“Se han quedado con la herramienta del clientelismo, la dádiva del Estado”

En mi niñez oí a mis mayores hablar sobre la tecnología; con escasos conocimientos se referían a las maquinarias agrícolas y a otras que iban apareciendo en el campo laboral. “Estas máquinas nos van a sacar el trabajo”, decían, porque cada máquina producía 10 ó 100 veces más que ellos por día. En un país con funcionarios con visión de futuro para todos en general esto no ocurriría, pero en el nuestro, en esta Argentina agrícolo-ganadera por excelencia, sí, para desgracia de este pueblo sufrido y maltratado por las políticas de Estado. Han transcurrido 50 años desde los dichos de aquellos sufridos pero felices campesinos argentinos e inmigrantes que apostaron a este maravilloso país sudamericano porque en el suyo no encontraban las inmensas posibilidades de crecimiento y mejoramiento de su calidad de vida familiar. En el mundo moderno es una herramienta primordial para el desarrollo del país y los ciudadanos, en éste es una utopía que los propios políticos se encargan de potenciar para que genere lo contrario. Porque las políticas de desarrollo se realizan sobre la ampliación del desempleo, ya que no les conviene implementar políticas para fomentar el crecimiento de mano de obra. Se ha trabajado en sentido total y diametralmente opuesto: el cierre de fábricas, comercios y todo elemento que genere ocupación de mano de obra ociosa. La gran diversidad de materia prima que posee este gran territorio, con los cuatro climas en el año, no cuenta con el avance tecnológico adecuado para aplicar y generar productos de primera línea a partir de esa materia prima, que en muchos de los casos duerme en el olvido de los funcionarios contemporáneos ante un universo de consumo que espera ávido de deseos de compra. He superado el medio siglo de vida y la sociedad ha cambiado en todos los órdenes, pero no veo un cambio ideológico de los funcionarios que nos gobiernan, en el camino que han tomado muchos de los políticos vecinos y de otros países del mundo, en la utilización de la tecnología al servicio del hombre, del trabajador, de los más débiles, de los desprotegidos; en fomentar y alentar el desarrollo de nuevos mercados laborales. Se han quedado con la herramienta del clientelismo, la dádiva del Estado, el falso Estado protector, la entrega de bolsones de alimentos a cambio de votos para perpetuarse en el poder por décadas. Seguimos viviendo en un Estado feudal, anacrónico. Fuera de las oficinas del Estado hay un mundo esperando soluciones a este flagelo imperante y en permanente crecimiento, ¡el desempleo! Con ello viene la pérdida de la dignidad y la propia identidad del ciudadano argentino. Tengo que darles la razón a mis mayores en eso de “Estas máquinas nos van a quitar el trabajo”… qué tristeza da reconocer cuánta razón tenían ¡sin tenerla! Digo esto porque nuestros vecinos, países que han tenido múltiples inconvenientes y desastres climáticos de envergadura, con cientos y cientos de muertos y miles de viviendas destruidas, están saliendo adelante con políticas integrales, preservando el ser nacional, al habitante. Tengo que darles la razón a aquellos mayores que con poca instrucción pero con una vasta experiencia y conocimiento de nuestros políticos decían “Estas máquinas nos van a sacar el trabajo”. Miguel Ángel Henríquez, DNI 10.868.858 – Neuquén

Miguel Ángel Henríquez, DNI 10.868.858 – Neuquén


En mi niñez oí a mis mayores hablar sobre la tecnología; con escasos conocimientos se referían a las maquinarias agrícolas y a otras que iban apareciendo en el campo laboral. “Estas máquinas nos van a sacar el trabajo”, decían, porque cada máquina producía 10 ó 100 veces más que ellos por día. En un país con funcionarios con visión de futuro para todos en general esto no ocurriría, pero en el nuestro, en esta Argentina agrícolo-ganadera por excelencia, sí, para desgracia de este pueblo sufrido y maltratado por las políticas de Estado. Han transcurrido 50 años desde los dichos de aquellos sufridos pero felices campesinos argentinos e inmigrantes que apostaron a este maravilloso país sudamericano porque en el suyo no encontraban las inmensas posibilidades de crecimiento y mejoramiento de su calidad de vida familiar. En el mundo moderno es una herramienta primordial para el desarrollo del país y los ciudadanos, en éste es una utopía que los propios políticos se encargan de potenciar para que genere lo contrario. Porque las políticas de desarrollo se realizan sobre la ampliación del desempleo, ya que no les conviene implementar políticas para fomentar el crecimiento de mano de obra. Se ha trabajado en sentido total y diametralmente opuesto: el cierre de fábricas, comercios y todo elemento que genere ocupación de mano de obra ociosa. La gran diversidad de materia prima que posee este gran territorio, con los cuatro climas en el año, no cuenta con el avance tecnológico adecuado para aplicar y generar productos de primera línea a partir de esa materia prima, que en muchos de los casos duerme en el olvido de los funcionarios contemporáneos ante un universo de consumo que espera ávido de deseos de compra. He superado el medio siglo de vida y la sociedad ha cambiado en todos los órdenes, pero no veo un cambio ideológico de los funcionarios que nos gobiernan, en el camino que han tomado muchos de los políticos vecinos y de otros países del mundo, en la utilización de la tecnología al servicio del hombre, del trabajador, de los más débiles, de los desprotegidos; en fomentar y alentar el desarrollo de nuevos mercados laborales. Se han quedado con la herramienta del clientelismo, la dádiva del Estado, el falso Estado protector, la entrega de bolsones de alimentos a cambio de votos para perpetuarse en el poder por décadas. Seguimos viviendo en un Estado feudal, anacrónico. Fuera de las oficinas del Estado hay un mundo esperando soluciones a este flagelo imperante y en permanente crecimiento, ¡el desempleo! Con ello viene la pérdida de la dignidad y la propia identidad del ciudadano argentino. Tengo que darles la razón a mis mayores en eso de “Estas máquinas nos van a quitar el trabajo”... qué tristeza da reconocer cuánta razón tenían ¡sin tenerla! Digo esto porque nuestros vecinos, países que han tenido múltiples inconvenientes y desastres climáticos de envergadura, con cientos y cientos de muertos y miles de viviendas destruidas, están saliendo adelante con políticas integrales, preservando el ser nacional, al habitante. Tengo que darles la razón a aquellos mayores que con poca instrucción pero con una vasta experiencia y conocimiento de nuestros políticos decían “Estas máquinas nos van a sacar el trabajo”. Miguel Ángel Henríquez, DNI 10.868.858 - Neuquén

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