Scott Henderson trae sus blues a Neuquén

El exitoso guitarrista estará hoy en el cine teatro Español de Neuquén.





Henderson estuvo en Argentina ocho o nueve veces y su última visita fue durante el invierno pasado. En los conciertos por nuestro país -dos en Oliverio Allways, Neuquén y Teatro de la Cova, en Martínez- presentará un poquito de todo, según sus palabras; una mezcla de blues, jazz, música tecno, temas nuevos que no ha grabado aún y también repertorio -arreglado para trío- de Tribal Tech, la banda que fundó e integra desde 1984.

Ya no recuerda cuándo decidió tomar la guitarra como vehículo de expresión, porque era muy chico. Durante la actual gira ya tocó en California, Nueva York, Miami, voló a Chile donde estuvo el martes 1, ayer y anteayer en Oliverio; después siguen Costa Rica, Los Angeles y de allí pasa a Europa y Japón con Tribal Tech. Cada año, de junio a diciembre, abarca circuitos de similar extensión e intensidad.

«Tocar es lo único que busco», asegura Scott. Soy nada más que un músico y voy a seguir haciendo lo que hago hasta que me respondan los dedos: escribir y tocar en cuanto lugar pueda.

-¿En qué se diferencia nuestro público de otros? ¿Reaccionan distinto?

-Hay dos países donde la gente siente igual, profundamente más: Sudamérica (sic) e Italia. Pienso que tienen público más entusiasta. En los grandes mercados hay muchas bandas, muchas giras, ven de todo, todo el tiempo y dicen ok (aplaude dos veces, con desgano) y nada más. Especialmente en EE.UU., don-de preocupa mucho seguir la moda; miran MTV y esas cadenas de música pop. Es extraño, porque por Network TV se puede ver libremente cómo un tipo se pega un tiro en la cabeza, pero nunca una teta…

Nosotros allá tenemos pequeños grupos de seguidores; son pocos, pero fieles. Interés periodístico como acá, no existe. Entrevistas así, jamás. La gran prensa se ocupa de los súper conciertos de grandes ban-das o solistas; a nosotros nos ignora. No digo que ciertos artistas no merezcan los espacios que les dan, me pregunto ¿por qué tanto para unos y nada para otros? Por eso los grupos chicos somos felices en estas giras, aunque tenemos públicos también pequeños, se manifiestan muy ale- gres por vernos, gritan, silban mientras aplauden.

Pide algo liviano para comer, una hamburguesa, un sandwich… Hay momentos en que los ojos de Scott se pierden en la distancia, miran vaya a saber dónde, como si por un instante no supiera qué suelo está pisando.

-¿Cómo definirías el estado de cambiar constantemente de ciudad, lejos de tu familia, de tu mujer, yendo de hotel en hotel, hablando con gente desconocida que te trata con familiaridad, haciendo notas para medios que nunca vas a leer…?

-Es una pregunta difícil. Estoy tan habituado a andar así, que ni siquiera me afecta. Me siento como cualquier otra persona que viaja para ganarse la vida. Ya me acostumbré. En cuanto a estar lejos de mi familia, de mi esposa (ríe), esto último puede ser bue-no. Ando haciendo giras hace tanto tiempo que simplemente se me ha vuelto normal. Me sentiría muy mal, extraño, si no dejara nunca Los Angeles.

-¿Preferís el sonido crudo del vivo más que el limpio del estudio de grabación?

-No busco claro y puro, sino más canchero; si lo siento así, no importa que salga limpio. Tiene que agradarme. Algunas veces los errores lo hacen entretenido, bello. No me interesa ser perfecto o no, me gusta pasarlo bien y lograr buen sentimiento con la música.

Una parte importante al tocar es el carácter. Si una frase tiene una energía impresionante y sale como la mierda, la dejo. Tu sabes. Toco una línea perfecta, pero fría y la tiro. Para los guitarristas, estar en el estudio haciendo todo perfecto -y lo sé porque muchos colegas dicen lo mismo- muchas veces es un accidente, suerte. En mis discos quiero tocar, que salga lindo, con pocos errores y con sonidos raros que nunca antes me han salido. Eso quiero. De cada vez que toco, sólo en pequeños porcentajes, sucede. No soy un purista del jazz, en mi banda lo esencial es mantener la base, el fondo muy fuerte, no me importa tocar con bateros técnicos; los hay muy buenos, pero no puedo unirme a ellos. Siempre recomiendan no hagas en los discos, nada que no puedas tocar en vivo, pero yo no pienso así. Me interesa el riesgo, me divierte mucho.

– ¿Y la respuesta de la gente?

-Me estimula, y completa mi gusto por tocar más en vivo. Dos veces al año entro a un estudio, pero siempre toco en vivo.

Con Tribal Tech hemos cambiado el criterio, no escribimos más música para grabar, nunca más. Solamente queremos tocar. Durante quince años hicimos discos tocando cada uno en su casa, luego íbamos al estudio y juntábamos las partes.

Era más composición de varios autores, que improvisación que una banda puede hacer. Así que ahora nos juntamos y nos sentimos muy bien uno con el otro; tocamos y luego llevamos el resultado a casa. Agregamos, quitamos cosas y terminan saliendo composiciones, pero de una zapada.

Eduardo Rouillet


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