“Sabía lo que no quería más”
Al Sr. presidente Mauricio Macri Ante todo, lo felicito por haber ganado las elecciones. No sólo lo felicito por haber sido finalmente elegido presidente de todos los argentinos luego de un ajustado balotaje, sino que lo haya logrado ostentando tamaño coraje para enfrentarse al enorme aparato militante, montado y organizado casi como un Estado paralelo, mafioso y solapado. Por ello lo felicito de todo corazón. Le confieso que usted es el primer candidato a presidente al que voto y gana. Siempre voté al que salió segundo porque, la verdad, nunca me sentí representada por ninguna careta proselitista. También le comento casi al oído que lo voté no por convicción, sino porque sabía muy bien lo que no quería más. Ahora bien. Miremos al futuro, como usted dijo durante su campaña. Dejemos atrás la soberbia, la manipulación, las amenazas veladas, la ridícula guerra contra “los otros”, la mentira sistemática y descarada, los funcionarios procesados, el silencio cómplice y asesino de la Justicia, la grieta dolorosa y divisoria entre nosotros, los ciudadanos. Soltemos esa pesada mochila y clavemos una esperanzada mirada hacia el horizonte que usted nos supo dibujar. Vayamos determinados detrás de esa alegría que nos prometió. Yo lo haré, Sr. presidente. Le prometo que invertiré el mismo coraje con que usted se enfrentó a la temeraria Hydra. Le juro que lo haré desde mi humilde lugar, desde mi trabajo diario, desde mis impuestos, desde la paciencia, para que usted se acomode en su flamante sillón presidencial. Le depositaré toda la fe necesaria cual combustible, para que no le falte impulso en pos de llegar adonde nos prometió en campaña. Eso sí… Si luego de acomodarse en su flamante sillón y de transcurrido un tiempo prudencial (porque no creo en los milagros y menos si son instantáneos) usted demuestra de alguna manera que en realidad la alegría prometida era sólo espuma; que el futuro que se enorgulleció en dibujarnos es sólo eso, un dibujo; que al fin y al cabo hay muchos más ricos pero también muchos más pobres; que la grieta pasa de ser ideológica a ser diferencia de clases; que los costos de sus errores y tozudez los seguimos pagando nosotros, el pueblo, y que la Justicia no sólo es ciega sino que se vuelve sorda, muda, indiferente a ella misma y atenta sólo a sus órdenes… yo le juro, le prometo, así como usted lo hará en breve sobre la santa Biblia, que mi voz, unida a la de muchos más, sonando a un 50% más de volumen de voluntades y exponencialmente ensordecedora, lo aturdirá hasta que no lo soporte más y se vaya. Solito. Así como nuestra esperanza lo sentó en ese sillón, nuestro hartazgo lo sacará. Porque desde la inocente democracia de Raúl Alfonsín; el empacho de pizza, champagne, cholulismo y atentados de Menem; la estupidez burlona y cobarde de un helicóptero en fuga de De la Rúa y la guerrilla apoyada en enormes cajas fuertes y vestida de Vuiton de los Kirchner, le aseguro que nuestra paciencia se ha debilitado mortalmente. Le repito. No lo voté por convicción sino por espanto. Y ese voto, como el de muchos, como el de la mayoría que apostó por usted, es el más peligroso, Sr. presidente, porque es el que lo puede dejar afuera de la arena política. Nosotros ya elegimos. Ahora le toca a usted elegir de qué lado pasará a la historia. Eugenia Gaviglio DNI 14.420.882