Rosas y Sidera bailan tango desde el sentimiento

A pesar de las barreras, Juan Rosas y Laura Sidera llevaron el tango a Suecia, Noruega, Alemania y España, donde vencieron los prejuicios del "baile de academia" y lograron que personas de cultura muy diferente de la nuestra disfrutaran con la danza. Consiguieron desestructurar a los europeos con historias arrabaleras y creen que los argentinos son los únicos que no conocen el significado de esta danza, que hoy se abre paso entre los jóvenes.

Redacción

Por Redacción

NEUQUEN- «Carancanfufa se hizo al mar con su bandera y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina», dice la letra de un viejo tango. Pero el dos por cuatro no sólo es la memoria viva de los arrabales porteños sino el espejo de la vida de muchos argentinos que como Juan Rosas y Laura Sidera viajaron a Europa para dejar allí las raíces del baile.

Esta pareja de bailarines comenzó en marzo una gira por Suecia, Noruega, Alemania y España para desplegar sobre los escenarios el sensual baile argentino y enseñarles a los europeos los secretos de una danza diferente.

En los últimos años, el tango logró ganar un lugar de privilegio en el continente europeo y Juan Rosas descubrió en su visita el secreto de este fenómeno.

El tango es una danza que revaloriza el contacto físico, el comunicarse a través del cuerpo dejando de lado las palabras. «Sobre todo las culturas nórdicas de Europa son muy frías, no están acostumbrados a tocarse cuando bailan, pero de a poco fueron descubriendo que el tango era eso».

«Fueron descubriendo que a través de la danza podían transmitir y sentir cosas y cuando uno descubre la esencia del tango no lo deja más», explicó el bailarín.

La primera barrera que tuvo que derribar la pareja para que el tango pueda instalarse en los salones europeos fue el mito de que era una «danza de academia» y por lo tanto su enseñanza estaba basada sólo en la técnica.

«Son muy estructurados, saben mucho de técnica y pretendían tener una explicación para cada paso. Entonces en nuestras clases les contábamos historias sobre los arrabales para que entendieran que bailar el tango no pasa tanto por la técnica sino por las sensaciones y el contacto», reveló Rosas.

Desestructurarse

El dos por cuatro no conoce fronteras, nació en los suburbios porteños y llegó hasta los salones más refinados de París, pero en su país natal a pesar de su siglo de existencia aún le cuesta ser valorado como danza.

«Los europeos entienden la esencia del tango porque lograron desestructurarse y sentirla, los únicos que no saben qué significa esta danza son los argentinos», dijo el bailarín.

En la Argentina el tango fue durante mucho tiempo propiedad exclusiva de aquellos que compartieron sus años de juventud junto a los grandes cantantes como Gardel, Discépolo y Manzi. Pero en la actualidad muchos jóvenes dejaron del lado el rock para acercarse al ritmo del dos por cuatro.

A pesar de que muchos dicen que es sólo una moda y que pronto pasará, Juan Rosas está convencido de que el tango logrará cautivar a los adolescentes sin importar la puerta por la entre a sus vidas.

«Eso es bueno porque si bien el primer contacto con el tango es por una moda, sirve para que los chicos lo conozcan desde su propia experiencia. Y es ahí cuando comienzan a escucharlo o bailarlo no por moda sino por sentimiento», dijo el tanguero.

Juan Rosas comenzó a los siete años a bailar folclore y lo hizo hasta los 24 cuando sintió la necesidad de buscar otra cosa porque en las danzas nativas ya no había nada que él pudiera descubrir. El afán milonguero que le transmitieron los grandes compositores de este género lo cautivaron y tomó clases con el Ballet Nacional «Brandsen».

En 1995 comenzó su actividad como bailarín profesional y en 1996 funda y dirige la academia de tango «Danzarín». Después de varias presentaciones en el país y Chile, la posibilidad de una gira por Europa se concretó y lo llevó a los principales centros culturales para demostrar en cada paso tanguero parte de la historia argentina y la sensualidad de una danza que ya es universal.


NEUQUEN- "Carancanfufa se hizo al mar con su bandera y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina", dice la letra de un viejo tango. Pero el dos por cuatro no sólo es la memoria viva de los arrabales porteños sino el espejo de la vida de muchos argentinos que como Juan Rosas y Laura Sidera viajaron a Europa para dejar allí las raíces del baile.

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