como un local de telefonía celular en la vereda del frente no hubieran detectado tamaño movimiento en el quiosco vecino.


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